Que Significa Oler A Flores

¿Qué significa cuando te llega un olor a rosas?

Reflexión sociológica Sociología del olor Sociology of smell Anthony Synnott* * Doctor en Sociología, London University. Es catedrático y jefe del Department of Sociology and Anthropology, Concordia University. Temas de especialización: Sociología del cuerpo; Sociología de los sentidos; estudios sobre la masculinidad. Dirección: 1455 de Maisonneuve Blvd.W. Montreal, Quebec. H3G 1M8. Teléfono: 514-848-2153. Fax: 514-848-4539. Correo electrónico: [email protected] >. Recibido: 8 de febrero de 2002. Aceptado: 25 de septiembre de 2002. Resumen Los sociólogos han investigado en muy pocas ocasiones los sentidos. El olfato ha sido y, probablemente todavía es, el menos valorado. Nos concentraremos en algunos de los papeles que desempeña el olor en la interacción social, en la importancia del olor en la construcción moral del yo y del otro, en términos de relaciones de clase, de etnicidad y de género. Estas ecuaciones simbólicas más que químicas se utilizan en relaciones intergrupales para legitimar diferenciales de poder y también para que esas diferencias sean desafiadas de manera muy intima y personal. Palabras clave: Sociología del olor; relaciones de clase, de etnicidad y de género. Diferencias simbólicas de poder. Abstract Sociologists have rarely researched the senses; and of all the senses, smell has been and probably still is, the least valued. In this paper we consider some of the roles of smell in social interaction, particularly the significance in the moral construction of the self and the other, in terms of class, ethnic and gender relations. Such equations are utilized in intergroup relations to legitimate power differentials, and also to challenge them, in a most intimate way. Key words: Sociology of smell, class, ethnic and gender relations, power differentials. CADA UNO DE NOSOTROS en todo momento, emitimos y percibimos olores, olemos y nos huelen, y tales olores tienen papeles muy importantes en virtualmente todas las áreas de la interacción social: al comer y beber, en la salud, el hogar, la terapia, al reducir el estrés, en la religión, la industria, el transporte, en las relaciones de clase y étnicas, y en el cuidado personal. Los olores están por doquier ejercen una amplia variedad de funciones. Los olores también son un buen negocio. En 1990, la industria de las fragancias en los Estados Unidos se estimó en 2.25 mil millones de dólares (Strong y Poor, 1990: H39). Para 1999, se había duplicado, y alcanzó los 4.8 mil millones; una tercera parte correspondía a la cantidad gastada en fragancias para hombres (Fragrance Foundation, 2002: 4). Pero la industria de las fragancias representa sólo veinte por ciento del total de la industria de la olfacción, que incluye a los detergentes, aromatizantes de ambiente, ceras y aceites, la industria de la comida, entre otros (Ackerman, 1990: 39). Por tanto, en total, la industria tiene un valor de cerca de veinticuatro mil millones de dólares. Dicen que el dinero habla; de ser así, nos dice que los olores son muy importantes. ¿Qué importancia tienen estos olores? ¿Cómo se construyen sus significados? ¿Existen algunos significados universales, o todos son relativos? ¿De qué manera afectan los olores a la interacción social? ¿Cómo arrojan luz, por así decirlo, sobre nuestra cultura? Antes que nada, debemos distinguir entre diferentes tipos de olores: naturales (los corporales), manufacturados o fabricados (perfumes, contaminación) y simbólicos (metáforas olfatorias). Estos tres tipos no están aislados unos de otros; de hecho, en cualquier situación social, bien pueden estar presentes los tres, entremezclados. Sin embargo, en lo conceptual sí están separados, y es el olor simbólico el que nos interesa. La olfacción (acción de oler) es un área especialmente crítica de investigación; no sólo por su ubicuidad ni por su economía sino también por muchas otras razones, que en gran parte explican su fuerte importancia social y económica.1) La olfacción con frecuencia es “pasada por alto”, frase ésta que describe la hegemonía de la vista y que es parte del problema del olfato, que 2) con frecuencia es subliminal, o, como lo describe Tom Robbins (1984), “mágico”; 3) es algo muy personal, hacer una “inhalación” olfatoria del otro; 4) es una inmediatez fisiológica; 5) es evocadora de recuerdos 6) y de emociones, 7) es un recurso para modificar el comportamiento, pero, y éste es el punto que quiero resaltar, 8) la olfacción constituye asimismo una construcción moral de la realidad. Los sociólogos rara vez estudian los sentidos —Simmel (1908/ 1921) fue y es la excepción—, y el olfato en especial ha sido descuidado. De hecho, el único, por cierto excelente, artículo general es el de Largey y Watson, “La sociología de los olores” (1972). La antropología está más avanzada en el estudio de los sentidos, como podemos constatar por el trabajo de David Howes, The Varieties of Sensory Experience, pero incluso en este campo, el olfato es el sentido que menos atención recibe.1 No obstante, el tema tiene gran relevancia social. El olor representa muchas cosas: algo que marca límites, un símbolo de estatus, algo que mantiene distancias, una técnica para dejar una buena impresión, una broma o protesta de un escolar, y una señal de peligro. Los olores avivan recuerdos y despiertan el apetito, tanto el culinario como el sexual. Asimismo, pueden emplearse como herramientas de mercadotecnia, para mejorar el ánimo y ayudar a sanar o a provocar náusea. Pero ante todo, los olores son manifestaciones de lo que uno es, no sólo de manera literal, como signo de identidad, sino de manera metafórica. Los olores definen al individuo y al grupo, al igual que los define la vista, el oído y los otros sentidos; el olfato, como los demás, media en las interacciones sociales. En este trabajo primero consideraré el bajo estatus del olfato en la jerarquía de los sentidos, lo que en parte puede explicar la ausencia relativa de investigaciones sociológicas sobre el tema. Sin embargo, sugiero que esta falta de estatus no es “merecido” y que, como sociólogos, debemos atender a nuestros sentidos ejerciendo mayor percepción. Posteriormente, discuto el papel del olor en la construcción moral del individuo y de varios grupos, a saber, clase, raza y género. Concluyo con una discusión sobre las implicaciones prácticas y teóricas que tiene la olfacción. EL ÁNGEL CAÍDO Y EL PODEROSO HECHICERO El olfato es el sentido menos apreciado y menos estudiado. Pregunté a mis alumnos que si tuvieran que prescindir de uno de sus cinco sentidos, cuál preferirían perder. La mayoría (57 por ciento de una muestra de 182) contestó que el olfato, seguido por el gusto. ¿Por qué? Por muchas razones. Algunos respondieron que el olfato tenía poca importancia y poca utilidad, de no ser para avisarles que se quemaba su pan tostado. Otros dijeron que su sentido del olfato estaba ya dañado, por alergias, catarros, problemas de sinusitis, entre otros, así que no perderían mucho. Algunos más contestaron que como mucho de lo que olían tenía mal olor, bien podrían prescindir del olfato. Otros más comentaron que al carecer de olfato, también carecerían de gusto; entonces no comerían tanto y podrían mantener su peso y figura. (Siguiendo la lógica, estos últimos deberían de haber menospreciado el gusto más que el olfato, si bien el olfato determina gran parte del gusto.) Por tanto, son muchas las razones por las que el olfato parece ser el sentido menos valorado. Otro indicador del escaso estatus del olfato es la ausencia de un vocabulario especializado referido a este sentido. Decimos que algo huele bien o mal o a nada, pero esto sólo describe una reacción personal a los olores. Con frecuencia los olores se describen haciendo referencia a otros sentidos: agrio o dulce (gusto), áspero o suave (tacto), o incluso refiriéndose a ellos mismos: el café huele a café, y los geranios huelen a. Al carecer de un vocabulario propio, es difícil discutir este tema. De igual manera, existen libros, cursos y programas de televisión sobre apreciación musical (oído), apreciación de las artes visuales (vista), apreciación de las artes culinarias y viticultura (gusto), así como masajes y terapia del tacto (tacto), pero no existen sus equivalentes en educación y apreciación de los olores. Es más, ni siquiera hay un sistema científico de clasificación relacionado con el sentido del olfato, como lo hay para otros sentidos. Los cuatro gustos básicos, dulce, ácido, salado y amargo, son apreciados en diferentes sitios receptores de la lengua. La vista es determinada por la luz, que exhibe las propiedades de partícula de los fotones y las variaciones de longitud de onda a lo largo del espectro electromagnético. El sonido lo determinan las vibraciones, que viajan aproximadamente a 760 millas por hora, y el tacto es determinado por la temperatura, presión, umbrales de dolor, respuestas galvánicas de la piel y otras variables. Pero no existe acuerdo en lo que a olfato se refiere. Linneo propuso siete tipos de olor —aromático, fragante, ambrosiaco, aliáceo, caprino, impuro, y nauseabundo— pero las distinciones no son claras. ¿Una rosa es aromática o fragante? Y lo que a una persona o a los miembros de una cultura les parece impuro o maloliente, a otra puede parecerle fragante. Los científicos modernos piensan que hay entre cuatro y nueve clases o tipos de olores, excluyendo subcategorías, y no existe un consenso entre ellos (Smith, 1989: 106-7; Bedichek, 1960: 15-26). El olfato, al igual que el gusto, recibe poca atención en textos de fisiología y psicología contemporáneos. Son descritos como sentidos químicos y no propioceptores, y como sentidos más bajos (anteriormente, animales) en comparación con los sentidos más altos o intelectuales. Esta tradición de descrédito del olfato data de la Antigüedad. Aristóteles formuló una clara jerarquía de los sentidos. En lo alto se encontraban los sentidos humanos de la vista y el oído, cuyas principales aportaciones a la humanidad eran la belleza y la música, ambas conducentes a Dios; abajo se encontraban los sentidos animales del gusto y el tacto, que podían llevar a abusos —gula y lujuria, respectivamente— y que no conducían a Dios. Entre éstos estaba el olfato; según Aristóteles, no llevaba al abuso pero tampoco era un camino hacia Dios. Lo clasificó como sentido humano, si bien el más bajo.2 Aquino no se distanció de lo dicho por Aristóteles. En su estética, Kant ni siquiera se refiere al olfato. Básicamente, no existe una estética del olor en la tradición occidental. Los libros de texto sobre estética por lo general hablan de la belleza visual y la belleza auditiva de la música; quizá del gusto y de las texturas de la piel, el mármol o una tela, pero no mencionan el olor. Una excepción es Hegel, quien sí escribió sobre la nariz y el olfato en su Estética (1975: 728-737), pero consideraba que el olfato era el más bajo de la jerarquía de los cuatro sentidos humanos; él no mencionó el tacto. Freud siguió esta línea al sugerir que el olfato era el sentido animal característico, y la vista el sentido humano dominante: la postura humana, erecta, llevó a que la nariz fuera sustituida por el ojo (1985: 247, 288-289). De hecho, Helen Keller, ciega y sorda a partir del año y siete meses de edad, describió al olfato como el “ángel caído” e insistió en “la nobleza del sentido que hemos olvidado y menospreciado” (1908: 574). El tema del olfato en sí es quizá un tanto desagradable para algunos, o incluso vulgar. Adams (1986:24) sugiere que Para muchos tiene aspectos de comportamiento sexual bestial, que se resumen en la imagen de dos perros olfateándose. La mayoría de nosotros no olemos tan bien como pensamos que deberíamos oler la mayor parte del tiempo. Quizá por estas razones, comparada con los demás sentidos, hasta hace poco, la olfacción no había sido tema de investigación. No obstante, desde el punto de vista fisiológico, el olfato es un sentido muy poderoso. Una persona sana puede aprender a percibir entre 10 000 y 40 000 diferentes olores; los expertos, como los perfumistas o quienes se dedican a mezclar whiskies, pueden identificar 100 000 (Dobb, 1989: 51). Pero estas estimaciones son difíciles de verificar. La Encuesta sobre los olores de la National Geographic, explora las dimensiones científicas del fenómeno de la olfacción. La más grande encuesta sobre los olores que hasta ahora se ha aplicado, con millón y medio de encuestados, publicó algunos hallazgos interesantes: en términos generales, las mujeres tienen mejor olfato que los hombres; las reacciones, positivas o negativas, a los olores varían enormemente de un lugar a otro; casi dos de cada tres personas han sufrido una pérdida temporal del olfato, y algunos, cerca de uno por ciento, no tienen olfato. La pérdida del olfato es cosa seria, ya que con frecuencia este sentido se asocia con la memoria. Kipling decía que “Más que los sonidos o las imágenes, los olores pueden mover las fibras del corazón”. Esta encuesta proporcionó pruebas científicas de la relación que hay entre el olfato y los recuerdos. Según Gilbert y Wysocki (1987: 524) alguien escribió: Uno de mis olores favoritos es el estiércol de vaca. ¡Sí! Me trae recuerdos de cuando estaba en la granja de mi tía, en el sur de Ohio. Las vacaciones que pasé ahí fueron las más felices de mi niñez, y cualquier olor a granja evoca maravillosos recuerdos. Helen Keller pensaba lo mismo: “El olfato es un poderoso hechicero que nos transporta a través de miles de millas y de todos los años que hemos vivido. El olor a fruta me lleva a mi casa sureña, a mis juegos de niña en la huerta de durazno. Otros olores, instantáneos y