¿Qué país pertenece la Patagonia?

Buenos Aires queda tan lejos que parece no haber existido nunca. El viajero que se adentra en los paisajes de la Patagonia pierde su memoria urbana y siente que forma parte de un planeta asombroso. Antigua tierra de indígenas, colonos ganaderos y bandidos, el sur de Argentina y sus seis regiones (La Pampa, Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz y Tierra de Fuego) reúne una naturaleza imponente.

Desde la costa atlántica hasta la cordillera andina, pasando por bosques, tierras semiáridas y el don del agua en todas sus versiones. Arroyos, lagos, mares, glaciares y neblinas conforman un halo de nostalgia donde el fin del mundo es el inicio de la vida misma. Este viaje hilvana ese universo en tres etapas que visitan paisajes sobrecogedores: Bariloche y los lagos, Península Valdés y el Parque Nacional de los Glaciares.

San Carlos de Bariloche, considerada la capital turística de la provincia de Río Negro y puerta de entrada a la región de los lagos, suele ser la primera escala de todo viaje por la Patagonia. Ubicada en la ribera sur del lago Nahuel Huapi, la ciudad hace tiempo que se considera uno de los destinos de montaña –en verano e invierno– más famosos del país para los propios argentinos y para visitantes del resto del mundo.

  • Fuera de Argentina el nombre de Bariloche se asocia rápidamente al esquí y a lagos de impresionante belleza,
  • Observarlos desde lo alto de una montaña constituye el mejor prólogo para empezar a comprender la Patagonia.
  • Uno de los que ofrece un acceso más sencillo es el Cerro Campanario (1.050 metros), a 30 minutos a pie desde el centro de San Carlos y también conectado con telesilla.

La vista desde allí abarca los lagos Moreno y Nahuel Huapi, la laguna El Trébol y también las islas Victoria y Huemul, La combinación del azul del agua y el cielo, el verde de los bosques y el blanco de las nubes en constante movimiento sume al espectador en una ensoñación que tarda en desaparecer.

  1. Entre las montañas de Bariloche que destacan como referentes del esquí destaca el cerro Catedral, con 120 kilómetros de pistas,
  2. También las hay famosas entre los escaladores que buscan retos.
  3. Es el caso del Monte Tronador, de origen volcánico y con tres cumbres rodeadas por siete glaciares: el pico principal, de 3.491 metros, lo comparten Argentina y Chile; la cima chilena, de 3.320 metros; y la argentina, de algo más de 3.200 metros.

historias de origen tehuelche y puelche, los primeros habitantes de la región, cuya identidad quedó diluida tras la llegada de los mapuches. Todos los cerros guardan, bajo su nombre castellano y un manto de nieve y roca, A finales del siglo XIX y a lo largo del XX, los colonos españoles se adueñaron de la zona, así como una destacada comunidad de inmigrantes alemanes y suizos.

Tanto es así que San Carlos de Bariloche se ha situado como el máximo productor de chocolate del país. Junto al Centro Cívico de la ciudad se encuentran numerosas tiendas que venden chocolate en todas sus variedades. Para profundizar en este legado suizo-alemán basta con alejarse 25 kilómetros de San Carlos de Bariloche y visitar la Colonia Suiza, el primer asentamiento europeo en la región.

El Museo de Los Viejos Colonos muestra cómo en 1895 se instalaron aquí dos hermanos del cantón del Valais y empezaron a criar ganado y a cultivar hortalizas y frutas, Con el tiempo llegaron otras familias suizas que ampliaron la población. En la actualidad la Colonia Suiza es también conocida por el sabroso “curanto”, que consiste en asar carne y verduras sobre piedras ardientes dentro de un hoyo.

San Carlos de Bariloche es la sede del Parque Nacional Nahuel Huapi, el primero de Argentina. Su origen se remonta a 1903 gracias a la donación de tierras del perito Francisco Moreno, quien las había recibido del gobierno como agradecimiento a su labor de topografiar el país. Con 710.000 hectáreas, el parque se emplaza entre las provincias de Neuquén y Río Negro e incluye la localidad de Villa La Angostura.

Ahí empieza uno de los recorridos más conmovedores: el Camino de los Siete Lagos. Se trata del tramo de la Nacional 40 entre La Angostura y San Martín de los Andes, en el Parque Nacional Lanín; un recorrido de 110 kilómetros que pasa junto a siete lagos.