fugaces, hacen que mi corazón se llene de alegría o se achique con el recuerdo del dolor” (1908: 574). El olfato podrá ser un “ángel caído”, olvidado y menospreciado, pero no deja de ser un “poderoso hechicero”, en particular en lo que se refiere a la memoria. Para algunos, los olores evocan recuerdos ( cfr, Gibbons, 1986); para otros, los recuerdos evocan olores. En su novela autobiográfica Retrato del artista adolescente, James Joyce como Stephen Dedalus recuerda su niñez y sus días en la escuela como una sucesión constante de olores: el “raro” olor del hule sobre su cama; su madre, que “olía mejor que su padre”; y le encantaba el “olor tan agradable” de las zapatillas de su madre que se calentaban ante la chimenea. En la escuela, “Roche el malo era un asqueroso”; y recordaba “en la capilla un frío olor a noche. Pero era un olor santo. No era como el olor de los aldeanos viejos que se ponían de rodillas en la parte de atrás en la misa de los domingos. Aquél era un olor a aire, a lluvia, a turba, a pana. Pero eran unos aldeanos muy piadosos”. También menciona el “débil olor agrio del incienso”, el olor del vino de consagrar, que lo hacía sentir “un poco enfermo”, “un olor solemne y extraño, como el cuero viejo de sillones” (p.57) en el cuarto del rector, el olor a agua estancada, y “Se sentía en el aire el aroma de la noche, olor de aquellos campos donde los chicos arrancaban nabos, el olor que se sentía en el bosquecillo” (p.59). George Orwell también recordaba sus días de escolar en términos olfativos: “un dejo de algo frío y maloliente – una especie de mezcla de medias sudadas, toallas sucias, olores fecales soplando por los corredores, tenedores con comida vieja entre los dientes, cocido de pescuezo de cordero y el azotar de las puertas de los lavatorios y el eco de las bacinicas en los dormitorios” (1968: 348). Las escuelas, al parecer, son en especial proclives a gravarse como recuerdos olfativos. En Toronto, Ernest Hillen recuerda el olor de “tinta, pegamento, madera, jabón carbólico, aceites de madera, orines, lana mojada, pintura, polvo, sudor fresco, sudor rancio, leche agria, comida vieja, zapatos para correr, el olor de escuela” (1997: x). Quizá todas las escuelas huelen a lo mismo, pero los olores perduran. Los malos olores que recordaba Orwell son congruentes con la pésima experiencia que tuvo en la escuela. El olor físico y la realidad metafísica son simbólicamente recíprocos. Las buenas experiencias corresponden a buenos olores: hasta el estiércol de vaca huele bien porque evoca buenos recuerdos; contrariamente, las malas experiencias corresponden a malos olores. Por tanto, los olores con frecuencia se evalúan con base en el valor positivo o negativo del contexto recordado. Los significados de los olores son entonces extrínsecos e individual o socialmente construidos. El olor, el recuerdo y su significado están por ende íntimamente ligados, y llegan hasta el fondo de nuestra vida personal, todo el día, todos los días. Un experto comentó: “Pensamos que nuestras vidas están dominadas por nuestro sentido de la vista, pero entre más se acerca la cena, más se da uno cuenta qué tanto del placer real en la vida está ligado al olfato. Llega a cada una de nuestras emociones” (Gibbons, 1986:327). La apreciación olfativa, sea positiva o negativa, también es construída, no sólo con recuerdos personales sino con enseñanzas y adiestramientos específicos, por parte de los padres y por expertos. Somos socializados en lo que nuestra cultura considera que huele bien o mal, y en un “gusto” nasal. Algunos individuos gozan de mayor sofisticación olfativa que otros; por lo general se trata de personas que han “entrenado” sus narices: perfumeros, catadores de té, chefs, enólogos y otros. Sin embargo, aún persiste un debate sobre si “la nariz” nace o se hace. Helen Keller fue quizá la nariz más famosa, y ella explicaba que su nariz le ayudaba a “aprender mucho sobre la gente. Con frecuencia sé qué trabajo realizan. Los olores de la madera, el hierro, la pintura y las sustancias químicas se pegan a la ropa de quienes trabajan con ellas. Por eso puedo distinguir al carpintero del herrero, al artista del albañil o el químico. Cuando una persona pasa rápidamente de un lugar a otro, me queda una impresión olfativa de dónde ha estado: la cocina, el jardín o el cuarto de enfermos” (Keller, 1908: 575). Keller también decía que los adultos (mas no los niños, quizá sorprendentemente) por lo general emiten un nítido “aroma-persona”; esto es más que la “huella de olor” que, al igual que la huella digital, distingue a cada persona y que los sabuesos y otros perros pueden identificar, pues Keller les asignaba poderosos valores a estos aromas. Vale la pena considerar su opinión, no sólo por su excelsa “nariz” sino porque plantea una interesante pregunta sobre la relación entre el olor y la personalidad. Sugiere que: (1908: 575: cfr,1974: 246, 314-315): Algunas personas tienen un olor indefinido, insustancial, que flota en el aire burlando cualquier esfuerzo de identificación. Son la quimera de mi experiencia olfatoria. A veces conozco alguien que no tiene un aroma-persona distintivo, y rara vez la encuentro vivaz o entretenida. Por otra parte, alguien con un olor acre muchas veces tiene gran vitalidad, energía y vigor mental. Las exhalaciones masculinas son, por regla general, más fuertes, más intensas, más ampliamente diferenciadas que las de las mujeres. El olor de los jóvenes contiene algo elemental, como de fuego, tormenta y sal de mar. Pulsa con vivacidad y deseo; insinúa todo lo fuerte y bello y gozoso y me deja una sensación de felicidad física. Un estudiante de medicina documenta una acrecentada sensibilidad olfatoria similar después de haber ingerido anfetaminas: “Soñe que era un perro – era un sueño olfatorio – y ahora despertaba a un mundo infinitamente oloroso – un mundo en que todos los demás sentidos, incluso aumentados como lo estaban, palidecían ante el olfato”. Había sufrido una forma de epilepsia del lóbulo temporal y se había vuelto hiperosónico. “Entraba en la clínica, olfateaba como un perro, e identificaba así, antes de verlos, a los veinte pacientes que había alli. Cada uno de ellos tenía una fisonomía olfativa propia, un rostro de olor, mucho más vívido y evocador, y fragante, que cualquier rostro visual”. Después de tres semanas, sus sentidos recuperaron la normalidad (también había gozado de una mayor percepción visual), pero sintió cierta nostalgia: “Aquel mundo de olor, aquel mundo fragante. ¡Tan vívido, tan real! Era como una visita a otro mundo, un mundo de percepción pura, rico, vivo, autosuficiente, pleno. ¡Ay, si pudiese volver de vez en cuando y ser de nuevo un perro” (Sacks, 1985: 156-158). También puede suceder lo opuesto. Otro hombre perdió por completo su sentido del olfato después de un golpe en la cabeza. Habló de esto con el doctor Sacks (1985: 159): Cuando lo perdí —fue como quedarse completamente ciego. La vida perdió mucho de su sabor— uno no se da cuenta hasta qué punto el ‘sabor’ es olor. Uno huele a las personas, huele los libros, huele la ciudad, huele la primavera —puede que no lo haga uno conscientemente, sino como un telón de fondo inconsciente y espléndido de todo lo demás. Todo mi mundo se empobreció radicalmente de pronto —. Queda claro que existen las posibilidades físicas para tener una vida social olfatoria mucho más rica, más plena y más elemental; ni siquiera apreciamos la limitada vida olfatoria que tenemos. Nuestro sentido del olfato es por tanto quizá despreciado y olvidado en gran parte porque no lo comprendemos ni apreciamos plenamente. El olor y la construcción moral del yo El olor no es solamente un fenómeno fisiológico, es también un fenómeno moral, ya que los olores son considerados como positivos o negativos, buenos o malos. Esta dimensión moral del olfato es la que hace que este sentido tenga una apremiante importancia sociológica y económica. El olor es un componente importante de nuestra construcción moral de la realidad y es nuestra construcción de realidad moral. La hipótesis fundamental es sencilla: lo que huele bien es bueno. Por lo contrario, lo que huele mal es malo. Ilustraré estas ecuaciones con ejemplos de comida y bebida, el medio ambiente y, el rubro más importante, las personas. Debo aclarar desde un principio que intento demostrar cómo la gente piensa sobre los olores en términos metafóricos y simbólicos, no en los olores por sí mismos. Intrínsecamente, éstos no son carentes de sentido. Para parafrasear a Hamlet: “nada hay fragrante ni maloliente, bueno o malo, si el pensamiento no lo hace tal” (II, ii). Comida y bebida Validamos estas ecuaciones simbólicas todos los días al oler lo que comemos y bebemos. Por el olor, eliminamos todo lo malo: pescado podrido, carne rancia, huevos podridos, leche agria, vino avinagrado, y el tan común arroz quemado. El olor indica la realidad —bueno o malo, comestible o incomible— con bastante fidelidad.3 Lo que está malo apesta. Podemos olfatear el mundo, y lo hacemos. Esto no es ni una hipérbole ni una metáfora, es simplemente la forma en que usamos nuestra nariz. A la inversa, si el aroma es delicioso, la comida misma es deliciosa, puesto que gran parte de nuestro sentido del gusto es el olfato. La frase “Mmm, qué rico huele” es un equivalente de las realidades físico-químicas y simbólico-morales. El medio ambiente Así como juzgamos que la comida es buena o mala por su olor, también juzgamos el medio ambiente. Disfrutamos el aroma de las flores, del aire puro y del mar. Evitamos emanaciones negativas: productos de desechos humanos, sistemas de drenaje, el humo de los automóviles, la contaminación, el hedor de las fábricas de papel, procesadoras de pescado y plantas empacadoras de carne; en la actualidad humo de cigarros y puros. Huelen mal y hacen daño: son tóxicos, cancerígenos o causan náusea.4 La gente Juzgamos a nuestros congéneres de la misma manera que juzgamos la comida y el medio ambiente. Si una persona huele “mal”, o se aparta de la norma olfatoria cultural, el olor puede ser una señal de que algo anda mal en su salud física, emocional o mental. El olor es un signo natural del yo como un ser físico y moral; el olor es un símbolo del yo. Este simbolismo olfatorio es evidente en el caso extremo de encontrarnos con el viento en contra al acercarnos a un pordiosero en pleno centro de la ciudad. De manera rutinaria, el olfato sigue siendo una herramienta útil para el diagnóstico médico. Pero el simbolismo queda más claro en nuestro lenguaje, que encarna y refuerza este sistema de valores. Podemos describir a alguien al decir que huele “divinamente”, “rico”, “delicioso”, o simplemente “bien”, pero todos esos adjetivos son también evaluaciones y juicios morales. Describir es prescribir. Los aromas cambian de ser sensaciones físicas a evaluaciones simbólicas.5 Decimos que alguien “huele a rosas” cuando sale bien de una situación y por el contrario, algo que nos molesta o irrita es “una peste”. Solemos describir acciones inmorales como “cochinadas” o al percibir algún problema decimos, “esto me huele mal”. Lo malo se refiere a la ética y a los olores. En resumen, al describir a alguien o algo diciendo que huele bien o mal es sugerir que ese alguien o algo es bueno o malo. Esta ecuación está metida en nuestro lenguaje. Es, asimismo, como hemos visto en los ejemplos de la comida y el ambiente, bastante veraz. En el caso de las personas, puede tener cierto valor científico o puede ser inexacto, como veremos; no obstante es, un elemento constitutivo de la construcción moral del otro y la presentación simbólica del yo.6 Shakespeare estaba muy consciente de la manera en que “pensamos por la nariz”, por así decir, y era muy adepto a pintar retratos olfatorios, en especial de la vileza. En Hamlet, Marcelo olió que “Algo hay podrido en el estado de Dinamarca” (I, iv). El rey, que asesinó a su hermano y casó con la viuda, se lamenta: “¡Oh, atroz es mi delito! ¡Su corrompido hedor llega hasta el cielo!” (III, iii). La maldad apesta. No sólo las ofensas apestan, la gente mala también huele mal. El mal se absorbe en el cuerpo mismo y en la piel del yo; así, Lady Macbeth también lamenta: “¡Siempre el hedor de la sangre!, ¡Todas las esencias de la Arabia no desinfectarían esta pequeña mano mía!” (V, i). El olor une lo físico y lo moral. De la misma manera, los sentidos se refuerzan mutuamente. Así como lo malo es feo y apesta, lo bueno es fragante y hermoso. En su soneto LIV, Shakespeare rapsodia sobre cómo la verdad tiene un dulce olor que embellece a la belleza: ¡Oh! ¡Cuánto más bella parece la belleza por el dulce atractivo que le presta la espiritualidad! La rosa se nos ofrece encantadora; pero más encantadora la hallamos por el suave perfume que reside en su seno. “La fragancia es verdad, y la verdad, fragancia”, parafraseando a Keats, y el olor dulce embellece lo bello. La belleza tiene un dulce olor. Las ecuaciones recíprocas pueden por tanto ser reformuladas: lo bueno es fragante y lo fragante es bueno; de modo contrario, el mal apesta y lo apestoso es malo, lo que huele mal es malo, y lo que es malo huele mal. Las confirmaciones y aplicaciones de estas verdades (metafóricas) pueden encontrarse en gran parte de nuestra vida, pero especialmente en la tendencia de partes en conflicto a atribuirse mutuamente malos olores. Si definimos a la gente como mala, al mismo tiempo la definimos como maloliente. El mal apesta, y los enemigos huelen mal. Existen múltiples ejemplos en las relaciones de clase y étnicas. El olor se vuelve un método o una herramienta para vanagloriarse y para menospreciar al otro. Este proceso empieza a temprana edad; incluso los niños lo hacen. La última palabra en una discusión la tiene el niño que le grita a su contrincante: “¡Y además, apestas!” Una vez más, se dice que el olor a santidad, una bella fragancia, acompañó a los santos incluso después de muertos (Classen, 1998: 36-60).7 Por el contrario, se dice que el diablo huele como el infierno: una combinación de alquitrán y azufre, según dicen. Hoy día, el éxito se valora más que la santidad, y por tanto al alcanzarlo, decimos que “huele a gloria”, lo que también tiene su contrario: “el mal sabor de la derrota”. En resumen, percibir olores no es únicamente una experiencia química agradable o dolorosa, que puede revivir recuerdos o no, y modificar el ánimo o el comportamiento, es también un fenómeno simbólico y moral. El rey Jacobo I describió los daños del cigarro en términos sensoriales, fisiológicos y morales. En su multicitada A Counterblast to Tobacco, describe el acto de fumar como: Una costumbre repugnante a la vista, odiosa a la nariz, dañina al cerebro, peligrosa para los pulmones, y el humo negro y apestoso que resulta se parece más al horrible humo estigio del foso que no tiene fondo. La imagen “repugnante”, el olor “odioso”, las “dañinas” consecuencias para el cerebro y los pulmones, la negrura del humo y la peste que se parece al infierno todos se refuerzan mutuamente de manera simbólica. Lo negativo de la vista, la olfacción, el físico, el color y la moral son aspectos de una negativa, desde el punto de vista tradicional. Todos “tienen sus correspondencias”. Estas ecuaciones no son simplemente engaños sutiles o supersticiones, están firmemente enraizadas en nuestro lenguaje y cultura y son de hecho contemporáneas. La ropa no sólo debe estar limpia, tiene que oler a limpio (con frescura de limón). Se espera que la gente no sólo esté limpia, en muchos medios debe también oler a limpia, si bien no en todos los contextos.8 Una bribonada o vileza se puede describir como “una cochinada”, pero en contrapartida, a la policía en Londres se le llama “la suciedad” ( the filth ). La ética, como los olores, es relativa, pero en la última instancia cultural, el cielo huele divinamente (a gloria) y el infierno apesta. Esta polarización dicotómica del bien contra el mal y de lo fragante contra lo apestoso, y la simbiosis recíproca de lo bueno como fragante y lo malo como apestoso, constituye el máximo poder que ejerce la olfacción en la sociedad contemporánea. En este sentido, el gasto en colonias, perfumes, loción para después de afeitarse y otras fragancias no sólo son una inversión en la presentación del yo, es asimismo un importante componente de la construcción moral del yo. Un dicho común reza “el que a feo ama, hermoso le parece”, pero como observaron tiempo atrás Voltaire y Darwin, la hermosura también se encuentra en la cultura del observador (cfr. Synnott, 1989). El olor también está en la nariz de quien huele, y también en la cultura de éste (Engen, 1982; Moncrieff, 1970). Pero los significados que se atribuyen a los olores (como sea que se definan) pueden ser tan importantes como los significados que se atribuyen a la belleza o la fealdad, lo fragante y lo maloliente, en las tradiciones occidentales. Oler bien es señal de ser bueno. El antropólogo Edward T. Hall, siguiendo a Marshall McLuhan, ha señalado que la gente de diferentes culturas habitan mundos sensoriales diferentes”, y que esto puede ser más importante para la comunicación transcultural que hablar idiomas diferentes. Por ejemplo, “Los estadounidenses y los árabes viven en mundos sensoriales diferentes. Los árabes recurren con mayor frecuencia al olfato y al tacto que los estadounidenses” (1969: 2-3). Al hablar, los árabes no sienten pena que su aliento llegue a la cara de sus interlocutores. “Oler a un amigo no es sólo agradable sino deseable, de ahí que negarle el aliento es rechazarlo. Los estadounidenses, por otro lado, habituados a no espirar en el rostro del otro”, y por tanto cuando intentan ser corteses, les comunican vergüenza. De la misma manera, “los árabes no tratan de eliminar todos los olores corporales, sino de realzarlos al construir relaciones humanas”, al contrario de los estadounidenses desodorizados y reodorizados. Al negociar un matrimonio, el intermediario “en ocasiones pedirá oler a la muchacha, quien puede ser rechazada si no ‘huele bien'”. Los árabes reconocen que el olfato y la disposición pueden estar ligados (Hall, 1969: 159-160, énfasis en el original). Helen Keller también lo reconoció en un sentido literal, y Shakespeare en un sentido simbólico, como hemos visto. La antropología del olor que desarrolló Hall encuentra “resonancia” no sólo en Keller y Shakespeare sino también en el éxito literario de Patrick Süskind, El perfume (1986). Un brillante asesino perfumista parisino destila las esencias de los aromas de mujeres hermosas, y crea el perfume perfecto. Este perfume tiene un efecto tan intoxicador sobre las mujeres, que desean al perfumista y este deseo literalmente lo destroza. La novela no gustó a todos los críticos (por ejemplo Adams, 1986), pero Süskind no hizo otra cosa que tomar las promesas de las corporaciones publicitarias literalmente y las llevó a su conclusión lógica. Consideremos el anuncio de Old Spice: “Enciende un fuego que no puede ser apagado por el hombre” (Largey y Watson, 1972: 1030). Se dice que somos lo que comemos, pero también es cierto que somos como olemos: fragantes o malolientes, buenos o malos. El olor y el poder El olor no sólo contribuye a la construcción moral del yo, también a la construcción moral del grupo. El olfato no es simplemente una emanación individual y una declaración moral, es asimismo un atributo social, real o imaginado. George Orwell sostiene que el olfato es “el verdadero secreto tras las distinciones de clase”: verdadero secreto tras las distinciones de clases en Occidente. se puede resumir en cuatro palabras terribles Las clases populares huelen, sentimiento de gusto o disgusto es tan fundamental como un sentir físico. El odio racial, el odio religioso, diferencias de educación, de temperamento, de intelecto, incluso diferencias de código moral pueden ser sobrellevadas, mas no así la repulsión física Puede no importar mucho si la persona clase media promedio crece en la creencia que la clase trabajadora es ignorante, floja, borracha, rústica y deshonesta; cuando crece con la convicción que es sucia, el daño no tiene vuelta de hoja (Orwell, 1937: 159-160, énfasis en el original). Otro inglés, Sumerset Maugham, hizo hincapié en lo mismo: 9 En Occidente nos separamos de nuestros congéneres por nuestro sentido del olfato. El obrero es nuestro amo, propenso a gobernarnos con mano de hierro, pero no podemos negar que huele mal: nadie se sorprende por ello, puesto que un baño en la madrugada, cuando se tiene que salir apresuradamente al trabajo antes que suene la campana de la fábrica no es nada placentero, tampoco el trabajo arduo es algo que tienda a la dulzura; y cuando no se cambia la ropa de cama más de lo necesario porque la ropa de la semana debe ser lavada por una esposa de lengua sarcástica. No culpo al obrero porque huela mal, pero sí huele mal. Esto dificulta el intercambio social con personas de nariz delicada. El baño matutino divide a las clases de manera más eficaz que su nacimiento, riqueza o educación (en Orwell, 1937: 161). Los tiempos cambian y los estándares de vida han aumentado. Quizá las clases trabajadoras ya no huelen tan diferente de las clases altas; o quizá sí. La evidencia en Francia sugiere que las prácticas de higiene varían de manera significativa por estatus socioeconómico. Según una encuesta de 1976, 43 por ciento de las mujeres francesas con estatus de ejecutiva, industrialista o profesionista, se bañan por lo menos una vez al día, comparado con 10 por ciento de las que viven en granjas y 17 por ciento de las obreras (Bourdieu, 1984: 205). No se tienen datos comparables para los hombres. Estos datos sugieren la posibilidad de realidades olfatorias diferentes según estatus, pero esto no es más que una posibilidad, ya que el baño diario muy probablemente no sea médica, social ni “olfatoriamente” necesario. No obstante, la distribución de olores sí simboliza la estructura de clases de una sociedad, ya sea por el olor corporal o por la calidad y el costo de las fragancias. Sí nos olfateamos unos a otros, tanto de manera literal como figurada. Los británicos se han preocupado por el olfato y la clase social mientras que a los estadounidenses les preocupa el olfato y las relaciones raciales. Thomas Jefferson reflejó el pensar de muchos blancos cuando dijo que los negros tienen “un olor muy fuerte y desagradable”. Edward Long, un virulento hacendado jamaiquino, escribió en 1774 que los negros tienen un “olor bestial o fétido”. El doctor Benjamin Rush, connotado abolicionista de finales del siglo XVIII, concordaba con esta opinión y atribuía el olor a la lepra (Jordan, 1969: 459, 492, 518; cfr,256-257). La historia y la política de la olfacción rara vez se han estudiado, pero Alain Corbin realizó investigaciones sobre los olores en Francia en los siglos XVIII y XIX. Se decía que casi todos los grupos poblacionales tenían un olor distintivo, y algunos eran descritos con gran detalle. Campesinos, monjas, personas pelirrojas, judíos, negros, cosacos, afanadores, alemanes, finlandeses, traperos, pobres, vírgenes, prostitutas. todos tenían un olor diferente, que reflejaba el estatus moral imaginado de la población: vírgenes buenas, prostitutas malas; los marineros se clasificaban entre los peores (Corbin, 1986: 147): Sus costumbres son libertinas; encuentra la felicidad suprema en la embriaguez; el olor de tabaco, casado con los vapores del vino, alcohol, ajo, y otras comidas ordinarias que disfruta comer, el perfume de su ropa muchas veces impregnada de sudor, mugre y alquitrán hacen el estar con él algo repulsivo. La descripción de olores, fragantes o malolientes, se vuelve por tanto una clasificación moral disimulada. La clasificación por clase o grupo, étnico u otro, persiste hasta hoy. Esta clasificación moral, basada en creencias olfativas, tiene consecuencias sociales. Gunnar Myrdal observó (1944: 107): La creencia en un “olor caprino” peculiar de los negros, al igual que otras creencias similares respecto de otras razas, toca una esfera personal y es útil para justificar el denegar intercambios sociales y el uso de lugares públicos que implican un contacto cercano, como restaurantes, teatros y transporte público. A esta lista podríamos agregar escuelas y empleos. Este autor decía: “Es increíble que esto no se interponga al utilizar a los negros en incluso el trabajo doméstico más íntimo y en servicios personales” (1944: 107). John Dollard analizó la creencia “muy extendida en el Norte y el Sur” de que los “negros tienen un olor en extremo desagradable para los blancos”. Lo describió como una de las múltiples “medidas defensivas” adoptadas por los blancos: “una aplastante prueba final de la imposibilidad de asociaciones estrechas entre las razas” (1937/ 1957: 380). Por tanto, el olor “justificaba” la segregación institucional y la opresión racial en los Estados Unidos, de la misma manera que “justificaba” el prejuicio y la discriminación de clase en el Reino Unido. Los estadounidenses no son los únicos que piensan así. Adolfo Hitler deploraba el olor de los judíos y decía que era un símbolo de su “moho moral”. La pulcritud, sea moral o de cualquier otro tipo, tenía un sentido particular para esa gente. Que rehuían al agua era obvio con sólo verlos y, desafortunadamente, con frecuencia también sin estarlos viendo. El olor de esa gente en caftanes me hacía sentirme mal. pero lo más repugnante era que debajo de su exterior desaseado, uno de pronto se percataba del moho moral del pueblo escogido (1924/1942: 42). Para Hitler había una clara unión del exterior con el interior, impureza por fuera y por dentro, olor y moral. Los malos olores no sólo eran desagradables, simbolizaban una podredumbre interior. La tradición racista vuelve al Reino Unido en Ian Flemming, con una novela de James Bond donde refiere el “olor salvaje de doscientos cuerpos negros” (1954/1978: 55). Otra vez, los negros como animales. Y un estibador londinense comentaba acerca de los paquistaníes: “¿Huelen, verdad?” ( Time, 20 de mayo, 1970: 38; en Largey y Watson, 1972: 1023). Un prejuicio un tanto dudoso, pero que demuestra el papel que desempeña el olor. Los olores, reales e imaginados, pueden servir por tanto para legitimar desigualdades de clase y raciales, y son uno de los criterios utilizados para imponerle una identidad moral negativa a una población en particular. El género también es un factor en estas ecuaciones. Según Kipling, los hombres deben oler a sudor, whiskey y tabaco; presumiblemente las mujeres deben oler “bien”: limpias, puras y atractivas. Sin duda el atractivo publicitario de los perfumes femeninos y los masculinos es diferente, tanto en lo gráfico como en lo verbal. En general, parece que los anuncios prometen felicidad, lujo, glamour y el sexo opuesto; pero en algunos, es abierto el mensaje de violencia. En la década de los años setenta, un anuncio para la colonia 007 rezaba: ” 007 les da a los hombres una licencia para matar. a las mujeres”. (En las novelas, todos los villanos que mató el agente secreto 007 eran hombres.) Otro anuncio para By George, * Y dice: “¿Ella no quiere? Por Dios, que sí querrá” (Largey y Watson, 1972: 1030).10 La violencia es legitimada; no quiere decir sí, y la conquista sexual es un derecho del macho. En el nuevo milenio, el tema de ideales binarios de género es conspicuo. En general, los nombres de perfumes, colonias y fragancias parecen expresar conceptos del yo no sólo diferentes sino