  • Fruto de ríos glaciares, el tono de estos lagos es de un azul intenso y sumergir los pies en sus heladas aguas equivale a sentir la voz de la naturaleza indómita.
  • Resulta recomendable recorrer el Camino de los Siete Lagos de sol a sol, dejando el lago Espejo para el final del día, cuando el ocaso despliega una sinfonía de colores,

A orillas del lago Nahuel Huapi, Villa La Angostura ofrece multitud de propuestas activas, como la excursión a las cascadas Dora y Santa Ana, ubicadas entre columnatas de basalto que semejan un gigantesco órgano emergiendo entre helechos y nubes de vapor.

  1. Cruzando en catamarán el lago Nahuel Huapi, en la península de Quetrihué se encuentra el Bosque Los Arrayanes.
  2. Con árboles de más de 200 años de edad, caminar por este bosque de tono marrón canela es como entrar en un pequeño cuento.
  3. El Bolsón ofrece otra curiosidad.
  4. Habitada por el movimiento hippy en la década de 1970, Al sur de Bariloche la población de sus calles aún desprenden un halo liviano, tomando rostro de New Age a través de tejidos, ferias orgánicas y el respeto por el entorno.

Entre las excursiones que parten de El Bolsón, destaca la llamada Cajón del Azul, que bordea el ensoñador paisaje del río Azul, pernoctando en refugios de montaña bajo las estrellas del hemisferio sur. De los Andes Patagónicos pasamos a la costa atlántica, donde los acantilados de la Península Valdés nos dan la bienvenida con su azul salado.

Es la voz del mar Argentino que, en este punto del mapa, convive entre el Golfo Nuevo y el Golfo San José. Ubicada en la provincia de Chubut, Península Valdés es una Área Natural Protegida, declarada Patrimonio de la Humanidad y compuesta por seis reservas naturales. En el pasado estaba habitada por los pueblos tehuelche.

Más tarde, la colonización galesa echaría raíces en la localidad de Gaiman, unos kilómetros hacia el interior. Y, a finales del siglo XX, el oceanógrafo Jacques Cousteau (1910-1997) se interesó por su gran tesoro: las ballenas, A diferencia de la Cordillera andina, donde el territorio está cuajado de cerros, glaciares y bosques, el paisaje de esta península está cincelado por el mar.

  • Es la meseta andina que se despliega en acantilados gracias a la erosión del agua.
  • Puerto Madryn y Puerto Pirámides son las principales localidades turísticas para explorar la zona y disfrutar de excelentes avistamientos de fauna marina.
  • Delfines, pingüinos, elefantes marinos, ballenas francas y orcas han hecho de este paraje un hogar donde el rumor del mar se confunde con los gritos de los animales.

Apareamientos y saltos, sonido y color, convierten al ser humano en un espectador minúsculo, ingenuo. Como dijo Paul Theroux en El viejo Expreso de la Patagonia (1979), el único trabajo del visitante en tierras patagónicas consiste en escoger entre lo diminuto y lo inmenso.

  • Delfines, pingüinos, elefantes marinos, ballenas francas y orcas han hecho de este paraje un hogar donde el rumor del mar se confunde con los gritos de los animales Para ver este espectáculo partimos de Puerto Pirámides rumbo al Golfo Nuevo.
  • El contacto con las ballenas se realiza desde una pequeña embarcación y, principalmente, durante la temporada de invierno del hemisferio sur,

Si queremos conocer otras especies marinas, hay que hacer base en Puerto Madryn, considerada la meca del buceo argentino, donde podemos sumergirnos junto a leones marinos y delfines. De aquí mismo nacen otras dos excursiones de interés: la Estancia San Lorenzo, 160 kilómetros al norte, que alberga una colonia de pingüinos de Magallanes ; y la Reserva Punta Loma, 17 kilómetros al sur, donde encontramos fósiles y playas ocupadas por grandes manadas de leones marinos.

Finalmente, nos despedimos desde Punta Delgada, que se asoma sobre el Golfo Nuevo. Allí un antiguo faro ofrece fantásticas vistas del océano. El aire atlántico nos empuja de nuevo hacia la espina dorsal del continente americano, regresando a la cordillera andina a través de la provincia de Santa Cruz.

El Parque Nacional de Los Glaciares, Patrimonio de la Humanidad desde 1981, posee una colección de colosales lenguas de hielo que descienden hasta los lagos, a diferencia de la zona de Bariloche donde los glaciares se localizan en las cotas más altas.

Como si de un valle de lágrimas se tratara, la composición de azules y blancos es imponente. La estrella de todos los viajes es el glaciar Perito Moreno, a 80 kilómetros del Calafate El Perito Moreno orquesta una filarmónica mística cada cuatro o cinco años, cuando desprende sus gigantescos bloques de hielo El Calafate, ciudad madre del lago Argentino, ejerce de base de todas las excursiones.