casi opuestos para los así llamados sexos opuestos. Una lista parcial de perfumes y fragancias femeninas incluye las siguientes: Beautiful, Passion, Joy, Lumière, Mystère, White Shoulders, White Linen, Ivoire, Cover Girl, Enchantment, Chantilly, L’Emeraude, Le Jardin, L’Aimant, Paris, L’Air du Temps, Diva, Dazzling, Pleasures, So Pretty, Allure y nombres de especias como Basile y Coriandre. Si bien expresan una amplia gama de valores, son muy diferentes a los nombres en la lista parcial de fragancias masculinas, a saber: Boss, Brut, Imperials, Toro, Eau Sauvage, Aramis, Polo, Hero, Gray Flannel, English Leather, Bogart, Maestro, L’Homme y Gentleman, amén de los temas de vaqueros como Stetson, Chaps y New West. Los nombres de marca por sí solos socializan y educan a los sexos “opuestos” en roles opuestos; lo mismo hacen las imágenes publicitarias, los textos verbales y los colores y estilos de las envolturas. Como opuestos, estos nombres de marca transforman la diferenciación biológica en jerarquía y poder social: rosa o azul, Beautiful (bello) o Boss (jefe), Ivoire (marfil) o Imperiale (imperial), Passion (pasión) o Polo, Joy (alegría) o Toro. Hay excepciones a esta dicotomía simple de género. Algunas fragancias llevan el nombre de la casa comercial —Chanel, Ralph Lauren, Giorgio— y estos nombres no socializan a los usuarios tan violentamente hacia valores opuestos, aunque las tomas publicitarias y el bombo publicitario posiblemente sí lo hagan. Además, algunos productos se comercializan para hombres y mujeres, aunque las fragancias sean diferentes. Tercero, algunas fragancias femeninas, como Charlie, por ejemplo, no se ciñen a estas dicotomías tradicionales. De hecho, Charlie fue quizá la primera fragancia que rompió con viejos estereotipos, al presentar a la mujer “Charlie” dándole palmaditas en el trasero al hombre y, en otra instancia de cambio de roles, usando un nombre de hombre. La fragancia se vendió bien, en buena medida por la imagen que presentaba de una mujer capaz, moderna y liberada. Desde entonces, las nuevas fragancias han sido etiquetadas con valores más letales —Poison, Opium, Obsession, Chaos y Evil (de Elvira)— pero otras son más activas, animales y carnívoras —Action, Animals y Panthère. A pesar de estos cambios, las tradicionales imágenes bellas, gozosas y apasionadas siguen siendo la norma para las mujeres mientras que las imágenes ideales del hombre reflejan al fuerte, indomable, rudo y caballero jugador de polo. Por último, algunas fragancias para ambos sexos proyectan no sólo imágenes asexuales sino algunas imágenes bastante extrañas: Bazaar, Quórum, Fahrenheit, Red Door, Blue Grass, Cobochard, Old Spice, Kouros y otros. ¿A quién le gustaría oler como un bazar o como un quórum? ¿A qué huele el Fahrenheit? ¿Por qué es vieja la especia o en el caso de España y México, es añeja la lavanda? Pero quizá esto sea demasiado literal, es posible que las imágenes tengan su atractivo. La polarización por género no es, por ende, ni completa ni total; hay superposición y hay excepciones, pero la polarización, no obstante, es dominante. La fragancia es política. La fuerza política de la fragancia se ve reforzada por los textos, las imágenes visuales y las envolturas de los productos, pero esto ha sido analizado por otros autores (Goffman, 1976/1979; Williamson, 1978). La política sexual del olor es mucho más que la industria de las fragancias, es más íntima y personal. Los blancos bien pueden haber detectado el olor de los negros (y viceversa, como veremos más adelante), y las clases altas pueden haber renegado del olor de los obreros (y viceversa), pero también existe una larga y fuerte tradición en el humor y la literatura masculinas que, parafraseando a George Orwell, “el verdadero secreto de las relaciones de género en Occidente se puede resumir en cinco terribles palabras: el sexo femenino huele mal”. La cantidad de chistes en este sentido es infinito, y no los repetiremos aquí. Basta decir que una de las funciones del humor es el de burlarse de otros. Los chistes sexistas, al igual que los racistas, pueden resultar cómicos para algunos pero ofensivos y también opresivos para la población que es ridiculizada. La tradición en la literatura masculina es ambivalente. Algunos hombres disfrutan los olores de las mujeres. Las madres, aparentemente, huelen bien y a algo confortante, según Gunter Grass en El tambor de hojalata; y las vírgenes tienen un olor dulce, según la tradición francesa, ya que como escribió un francés en 1846 (Corbin, 1986: 183) “el suave olor de mejorana que exhala la virgen es más dulce, más intoxicante que todos los perfumes de Arabia”. La persona amada puede oler muy bien, como “fresas con crema”, según el Ulysses de James Joyce (1922/1971: 372). Robert Herrick (15911674) era llevado a éxtasis nasales por Anthea; sus pechos, labios, manos, muslos, piernas “son/ricamente aromáticos”. En los pechos de Julia “se derraman/todas las especias del Oriente”. Otra dama es descrita como un jardín de delicias olfatorias, de “clavo en flor”, “rosas”, “vino aromático”, “jazmín”, “miel”, “flor de naranjo”, “capullo de almendra”, ámbar entibiado, las “mañanas, leche y crema”, “mantequilla de prímula”, y otros, “Tan dulce es su aroma”. Herrick no sólo amaba esos aromas personales, también atacó a la industria de las fragancias; rezaba porque cierta dama “se mantenga libre de polvos y perfumes para oler cuán dulce es” (1921: 59, 69, 145, 111). Pero hay otro lado de este discurso masculino. Henry Miller fue el primero en introducir el olor vaginal al discurso público, en Trópico de Capricornio (1922/1962: 113-4; cfr. Corbin, 1986: 246). ¿Pero en qué términos? ¿Qué quería decir? En su estilo directo, Kate Millett contesta: “Ésta es la realidad, según nos trata de convencer Miller, el coño apesta, como dice Curly, y el coño es sexo. Por lo que se refiere a la anatomía masculina, las cosas son muy diferentes porque ‘la verga’ es poder” (1970/1978: 430-431). La polarización que hace Miller de femenino y masculino, mal olor y poder, coño y verga, es un componente intrínseco de su opresión de la mujer. Millet escribe (1970/1978: 413): “Lo que Miller sí articuló fue el asco, el desprecio, la hostilidad, la violencia y el sentido de suciedad con la que nuestra cultura, o más específicamente, la sensibilidad masculina, envuelve a la sexualidad. Y las mujeres también, porque de alguna manera sobre ellas recae el oneroso peso de la sexualidad”. Las dinámicas del sexismo, racismo y clasismo son por tanto similares en esta definición y explotación política del olfato. De hecho, se ha construido toda una industria de productos para la higiene femenina a partir de esta percepción del mal olor de las mujeres. Al comentar sobre las exitosas estrategias de mercado para los desodorantes “femeninos”, Haug señaló que a finales de los años sesenta en Alemania, 43 por ciento de las mujeres entre los 16 y 60 años se protegían, y protegían a los demás, de sus olores corporales; para el grupo de 19 años, este porcentaje era de 87 por ciento. Haug escribió (1971/1986: 77): De hoy en adelante, el cuerpo humano tiene un olor repulsivo. Este proceso puede llamarse el de modelar la sensualidad. Demuestra de manera vívida como los mecanismos ciegos de generación de ganancias, un medio esencialmente indiferente hacia un fin y un subproducto de la ganancia, pueden cambiar la sensualidad humana. Germaine Greer satirizó con furia a los “brillantes expertos” de la industria de los artículos de tocador por “inventar el problema (y, en el mismo instante, su solución) del olor vaginal. A fin de cuentas, no era como si las calles hubieran estado llenas de gente tirada por las emanaciones vaginales” (1987: 63-64). Esta conjunción de patriarcado y capitalismo creó una necesidad, y la atendió, con una ganancia económica para unos pocos y quizás con un alto costo social para muchos/as. Es difícil calcular los costos sociales de la destrucción de la autoestima y de la creación de náusea del yo (si es que existe), pero la encuesta realizada por Shere Hite (1976) sobre la sexualidad femenina incluía una pregunta muy directa: “¿Huele bien o mal?” Las respuestas variaban mucho. Treinta por ciento contestaron que “bien” o “muy bien”; 15 por ciento dijo que “mal”; 1 por ciento que “ni bien ni mal”, y 8 por ciento dijeron que “a veces bien, a veces mal”. Del resto, 41 por ciento proporcionaron respuestas básicamente positivas —regular, bien si están limpias, sexy, natural, excitante, estimulante, inusual, interesante, rico, raro, a tierra, apetecible—, y sólo 4 por ciento respondió de manera generalmente negativa. En total, cerca de 71 por ciento de la muestra respondieron por lo general de manera positiva y 19 por ciento, negativa. Pero si Haug y Greer acertaron en su análisis de los desodorantes vaginales, las actitudes pueden tornarse más y más negativas; no obstante, los datos de Hite indican que a pesar de la industria capitalista de productos de higiene, la mayor parte de las mujeres estadounidenses disfrutan sus olores “íntimos”. Por tanto, hombres como Herrick, Joyce y Grass concuerdan con esta mayoría femenina, en contra de Miller y la industria de la higiene femenina. La discusión es sobre fragancias, aromas y olores; y, como olfateamos, se podría sostener que los hombres huelen peor. La noción que la diferencia de olores legitima cualquier cosa —el patriarcado y la inequidad de género, racial o económica— queda sujeta a una “acalorada” discusión. Aunque los olores se utilizan para justificar la hegemonía, estas tácticas también las usan las poblaciones marginadas para retar el estatus quo desigual, y los términos del debate son igual de íntimos, directos y vulgares. Orwell notó que “los orientales dicen que nosotros olemos mal. Los chinos, creo, dicen que el hombre blanco huele a cadáver. Los birmanos dicen lo mismo, si bien ninguno fue tan grosero como para decírmelo” (1937: 174). Los japoneses solían describir a los europeos como bata-kusai: “apestan a mantequilla” (Gibbons, 1986: 348). Malcolm X también decía que los blancos “eran diferentes a nosotros los blancos olían diferente” (1966: 17; cfr,26, 273). La política olfatoria de Jefferson, Fleming, Miller y otros contradice la de los birmanos, los japoneses, la de Malcolm X y otros. Diamond Jenness informó de un franco intercambio con un esquimal Copper sobre el tema de olores étnicos durante la Expedición ártica canadiense de 1913-1918 (1923: 39): Parece que hay un olor muy distintivo que exuda de su piel, diferente al de los blancos. Una anciana una vez me preguntó si había yo notado un olor ofensivo entre ellos cuando llegamos por vez primera a sus tierras. Yo contesté que todos los de nuestra comitiva lo habían notado, y ella dijo: “Eso no me extraña, puesto que nosotros percibimos lo mismo de ustedes.” Lo que observamos en las relaciones étnicas lo vemos en las relaciones de género. Los hombres también huelen mal. Los anuncios en la televisión en particular “muestran” que los hombres, más que las mujeres, tienen mal aliento, requieren desodorantes potentes, sus pies apestan y necesitan poner a sus zapatos plantillas con carbones que neutralizan los olores, y manchan los cuellos de las camisas. El desodorante “Secret”, por ejemplo, dice ser “suficientemente fuerte para un hombre, pero está hecho para la mujer”, lo que implica que los hombres tienen un olor más intenso, o sea peor, y son los niños y los hombres los que juegan en el lodo y se llenan de mugre. Biológicamente, los hombres tienen más glándulas apocrinas que las mujeres, y sudan más, y en la semiótica de la publicidad, como en la biología, los hombres parecen ser los que más contaminan el ambiente doméstico, mismo que las mujeres se encargan de limpiar. Para resumir, los hombres son representados como sucios y apestosos, desde su cara llena de lodo o aceite o humo y su cuello sucio hasta los pies. Los olores masculinos están dispersos por todo el cuerpo; en contraste, los femeninos están semióticamente centrados en sus genitales, como vimos antes. Más que irónico, esto es otra indicación de la misoginia patriarcal, del desplazamiento psíquico de las mujeres de sus propios cuerpos, como sostienen Greer y Haug, y una forma de convertir la normalidad corporal en patología. Las mujeres en ocasiones dicen que los hombres apestan a alcohol, sudor, humo de cigarro o cualquier otra cosa. Una encuesta reciente entre mujeres de St. Louis incluía la pregunta: “¿Qué busca en una relación?” La respuesta más común fue “buena higiene” ( Montreal Gazette, 4.9.90). Importa más un baño que el dinero. Parafraseando a Orwell una vez más: “El verdadero secreto de las relaciones de género en Occidente se puede resumir en tres terribles palabras: los hombres apestan”. CONCLUSIÓN Nietzsche, uno de los pocos filósofos que se preocupó por la importancia del olor, comentó contundentemente: Lo que más profundamente separa a dos personas son un sentido y un grado diferentes de pulcritud. Lo que sirve para la decencia y la utilidad mutua y la buena voluntad de uno hacia el otro, a final de cuentas, el hecho está ahí: “Ninguno soporta el olor del otro” (1966: 221). Oler bien y oler mal son elementos constitutivos en la presentación del yo y en la construcción del otro, ya sea tratándose de olores naturales, manufacturados o simbólicos. Es como nos atraemos y nos repelemos. La honda intimidad de la olfacción y el perfume radica en el hecho que una persona respira e inhala las emanaciones de otra. Así, las dos se vuelven una, en un sentido olfativo, y en el imperio de los olores, la fragancia es el aroma del alma. Un papel primario de los olores en nuestra cultura es estético. La gente se des-odoriza y re-odoriza para oler bien, para sentirse bien, para embellecerse y atraer. Estas relaciones interpersonales simbólicas son sólo una pequeña parte del ámbito de la sociología del olor. Las relaciones étnicas, de clases y de género también están mediadas por los olores, reales o imaginarios. El olor no es únicamente simbólico y político, como hemos “visto”, también es económico. El uso de fragancias artificiales tiene una larga historia, que data por lo menos desde los egipcios y los babilonios. Las fragancias se han usado, y con frecuencia aún se usan, en ceremonias de muchas religiones en todo el mundo, en rituales sociales y políticos, en citas amorosas y coronaciones, en la preparación de comida, en rituales de curación, para cubrir olores desagradables y, en el mundo árabe, en el mortero usado en la construcción de ciertas mezquitas (Thompson, 1927/1969). De hecho, los orígenes de las fragancias artificiales en la tradición judeocristiana son divinos. El Señor fue quien instruyó a Moisés a crear un perfume, y le dio la fórmula —mirra pura, cinamomo, caña aromática, casia y aceite de oliva ( Éxodo 30: 22-24). Complacer a Dios y complacer a los demás son sólo dos de las múltiples funciones del olor. Una buena nariz es todavía una útil herramienta de diagnóstico en la práctica médica (Smith et al., 1982; ver también la correspondencia en The Lancet, 5 de febrero, 1983: 292-293). En este “sentido”, el olor sí delata el estado físico del yo, mas no el estado moral, como han argumentado quienes tienen muchos prejuicios. Hoy día, sin embargo, algunas de las principales preocupaciones acerca del olor son de tipo jurídico, industriales y sexuales. La contaminación odorífera se discute y se investiga más y más por considerarse un riesgo para la salud y la comodidad. El olor es ya un asunto legal. El olor de los criaderos de cerdos resulta especialmente nocivo a sus vecinos; pero para los porcicultores, que se acostumbran a él, es el olor del dinero. La contaminación industrial y agrícola es una parte de la Sociología del olor, otra lo constituye el uso de fragancias en procesos de producción industrial. Los aromas tienen aplicaciones industriales importantes. En Japón, existen estudios que indican que el estar expuesto a ciertas fragancias, incluso las que son subliminalmente percibidas, tiene efectos psico-fisiológicos positivos, conduce a una mayor eficacia en las reuniones y reduce la incidencia de errores en las máquinas perforadoras. Una compañía desarrolló un sistema computarizado para hacer circular aire con fragancia a través de un hotel, un centro de convenciones y una torre de oficinas. La Fragance Foundation informa (1988): Tipos específicos de fragancias se utilizarían para cumplir con los diferentes requisitos de cada área. El limón, con un efecto estimulador comprobado, se filtraría al hotel con el fin de infundirles energía a los visitantes durante las conferencias matinales o para crear un ambiente festivo en los salones de banquete por la noche. El jazmín serviría para relajar a los huéspedes cansados. Para eliminar la ansiedad dentro del centro de convenciones, se sugieren los aromas de flores de la estación y de brisa de mar. Lavanda y menta ayudarían a reducir la fatiga mental y reducir también el deseo de fumar en un lugar de trabajo lleno de estrés. Al utilizarlas en un lugar para hacer ejercicio, estos aromas podrían activar el sistema circulatorio. El aroma refinado del ciprés japonés tiene un efecto relajante; la canela introducida en los vestíbulos “induciría a la calma”. Si bien la productividad es una dimensión de introducir fragancias en el ambiente, la mercadotecnia es otra. Alan Hirsh, director de la Smell and Taste Treatment and Research Foundation en Chicago, ha experimentado con fragancias para incrementar las ventas. Hace tiempo se sabe que las casas se venden más rápidamente si huelen a pan recién horneado. Los olores agradables hacen que los compradores potenciales se sientan más relajados, que se sientan “mejor” (otra vez, esa ecuación de lo físico y lo moral). La Fundación ha experimentado, con éxito, con varios olores para mejorar las ventas de automóviles, zapatos y otros productos; sus recetas son mantenidas en secreto. Lo mismo pasa con la salud. Investigaciones experimentales indican que los pacientes hospitalizados duermen mejor en habitaciones aromatizadas con lavanda, y los pacientes con cáncer sienten menos ansiedad con heliotropo y también con vainilla. No queda claro si estos resultados positivos son específicos a un olor en particular o simplemente una función de cualquier olor positivo, y existe preocupación de si las atomizaciones aromáticas puedan incrementar el riesgo de ataques entre los que sufren de alergias o asma. No obstante, los beneficios para la salud son considerables. Queda claro que el sentido del olfato no se ha atrofiado, como pensaba Freud, y que desempeña papeles importantes, si bien no conocidos ni reconocidos, en la producción, la mercadotecnia y la salud. Hoy día, las fragancias introducidas en el ambiente, junto con el aire purificado y la música, son ejemplo de que el control del ambiente sensorial se está elevando al maximo. Los colores coordinados acarician la vista, y las comidas y bebidas tienen sabores y colores químicos. Los sentidos los usamos para percibir el mundo y para comunicarnos, pero otros los usan para incrementar la productividad, reducir el cansancio, aumentar el desempeño, crear un ambiente festivo o para inducir la calma. Los sentidos no sólo son un medio de comunicación con los demás, son asimismo un medio de control ejercido por los demás. “El gran hermano te observa”, era el lema de la novela 1984, de George Orwell; pero en el nuevo milenio también nos está controlando directa, quizá subliminalmente, mediante el olor. El público en general se ha interesado particularmente en la búsqueda del afrodisíaco perfecto: una feronoma humana. Si bien muchos investigadores dudan que los humanos puedan responder a los olores de la misma manera automática que lo hacen los animales e insectos, para muchos, cualquier respuesta sería bienvenida (Weintraub, 1986; White, 1981; Hassett, 1978). La ironía está en que al desodorizar y reodorizarnos, probablemente destruimos, por lo menos en forma temporal, las feronomas que segregamos y de hecho obstruimos las reacciones químicas que quisiéramos inducir. Los olores que son sexualmente atrayentes son los mismos que pueden ser socialmente inaceptables; ésta es la paradoja afrodisíaca. Mientras que las fragancias (y las feronomas) atraen a los demás, existe cierta oposición al uso de cualquier fragancia en lugares públicos. Esto incluye no sólo a los perfumes, colonias y lociones para afeitar, sino champú, desodorante y gel para el cabello con fragancia, e incluso a los detergentes de frescura cítrica. El lema de los activistas, “los perfumes contaminan”, se imprime en distintivos de protesta. La razón fundamental, según dicen, es que algunas personas son alérgicas a los olores químicos, especialmente las que sufren de sensibilidad química múltiple (MCS, por sus siglas en inglés). Pero muchas autoridades sostienen que esta sensibilidad tiene un origen psicológico más que físico y que estos individuos deben recibir tratamiento para fobias más que contra el ambiente. La política de cero tolerancia hacia las fragancias que se aplica en algunas escuelas, negocios e iglesias y sinagogas a favor de un ambiente libre de fragancias puede haber sido influenciada por la política a favor de un ambiente sin humo (de cigarro) que hoy está tan generalizada, pero también por la creencia popular que los productos “naturales” son buenos (como los de aromaterapia) y que los químicos son intrínsecamente malos. Sin duda, esta convicción es errónea, pero los problemas son controvertidos, y contraponen entre sí diferentes convicciones y los derechos de las minorías a los de las mayorías ( New York Times, 15.8.99; National Post, 11.10.00).11 Para concluir, la olfacción desempeña papeles importantes pero con frecuencia inadvertidos en nuestra cultura, quizá más importante por ser inadvertidos. Nos hemos concentrado primordialmente en la construcción moral del individuo y en la de varios grupos sociales en la economía política de la olfacción. No obstante, incluso con esta breve visión general, queda claro que el olor tiene poderosas implicaciones estéticas, sexuales, espirituales, médicas y legales así como emocionales, morales, políticas y económicas, y todas éstas están entrelazadas. En última instancia, el olor es un componente constitutivo de la identidad individual y de grupo, tanto real como imaginada. Pero también es mucho más que eso, impregna e invade todos los dominios de nuestra vida social. Traducción: Herzonia Yáñez. Revisión: Natividad Gutiérrez Chong, BIBLIOGRAFÍA Ackerman, Diana.1990. A Natural History of the Senses, Nueva York: Random House. Adams, Robert M.1986. “The Nose Knows”. The New York Review (20 de noviembre): 24-26. Aftel, Mandy.2001. Essence and Alchemy: A Book of Perfume, Nueva York: North Point Press, Farrar Straus and Giroux. Aristóteles.1984. The Complete Works of Aristotle, Compilado por Jonathan Barnes. Princeton: Princeton University Press, Bollingen Series. Bedichek, Roy.1960. The Sense of Smell, Londres: Michael Joseph. Bourdieu, Pierre.1984. Distinction, Cambridge, Massachusetts: Harvard University Press. Classen, Constance.1993. Worlds of Sense: Exploring the Senses in History and Across Cultures, Londres: Routledge. -, 1998. The Color of Angels. Cosmology, Gender and the Aesthetic Imagination, Londres: Routledge. 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Me gustaría agradecer el apoyo de Annette Green; asimismo doy las gracias a Sharon Byer, Constance Classen, David Howes, Kathleen Murphy y Joseph Smucker.1 Desde que apareció por vez primera este artículo, se han publicado numerosos libros sobre el olfato, a saber: LeGuérer (1992), Dorland (1993), Vroon (1997), Watson (1999), Aftel (2001); en 2003 se publicará Howes. Ninguno de estos autores es sociólogo/a, pero LeGuérer, Dorland y Howes son antropólogos y Vroon es psicólogo/a. Los trabajos de Classen (1993; 1998) y (debo admitir) Synnott (1993) son en particular útiles en lo que se refiere a los sentidos en general. Classen, Howes y Synnott son coautores de Aroma: The Cultural History of Smell (1994).2 El lugar que ocupan y la evaluación de los sentidos se discuten más ampliamente en Synnott (1993).3 Hay excepciones, entre ellas los quesos, y algunos quesos más que otros.4 Por ello, “Reynolds Tobacco” ahora le pone una fragancia de vainilla a sus cigarrillos. Los efectos físicos en los fumadores y otros que inhalan el humo a su alrededor serán similares, es decir, cancerígenos. Pero se espera que la reacción emocional del público sea diferente, ya que el olor será codificado de manera distinta y por ende, el significado será diferente. La gente seguirá enfermándose, pero no se sentirán tan mal por ello; “Reynolds Tobacco” tampoco se sentirá mal.5 En esto, el olfato se parece a la vista: la belleza, el verse “bien” se equipara con el bien, la verdad y muchas virtudes y cualidades positivas, mientras que la fealdad, el verse “mal” se equipara con el pecado (“feo como pegarle a Dios”) y con atributos negativos ( cfr, Synnott, 1993).6 Hitler y Stalin son dos ejemplos de individuos generalmente considerados malos; la mayoría de los norteamericanos los define en términos negativos. No sugiero que en realidad hayan olido “horrible” en términos químicos, como se pudo haber determinado por exámenes de investigación o anécdotas. Aquí se discute el olor simbólico, no el químico. Pero sí les atribuimos malos olores a las personas malas o faltas de moral, a las que culturalmente definimos con términos negativos por no adherirse a las normas sociales. Es más, si odiamos a cierta gente, probablemente odiamos sus olores e incluso sus perfumes y fragancias; si la amamos, tendemos a amar su olor también. Si la belleza la determina quien ve al ser amado, la fragancia la determina la nariz de quien huele.7 En su discusión sobre el olor de la santidad, Gonzalez-Crussi, médico de profesión, cita una investigación donde se sugiere que por lo menos algunos de estos olores pueden haber sido causados quizá por una sobredosis de medicamento o, en el caso de Santa Teresa de Ávila, por la diabetes. En este caso, concluye, el olor a santidad tiene la fórmula CH 2 COCH 2 COOH. ¿Qué ya nada es sagrado? (1989: 78; cfr, Corbin, 1986: 244-5).8 El evaluar o decodificar los olores no es sólo subjetivo, también es relativo en términos contextuales. Un olor que es aceptable en una obra en construcción o en una granja o en un campo de juego no es necesariamente aceptado de igual manera en un auditorio, un autobús o una recámara, y viceversa.9 Maugham, a diferencia de Orwell, no era socialista. Pero su comentario “el hombre trabajador es nuestro amo”, es meramente ridículo, en especial porque lo escribió en 1930, durante la Gran Depresión. Su suposición de que las esposas de los trabajadores son “de lengua sarcástica” es innecesaria. ¿Por qué no dice que son muy trabajadoras? Y el no poder relacionar el baño matutino con “nacimiento, riqueza o educación” es otro ejemplo de culpar a la víctima. * 10 Puede ser que estos anuncios “sólo” sean bombo publicitario de los medios, pero subliminalmente sí refuerzan y recrean un clima de violencia contra las mujeres. Esta tradición es ya de por sí demasiado extendida y ruin, puesto que comprende a Jack el destripador, Ted Bundy, Marc Lepine y muchos otros.11 Para mayor información sobre MCS, consulte el sitio en la Internet de la National Foundation for the Chemically Hypersensitive.