En esta localidad las edificaciones nórdicas aportan color a las panorámicas veladas por el blanco. ; los barcos que se acercan por agua zarpan desde Puerto Bandera. Se puede contemplar desde lejos, paseando por pasarelas y observando su frente de 5 kilómetros de longitud, aunque resulta mucho más emocionante caminar sobre su superficie helada.

Esta última opción revela la cara oculta de los glaciares: su blancura no es pura, sino azulada., que crujen como un cielo al borde de un Big Bang. Un eco único, que sobrecoge el cuerpo y el alma. El Calafate ofrece más emociones naturales. La excursión a bordo de un catamarán por el lago Argentino alcanza otros glaciares descomunales:el Upsala, el de mayor dimensión del área y el más extenso de Sudamérica con 50 kilómetros, y el Spegazzini, en la zona limítrofe con Chile y que, con 135 metros, dobla en altura al Perito Moreno.

Los barcos que recorren este sorprendente lago navegan junto a pequeños icebergs y alcanzan la bahía Onelli, un lago lleno de témpanos desprendidos de tres glaciares. Si el sol acompaña, su reflejo muestra una gama de azules completa. El sector norte del Parque de los Glaciares se visita desde la localidad de El Chaltén, a 215 kilómetros de El Calafate, pasando por el lago Viedma y el glaciar que lleva el mismo nombre.

Meca de escaladores, la población es famosa por ofrecer una de las mejores perspectivas del monte Fitz Roy (3.405 metros), que ofrece su cara oeste a la vertiente chilena. La montaña toma el nombre del capitán del buque HMS Beagle, Robert Fitz Roy, que recorrió la provincia en 1834, aunque para el pueblo tehuelche era Chaltén, la “montaña humeante”.

El cerro de granito es sólido y esbelto, con cimas punzantes que son coronadas por una neblina extraña, evocando un pasado indígena que solo la Patagonia entiende, Fantasía y desafío son las propuestas de esta zona andina mítica entre los escaladores de medio mundo por la dificultad que ofrecen sus picos para ser conquistados.

¿Quién tiene más Patagonia Argentina o Chile?

Los basicos – Liam Quinn / Flickr Dejemos una cosa clara de inmediato: la Patagonia argentina es mucho más grande que la Patagonia chilena. Dicho esto, no es de extrañar que la mayor parte de los destinos importantes de Patagonia se encuentren en Argentina. Los paisajes en Argentina van desde los fiordos andinos a los lagos de montaña a las llanuras aparentemente desoladas que conforman la pampa argentina.

A pesar de ser más grande que la Patagonia chilena, el lado argentino también es un poco más fácil de navegar, ya que los pequeños aeropuertos brindan servicio a los destinos patagónicos más preciados de Argentina, como el glaciar Perito Moreno, Tierra del Fuego, Península Valdés y Bariloche, La Patagonia chilena, como el propio Chile, es una franja de tierra larga y estrecha que es casi completamente montañosa con algunas llanuras costeras.

Si bien hay algunos aeropuertos dentro de la región patagónica de Chile, los viajes se manejan principalmente por tierra y por agua. Dicho esto, Chile es el hogar de algunos de los lugares más populares de la Patagonia, como su joya de la corona: el Parque Nacional Torres del Paine.

¿Dónde empieza y termina la Patagonia?

En Argentina – La Patagonia argentina actualmente comprende desde la cordillera de los Andes hasta el océano Atlántico, y desde el departamento mendocino de Malargüe y el río Colorado por el norte, hacia el sur, hasta las aguas ubicadas al sur del cabo de Hornos en el Pasaje de Drake,

  1. Delimitada de esta manera, los espacios terrestres de la Patagonia argentina suman 842 085 km², e incluyen al partido bonaerense de Patagones, las provincias de Neuquén, Río Negro, Chubut, Santa Cruz, y al sector sudamericano de Tierra del Fuego,
  2. Asimismo, gran parte de los territorios del oeste y sur de Provincia de La Pampa también mantienen el carácter patagónico, y suelen ser incluidos en dicha región.

Ellos son los departamentos de Curacó, Chical Co, Puelén, Limay Mahuida, Lihuel Calel, y Chalileo ; los que sumados, agregarían 61 361 km² a la superficie total de la Patagonia argentina, la que llegaría así a los 903 446 km², por lo tanto, el 78,18 % del total de la Patagonia.

¿Por qué Chile perdió la Patagonia?