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¿Qué significa que te lleguen olores?

¿Cómo funciona el sentido del olfato? – El sentido del olfato, al igual que el sentido del gusto, forma parte del sistema quimiosensorial, es decir, de los sentidos químicos. La capacidad para oler viene de células sensoriales especializadas, llamadas neuronas sensoriales olfativas.

Estas neuronas se encuentran en un pequeño trozo de tejido dentro de la parte de arriba de la nariz. Estas células se conectan directamente al cerebro. Cada neurona olfativa tiene un receptor olfativo. Las moléculas microscópicas liberadas por sustancias en nuestro alrededor, ya sea el aroma del café o los pinos del bosque, estimulan estos receptores.

Una vez que las neuronas detectan estas moléculas, envían mensajes al cerebro, y éste identifica el olor. El número de olores en el medio ambiente es mayor que el número de receptores que tenemos en la nariz. Por lo tanto, cualquier molécula puede estimular una combinación de receptores, y crear una representación única en el cerebro.

  • El cerebro registra cada una de estas representaciones como un olor particular.
  • Los olores llegan a las neuronas sensoriales olfativas de dos maneras.
  • La primera es a través de las fosas nasales.
  • La segunda es a través de un canal que conecta el techo de la garganta con la nariz.
  • Al masticar, los alimentos liberan aromas que llegan a las neuronas sensoriales olfativas a través de este canal.

Si el canal está bloqueado, por ejemplo, cuando la nariz está congestionada por un resfriado o la gripe, los olores no pueden llegar a las células sensoriales y estimularlas. Como resultado, se pierde gran parte de la capacidad para disfrutar del sabor de la comida.

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De esta manera, los sentidos del olfato y del gusto trabajan en estrecha colaboración. Sin las neuronas sensoriales olfativas, los sabores familiares, como el del chocolate o las naranjas, serían más difíciles de distinguir. Sin el olor, los alimentos nos suelen parecer desabridos y con poco o ningún sabor.

Algunas personas van al médico porque piensan que han perdido el sentido del gusto, y se sorprenden al saber que en realidad han perdido el sentido del olfato. El sentido del olfato también se ve influenciado por lo que se llama “el sentido químico común”.

¿Qué significa sentir el olor a jazmín?

Usos del jazmín en marketing olfativo – Dice la leyenda que un humilde jardinero toscano recibió una planta de jazmín proveniente de comerciantes persas. Fascinado por su olor, una noche se animó a cortar un ramo y regalárselo a la mujer que amaba. Tal fue el éxito de la fragancia, que la mujer aceptó su petición de matrimonio y jamás se separó de él.

Esta leyenda nos confirma la fuerte influencia del aroma del jazmín para despertar sentimientos de amor, confianza y bienestar. El jazmín tiene el olor de un hechizo amoroso y seductor. De hecho, esta leyenda inspiró la tradición toscana, en la que se incluyen flores de jazmín en las ceremonias matrimoniales.