ABSTRACT Through schools, newspapers, and military quarters from Argentina and Chile, it is taught that the neighbor country is always the expansionist and lands’ robber one. To argentinians, all lands to the south of the Bío-Bío belonged to Río de la Plata’s Viceroyalty, and therefore, they should be now argentinian; to chileans, the Patagonia/would have been owned by Chile until the 1881’s Treaty, which Chile/would have signed under pressure, since the Pacific War was taking place at that moment.

  • This article shows that both positions are untrue, since some documents, antecedents and royal dispositions haven’t been taken into consideration by these two countries; antecedents showing new information which supports the opponent positions.
  • Serious mistakes are described and explained through new documentary evidence, mistakes which are already standardized in both, argentinian’s and chilean’s historiography.

Las relaciones diplomáticas entre Argentina y Chile se han desarrollado durante muchos años sobre ciertas desconfianzas mutuas porque en cada país se ha enseñado la historia presentando al vecino como expansionista y sustractor de territorio. Y ello ha pasado de los mapas al manual, de allí a la escuela y la prensa, y finalmente a los pasillos de las cancillerías y embajadas.

Un buen ejemplo de estos desencuentros se reflejó en la Embajada Argentina en Santiago, el 6 de agosto de 1970, en víspera de las elecciones presidenciales en Chile. El embajador Javier Gallac invitó al candidato de la Democracia Cristiana, Radomiro Tomic. Se conversó sobre varios temas, incluyendo los asuntos limítrofes.

Tomic señaló al respecto: “En esta cuestión de límites existe siempre una gran sensibilidad y así como consecuencia de la Guerra del Pacífico -y de esto hace ya cien años- se mantiene en Perú y Bolivia una sensibilidad muy especial que nosotros los chilenos no podemos comprender, porque consideramos historia ya terminada.

“Usted, señor Embajador, habla con mentalidad de país vencedor; hemos tenido conflictos, aunque felizmente nunca hemos llegado a la violencia, y al vencedor siempre le es más fácil olvidar lo ocurrido que al vencido. En Chile usted va a encontrar mucha gente que piensa que hubo cancilleres y embajadores que no hicieron valer los derechos del país, que por eso perdimos la Patagonia”.

El embajador argentino escuchó atentamente estas palabras pero no pudo comprender muy bien de qué le hablaban. No conocía la Historia de Chile. No estaba enterado que Tomic estaba transmitiendo el pensamiento estandarizado en todas las escuelas y universidades chilenas.

Al contrario, las ideas que Gallac tenía en la cabeza, aprendidas también en el aula, pero de escuelas argentinas, eran exactamente inversas. Se apuró entonces a responder de acuerdo al lenguaje diplomático, y señaló que: “La coincidencia en esta materia era muy difícil de lograr, pues también del otro lado de los Andes había argentinos que pensaban que habían tenido embajadores flojos y cancillerías poco hábiles frente a una política activa, inteligente y coherente por parte de Chile con relación a los problemas limítrofes” 1,

Este diálogo, en su esencia, se ha reproducido numerosas veces en las relaciones bilaterales, no solo en el campo diplomático, sino también en el campo empresario, académico, profesional, militar, entre otros. Ello es así porque se ha estandarizado, en Argentina y Chile, una percepción del país vecino como expansionista y sustractor de territorio.

Cada día, millones de niños argentinos y chilenos estudian en la escuela con mapas históricos según los cuales la nación trasandina ha despojado al propio país de centenares de miles de kilómetros cuadrados de territorio. La causa de este despojo se encontraría en una cancillería entreguista, en una política exterior claudicante y en un vecino voraz y ambicioso.

Estas tesis no están restringidas a los historiadores militares, tan proclives a mostrar amenazas inminentes en los países vecinos para justificar sus reclamos de mayor presupuesto y carreras armamentistas. En efecto, estos mapas son publicados por los más prestigiosos historiadores actuales de la Universidad de Buenos Aires y de la Universidad de Chile.

También circulan en los manuales escolares de nivel básico y medio, avalados por los Institutos Geográficos Militares de Argentina y Chile y por los respectivos Ministerios de Educación. Además, han sido difundidos por las más prestigiosas editoriales de ambos países, como Editorial Sudamericana, en la Argentina, y la Editorial Universitaria, dependiente de la Universidad de Chile.

Los mapas y manuales argentinos aseguran que, hasta 1810, todo el actual sur de Chile pertenecía al Virreinato del Río de la Plata. Ello incluye los territorios ubicados al sur del río Biobío, incluyendo la Araucanía, la ciudad de Valvidia, la isla de Chiloé, todo el Estrecho de Magallanes y la Patagonia chilena.