Por ello, utilizar el aroma a jazmín puede ser muy interesante para negocios relacionados con el amor, la seducción y el compromiso, Tiendas de vestidos de novia, joyerías, wedding planners, salas de ceremonias, restaurantes de ambiente romántico, suites de hotel Utilizar este aroma favorecerá un ambiente todavía más romántico y embriagador, haciendo que los clientes se sientan cómodos e inspirados, naturalmente volcados a disfrutar de la experiencia y dejarse llevar.

  1. Pero más allá de sus efectos relacionados con el amor, otra de las cualidades del jazmín es favorecer estados emocionales de calma y bienestar,
  2. Su delicioso aroma relaja cuerpo y mente, y puede ser muy útil para negocios que deseen generar estas emociones en sus clientes.
  3. Ejemplos de ello podrían ser balnearios y spa, centros de fisioterapia, espacios de masajes y terapias alternativas, nutricionistas, y, en definitiva, todos aquellos profesionales que traten la salud y el bienestar de las personas y deseen potenciar aún más sus tratamientos con el uso del marketing olfativo.
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En este tipo de negocios, el aroma del jazmín será prácticamente imprescindible para lograr los efectos mencionados. Si es tu caso, en Fenpal crearemos el aroma personalizado para tu negocio, combinando notas de jazmín con otras fragancias que conviertan el aroma de tu empresa en único, identificable e irresistiblemente efectivo, Digital 2023-06-12T14:09:49+00:00

¿Qué significa el olor a lirios?

Características del lirio – Los lirios son flores elegantes, principalmente por su tallo alargado. ¡Su tamaño puede variar de 40cm hasta casi 2m! A diferencia de otras flores, a los lirios no les gusta mucho el sol, por eso es preferible colocarlos a media sombra o sombra completa, pero nunca recibiendo el sol directo.

¿Qué significa oler algo que no está?

¿Qué provoca las alucinaciones olfativas (fantosmia)? – Respuesta de Jonathan Graff-Radford, M.D. Una alucinación olfativa (fantosmia) te hace detectar olores que no están realmente presentes en tu entorno. Los olores que se detectan en la fantosmia varían de una persona a otra y pueden ser agradables o desagradables.

  • Puedes detectar los olores con una o ambas fosas nasales.
  • El olor “fantasma” puede parecer estar siempre presente o puede ir y venir.
  • La fantosmia puede ser causada por una lesión en la cabeza o una infección de las vías respiratorias superiores.
  • También puede ser causada por el envejecimiento, traumatismos, convulsiones del lóbulo temporal, senos paranasales inflamados, tumores cerebrales, ciertos medicamentos y la enfermedad de Parkinson.

La fantosmia puede ser consecuencia de la infección por COVID-19, Habla con tu proveedor de atención médica si tienes síntomas de fantosmia, para que pueda descartar otros trastornos subyacentes graves que puedan causar alucinaciones olfativas. La parosmia es otro trastorno del olfato que es similar a la fantosmia.

¿Qué es la fantosmia y cómo se cura?

¿Qué es la fantosmia? La fantosmia es una disfunción del olfato que hace que quien lo padece perciba olores que los demás no perciben, es decir son una especie de ” alucinaciones ” olfativas. El tipo de olor percibido suele ser normalmente desagradable, como por ejemplo a podrido, a química o a agua estancada.

¿Cómo saber si huelo bien o mal?

Un truco simple – Una forma más de poder saber si hueles mal es oler por un tiempo algo a lo que no estés acostumbrado. Compra una crema o algo parecido, ponla en un dedo y huélela por un par de minutos. Lávate las manos después y huele tu cuerpo. Quizá notes olores distintos,

¿Cómo es el olor a lavanda?

El olor de la lavanda – La lavanda es un ingrediente muy apreciado en la perfumería actual que ofrece notas persistentes florales, aromáticas frescas y con ciertos matices que recuerdan a la familia amaderada, aportando un fragante aroma y una intensidad inconfundible.

¿Cómo es el olor de las gardenias?

Disfruta de los mejores perfumes con Gardenia – La Gardenia natural posee un aroma embriagador y a la vez elusivo como todas las flores tropicales, con un punto hipnótico. El olor de la gardenia, en comparación con la tuberosa, exhibe notas verdes, cítricas y frutales, y un acorde final a champiñón mojado.

¿Que transmite el jazmín?

El simbolismo del jazmín – Veamos juntos los diferentes significados que el jazmín puede aportar a un ramo o composición. El simbolismo del jazmín son la pureza, la sencillez, la modestia y la fuerza. Por lo tanto, los símbolos son muy variados, desde el amor, la belleza y la sensualidad, hasta la prosperidad y la suerte en algunas culturas.

  1. También existe el uso del jazmín en las ceremonias religiosas, donde se utiliza como símbolo de pureza.
  2. En Pakistán, donde el jazmín es la flor nacional, los novios llevan una guirnalda de jazmín blanco y rosas rojas en la ceremonia de boda.
  3. Esta mezcla de jazmín y rosa también se utiliza en otras ceremonias importantes como los entierros.

En Filipinas, las guirnaldas de jazmín se usan durante las ceremonias religiosas. El jazmín también se llama Belleza de la India o Dulzura de la Toscana. En Indonesia, es también, como en Pakistán, durante las ceremonias de boda que la flor se exhibe con orgullo,

¿Por que huelo flores?

¿Por qué las flores tienen perfume? Las flores producen un agradable aroma para atraer a polinizadores como pájaros, murciélagos, abejas o mariposas. La fragancia proviene de aceites esenciales que secretan desde sus diferentes estructuras: glándulas, pelos glandulares y tricomas. Además de atraer polinizadores, éste sirve para protegerse de algunas enfermedades y ahuyentar depredadores.

¿Cuál es el lenguaje de las flores?

El lenguaje de las flores, o floriografía (un término poco utilizado) es un método de comunicación a través de las flores o de los arreglos florales que se regalan, para transmitir un mensaje o un sentimiento que es difícil de expresar con palabras ; a menudo se trata de un mensaje de amor.

¿Por que huelo mal tan rápido?

Hiperhidrosis – Explicada por la Clínica Mayo como la sudoración anormal y excesiva que no necesariamente está relacionada con el calor o el ejercicio, la hiperhidrosis puede interrumpir las actividades diarias y ocasionar ansiedad social y vergüenza.

¿Cómo se llama el mal olor de la boca?

El aliento desagradable comúnmente se denomina mal aliento o halitosis.

¿Qué representa el perfume?

¿Qué provoca un perfume? – Emociones, recuerdos y ¡atracción! Ahí está la respuesta a por qué me gustan tanto las fragancias : los olores provocan cambios inesperados en las personas. Aquí te contamos los 7 efectos de los perfumes:

Los olores provocan recuerdos

Las personas recuerdan el 5% de lo que ven ¡y el 35% de lo que huelen! Ciertos aromas específicos pueden reactivar tus recuerdos más felices ¿lo habías notado?

Las fragancias evocan sentimientos

Amor, energía, felicidad, asombro, paz, sensualidad e incluso poder. Seguramente te ha pasado antes: sientes el aroma de una persona e instantáneamente quieres conocerla mejor. Los perfumes pueden tener un efecto sumamente poderoso.

Los perfumes generan impresiones

Sin darnos cuenta, a veces juzgamos a las personas en función de su aroma. Algunas investigaciones científicas han demostrado que las percepciones sobre cómo es una persona cambian según la fragancia que usa.

Los aromas pueden cambiar tu forma de actuar

Esto se relaciona con las impresiones que causan los perfumes. Es decir: usar la fragancia correcta puede darte más posibilidades de conseguir un trabajo reñido ¡o un novio! Pero esto ya lo saben los desde hace varios años. Seguramente habrás notado los aromas que usan las tiendas para atraer a sus potenciales clientes.

Las fragancias mejoran el bienestar mental

Hay aromas que pueden calmar la mente y el cuerpo, alejar la ansiedad y mejorar nuestro enfoque en el presente. Llevar un buen perfume te hace sentir bien y, por lo tanto, resolver mejor los problemas.

Los aromas generan atracción

¡Te hacen más deseable! Algunas fragancias actúan como feromonas haciéndote más atractiva para los demás. Así que la próxima vez que te preguntes por qué me atraen tanto los perfumes, ¡ya sabes la respuesta!

Los perfumes mejoran la salud en general

Reducen el estrés, mejoran la calidad del sueño, el estado de ánimo ¡y la autoestima! Todo ello nos lleva a vivir mejor y más saludables.

¿Qué dice en Efesios 5 2?

1 Sed, pues, a imitadores de Dios como hijos amados.2 Y a andad en amor, como también Cristo nos amó, y se entregó a sí mismo por nosotros, ofrenda y b sacrificio a Dios en olor c grato,3 Pero a fornicación y toda impureza, o avaricia, ni aun se nombre entre vosotros, como conviene a los b santos ; 4 ni a palabras indecentes, ni b necedades, ni relatos groseros, que no convienen; sino antes bien acciones de gracias.5 Porque sabéis esto, que ningún a fornicario, o b impuro, o avaro, que es idólatra, tiene c herencia en el reino de Cristo y de Dios.6 Nadie os a engañe con b palabras vanas, porque por estas cosas viene la c ira de Dios sobre los hijos de la d desobediencia,7 No seáis, pues, partícipes con ellos, 8 porque en otro tiempo erais tinieblas; pero ahora sois luz en el Señor; andad como a hijos de luz 9 (porque el a fruto del Espíritu es en toda bondad, y justicia y verdad), 10 comprobando lo que es agradable al Señor.11 Y no a participéis en las obras infructuosas de las b tinieblas, sino antes bien c denunciadlas,12 Porque es a vergonzoso aun hablar de lo que ellos hacen en secreto.13 Mas todas las cosas son visibles cuando son expuestas a la luz; porque lo que lo manifiesta todo es la luz.14 Por lo cual dice: Despiértate, tú que duermes, y levántate de entre los muertos, y te a alumbrará Cristo.15 Mirad, pues, con cuidado cómo andéis, no como necios, sino como sabios, 16 aprovechando bien el tiempo, porque los días son malos.17 Por tanto, no seáis insensatos, sino entendidos de cuál es la voluntad del Señor.18 Y no os a embriaguéis con vino, en lo cual hay desenfreno; antes bien, sed llenos del Espíritu, 19 hablando entre vosotros con a salmos, y con himnos, y cánticos espirituales, cantando y b alabando al Señor en vuestros corazones; 20 dando gracias siempre por todo al Dios y Padre, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo.21 a Someteos los unos a los otros en el temor de Dios.22 Las a casadas b estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor.23 Porque el marido a es cabeza de la mujer, así como Cristo es b cabeza de la c iglesia ; y él es el salvador del cuerpo.24 Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo.25 Maridos, a amad a vuestras esposas, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, 26 para a santificarla, habiéndola b purificado en el lavamiento del agua por la palabra, 27 a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa que no tuviese mancha ni arruga, ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mancha.28 Así también los maridos deben amar a sus esposas como a sus mismos cuerpos.

¿Qué dice Filipenses 4 18?

Page 8 –

  1. 1 Así que, hermanos míos, amados y añorados, gozo y corona mía, así firmes en el Señor, amados.
  2. 2 A Evodia ruego, y a Síntique exhorto, que sean de un mismo sentir en el Señor.
  3. 3 Asimismo te ruego también a ti, compañero fiel, que ayudes a las que trabajaron juntamente conmigo en el evangelio, con Clemente también, y a los demás colaboradores míos, cuyos nombres están en el,

4 Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez os digo: ¡Regocijaos! 5 Vuestra gentileza sea conocida de todos los hombres. El Señor está cerca.

  • 6 Por nada afanosos; sino sean dadas a conocer vuestras peticiones delante de Dios en toda y ruego, con acción de,
  • 7 Y la de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará vuestros corazones y vuestros pensamientos en Cristo Jesús.
  • 8 Por lo demás, hermanos, todo lo que es, todo lo, todo lo, todo lo, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay alguna, si hay algo digno de alabanza, esto pensad.
  • 9 Lo que aprendisteis y recibisteis y oísteis y visteis en mí, esto haced; y el Dios de paz estará con vosotros.
  • 10 Mas en gran manera me regocijé en el Señor de que ya al fin haya reflorecido vuestro cuidado de mí; de lo cual aún estabais solícitos, pero os faltaba la oportunidad.
  • 11 No lo digo porque me encuentre en la indigencia, pues he aprendido a con lo que tengo.
  • 12 Sé vivir, y sé tener abundancia; en todo y por todo estoy enseñado, tanto para estar saciado como para tener hambre, tanto para tener abundancia como para padecer necesidad.
  • 13 Todo lo puedo en que me,
  • 14 Sin embargo, bien hicisteis en participar conmigo en mi tribulación.
  • 15 Y sabéis también vosotros, oh filipenses, que al principio de la predicación del evangelio, cuando partí de Macedonia, ninguna iglesia participó conmigo en razón de dar y recibir, sino solo vosotros.
  • 16 Porque aun a Tesalónica me enviasteis una y otra vez para mis necesidades.
  • 17 No es que busque dádivas, sino que busco que abunde en vuestra cuenta.
  • 18 Pero todo lo he recibido, y tengo ; estoy lleno, habiendo recibido de Epafrodito lo que enviasteis, olor grato, sacrificio acepto, agradable a Dios.
  • 19 Mi Dios, pues, os proveerá de todo que os falta conforme a sus en gloria en Cristo Jesús.

20 Al Dios, pues, y Padre nuestro, sea la gloria por los siglos de los siglos. Amén.21 Saludad a todos los santos en Cristo Jesús. Los hermanos que están conmigo os saludan.22 Todos los santos os saludan, y mayormente los que son de la casa de César.23 La gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos vosotros. Amén. Escrita desde Roma por Epafrodito.

¿Cómo es el olor a rosa?

Intro al aroma de la rosa (I): Rosa fresca, toda fragancia. Posted by in ≈ * Rosa meditativa de Dalí Hay rosas de olor suave y delicado, rosas frescas o rosas melosas, rosas afrutadas o rosas muy especiadas, algunas variedades muy especiales tienen matices cítricos muy acentuados, algunas son de aroma primoroso mientras otras tienen una fragancia increíblemente decadente en realidad, hablar del aroma de la rosa es algo que roza la quimera; no sólo porque haya tantos olores como variedades o porque cada variedad tenga sus peculiaridades según el terreno en que se cultive sino porque a esta realidad de aromas varietales hay que contraponerle el ideal de rosa que cada uno de nosotros tenemos en mente.

Y esto que puede parecer en cierto modo una idea meramente romántica o subjetivista por aquello de que la memoria olfativa se va formando durante nuestra infancial primodialmente ( el perfume de la abuela, los jabones de tocador, el pot-pourrí de rosas que siempre había en el dormitorio, el agua de rosasetc) tiene un sentido más pragmático en perfumería.

La razón es un poco larga de explicar. Las rosas de jardín actuales, que son la referencia de lo que es una rosa en sentido general, apenas tienen olor y desde luego no es el tipo de olor que asociamos con los perfumes puesto que son variedades distintas a las que se emplean para extraer el aceite esencial.

Un caso singular: muchos de los aceites de rosa que se venden en Bulgaria al público general como souvenir, reproducen el olor de las rosas frescas del Valle pero no es un auténtico olor de aceite esencia de rosa damascena: reproducen un olor esperable, ideal para muchos porque es más intenso que el de las rosas que florecen normalmente en nuestro jardín.

Una pequeña genealogía de las distintas variedades de rosas es un post que estoy preparando dentro de esta serie dedicada al mundo de la rosa, pero por ahora sólo cito el dato. Así que, ese aroma de rosas casi imposible con el que algunos nos obsesionamos difícilmente pueda deberse a un rosa floreciente en un jardín, es más bien una suma de experiencias diferentes, muchas de ellas fruto de encontrarnos con productos que contienen moléculas relacionadas con los olores rosados lo que nos habrá llevado a eso.

  • Por eso en perfumería hay muchos tipos de rosas: muchas fórmulas,
  • Algunas recetas son para hacer una rosa achiprada, una orientalpero luego la cosa se complica: dentro de cada familia de fragancias se puede trabajar con una acorde de rosa moderna o antigua, con una variedad turca, india, rusa, francesa, etc, etc.

Así que algunas fragancias retratan rosas que para nosotros pueden resultar notas poco conocidas y poco legibles ya que no asociamos ese tipo de olor con la idea de la fragancia de las rosas que tenemos; del mismo modo que podemos cansarnos buscando un perfume de rosas porque nos encontramos con clichés de continuo: suave y empolvada, retro y fucshia, oscura y especiada Con todo hay aún jardines en los que florecen variedades de rosales antiguos muy fragantes.

Los aficionados a las rosas buscan y visitan estos jardines. Y por supuesto están las rosas silvestres con su difuso y fresco olor, poseen el aroma que mejor se identifica como el aroma de la rosa En términos generales, las rosas antiguas son muy fragantes, con un aroma muy terso y meloso mientras que las variedades modernas tienden a ser más dulces y más suaves, pero además suelen tener bastantes notas verdes.

Poniendo un ejemplo con perfumes: Idylle de Guerlain retrata un tipo de rosa antigua damascena, Sa Majesté la Rose de Serge Lutens gira en torno a la variedad centifolia pero tiene un olor de tipo más moderno y Woods of Windsor tuvo hace tiempo una fragancia de rosas silvestres bonita.

Señalada ya la diferencia entre ese olor ideal y los aromas varietales de las rosas, hay que aclarar que existen ciertos componentes característicos del perfil olfativo de la rosa, a este tema y al aceite esencial de rosa estará dedicada la segunda parte de la introducción al aroma de la rosa- ver -.

Mientras en este post quiero recordar los resultados de la investigación que Shiseido realizó para establecer el olor de las rosas en las diferentes fases de floración y clasificación de los seis tipos de esencias que describe dicha investigación, ya que resulta una guía breve y útil para comprender las diferencia entre las variedades antiguas y los híbridos de jardín modernos.

En cuanto a las fases de floración de la rosa y su relación con la fragancia, algo importante para establecer el momento óptimo para cortarlas, el estudio de Shiseido estableció cuatro fases: I. Los capullos de rosa tienen un alto contenido de dimetoxi-metil benceno por lo que tienen una nota fresca y verde muy enfatizada.

II.Los primeros momentos de la floración media-temprana se caracterizán por la armonía entre frescor y dulzura: es el mejor momento para cortar la rosa. III.El estadio de floración media-tardía implica la plenitud del aroma. IV. El estadio tardío que supone la decadencia de la flor.

Los 6 tipos de rosas que establece el estudio de Shiseido se basa en la agrupación general de características comunes en las esencias de varios grupos de rosas y lo que permite asimilar con rapidez es un tipo de perfil para distinguir entre una variedad más anciana o una variedad más moderna (más hibridada, aún): 1.

Esencia de rosa damasquina clásica (antigua): representa la típica esencia de rosa que combina los aspectos básicos de las variedades de las que nace este híbrido; la esencia intensa y dulce de la variedad centifolia que le da cuerpo y la exuberancia de la variedad gálica.2.Esencia de rosa damasquina moderna: se parece bastante a la clásica pero tiene un acabado más sofisticado y húmedo.3.Esencia de rosa de Té: la rosa de té es un híbrido del que surgieron las modernas variedades de jardín y su aroma se caracteriza por tener un olor refinado con una característica nota de base tipo violeta verde.4.Esencia frutal: combina características de la rosa de té y la damasquina clásica pero con acentos frutales tipo melocotón-albaricoque y manzana.

  • La damasquina clásica tiene notas frutales más tipo frambuesa-fresa-lichi.5.Esencia azul: siempre se ha intentado lograr una rosa azul y hasta el momento lo más lejos que se ha llegado es a los tonos malva-rosáceos,
  • Se caracterizan por combinar elementos de la rosa de té y elementos de la damascena moderna, por lo que su aroma es menos intenso, más sofisticado y empolvado.

Un ejemplo de este tipo es la rosa Charles de Gaulle.6.Esencia especiada: se caracteriza por un perfil fuertemente especiado tipo clavo propia de la damasquina clásica.

Lo más importante para comprender el aroma de la rosa es comprender la diferencia que señalaba al principio entre :-La idea del aroma de la rosa, algo que muchos describiríamos como muy agradable, tranquilizador, floral, dulce y difuso; algo que además podemos asociar con recuerdos concretos, probablemente con elementos del tocador de nuestras abuelas o nuestras madres. -El aroma verdadero de la rosa, que en cada variedad es diferente.Y es importante porque cuando se trabaja con aceite esencial de rosa se comprueba que el aroma de este producto es diferente al aroma de la flor fresca, y en el arte de la perfumería reside la maestría de recrear las notas que convierten a una idea difusa del aroma de la rosa en toda una fragancia.Al final, ya se sabe: de la rosa sólo nos queda el nombre

: Intro al aroma de la rosa (I): Rosa fresca, toda fragancia.

¿Qué significa cuando te llega el olor a canela?

Cuáles son los efectos del aroma a canela – Entre los efectos del aroma a canela destaca su capacidad de estimular la mente, Cuando se percibe su aroma se produce un cambio en el estado de ánimo y se generan más pensamientos positivos. Esto es perfecto para los negocios, ya que los clientes estarán más dispuestos a comprar o contratar los servicios ofertados.

  • La regulación del estado de ánimo que se produce gracias al olor a canela también es provechoso para centros de bienestar, en los que se busca que los clientes se vayan con ánimos renovados.
  • Las bibliotecas también son un lugar perfecto en el que utilizar el aroma a canela, ya que los pensamientos positivos también ayudan a tener una mejor concentración.

También es sabido que el aroma a canela fomenta la creatividad, Puede utilizarse en aquellos lugares en los que se requieren mayores estímulos mentales, como por ejemplo las oficinas. Las ideas fluirán con mayor facilidad, lo que mejorará el rendimiento y generará más ganancias.

Desde siempre, la canela se ha utilizado como estimulante sexual. Es considerado como uno de los afrodisíacos más efectivos que se conocen. Muchos hombres y mujeres los han empleado para despertar el deseo de otros y seducirlos. Los expertos de marketing olfativo conocen todos los efectos del aroma a canela.

Por eso lo han utilizado en negocios en los que sea importante crear un espíritu positivo, en los que haya que despertar el intelecto o seducir.

¿Qué significa sentir el olor a café?

¿Qué significa que huelas a café en la noche? – Si de la nada notas olor a café puede que un familiar que falleció y que le haya gustado tomar café en vida te esté visitando, se manifiesta en señal de protección y consuelo cuando no estes pasando un buen momento, incluso pueden intentar comunicarse.

  1. Te puede interesar: ¿Qué significa soñar con familiares muertos? Ahora bueno, también esto depende del momento del día donde la circunstancia acontezca.
  2. Si esto sucede a la tarde puede ser que te encuentres a punto de experimentar un suceso afortunado y ahí debes de mantenerte muy alerta de las vibras positivas y trabajar sobre ellas para sacar el mayor provecho.

Y si esto sucede a la noche puede ser que la persona que te gusta esté pensando en hablarte o estas a punto de comenzar una aventura. De cualquier manera, es importante que siempre te mantengas alerta si cuando vas a la cama pasa esto puede que la vida te esté a punto de sonreír con un nuevo amorío.