  • De acuerdo al Tratado de 1856, que estableció el principio de Uti Possidetis Iuris, todos estos espacios debían pertenecer a la Argentina.
  • Sin embargo, Chile desarrolló una política fuertemente expansionista, con un hito clave en la fundación del Fuerte Bulnes (1843), lo cual le permitió apropiarse de territorios que no le correspondían.

Por su parte, los mapas y textos chilenos señalan que, hasta 1810, toda la actual Patagonia argentina pertenecía al Reyno de Chile. Aseguran que la frontera pasaba por los ríos Diamante (en el centro de la provincia de Mendoza), y por el río Negro. De acuerdo al Tratado de 1856, que estableció el principio de Uti Possidetis Iuris, todos estos espacios debían pertenecer a Chile.

Sin embargo, Argentina desarrolló una política fuertemente expansionista que se reflejó en la Campaña al Desierto del general Roca. El golpe de gracia se produjo en el Tratado de 1881, cuando la Chile debió comprar la neutralidad argentina en la Guerra del Pacífico a un costo de 1.000.000 de kilómetros cuadrados.

Chile debió cederle la Patagonia a la Argentina para evitar que esta se aliara con Bolivia y Perú. Tras confrontar las dos premisas anteriores se llega a una conclusión clara: alguien miente entre los historiadores del Cono Sur. O mienten los chilenos o mienten los argentinos.

Pero es imposible que ambos digan la verdad. Tenemos entonces un problema, porque existen afirmaciones falsas que se han difundido masivamente en ambos países. Esta irregularidad fue detectada por los gobiernos nacionales de Argentina y Chile, que convocaron a historiadores de Buenos Aires y Santiago para efectuar una revisión de los textos escolares, liderados por Luis Alberto Romero, Hilda Sábato y José Antonio Garretón.

Durante varios años los colegas trabajaron para tratar de resolver el problema. Finalmente, lograron algunos avances. Concluyeron que lo ideal es no mencionar los temas territoriales en los manuales escolares, pues por ese camino no se podrían conciliar los enfoques de las tradiciones historiográficas de cada país.

  1. La propuesta de Romero y Garretón es interesante.
  2. Efectivamente, casi la totalidad de los espacios que los manuales escolares dedican al país vecino, se restringe a las cuestiones territoriales y limítrofes.
  3. Sería muy conveniente dedicar ese espacio a otros temas comunes, como la historia del Ferrocarril Trasandino, los flujos migratorios, las redes de intelectuales y escritores, el intercambio comercial, las carreteras, los fenómenos deportivos y otros temas.

De todos modos, los estudios mencionados no han logrado resolver la cuestión de fondo. ¿Quién miente y por qué en la cuestión de los mapas y la evolución histórica de la frontera? Evidentemente, para resolver un problema de esta envergadura era necesario realizar una investigación profunda que tienda a resolver los siguientes puntos: Primero: cuáles eran los límites administrativos dispuestos por la Corona española entre el Virreinato del Río de la Plata y el Reino de Chile en vísperas de 1810.

Ello implicaba cruzar los documentos reivindicados por la cancillería chilena con las fuentes esgrimidas por el gobierno argentino en los debates territoriales. En este sentido había que superar las tendencias parciales de cada país, cuyos intelectuales procuraban minimizar los argumentos del otro, y enfatizar los propios.

Segundo: una vez detectado el mapa definido por el Rey antes de 1810, es necesario estudiar el proceso de deformación de los mapas. Hay que examinar qué historiador chileno inventó el mapa que atribuye a su país derechos sobre toda la Patagonia, y viceversa del lado argentino.

  • En resumidas cuentas, el objetivo del trabajo es describir y explicar el proceso por el cual se construyó en Argentina y en Chile una imagen distorsionada del país vecino, propuesta que luego se estandarizó a través de la escuela y la prensa.
  • Una vez alcanzado este objetivo, el paso siguiente es elaborar una propuesta superadora que se ajuste más a la verdad histórica y permita emplear el mismo mapa en los manuales escolares de ambos países.

La realización de esta tarea tiene un serio obstáculo: ¿cómo lograr un resultado imparcial? En efecto, si el trabajo lo realiza un investigador argentino, dentro de una universidad argentina, dirigido y evaluado por historiadores argentinos, puede ser acusado de priorizar los intereses de su país.

Y a la inversa si la tarea la realiza un historiador chileno dentro de Chile. Para superar esta dicotomía, se encargó este trabajo a un investigador argentino, profesor titular de una universidad argentina e investigador del CONICET. Con estos antecedentes, el autor se instaló tres años en Chile y realizó una tesis doctoral en la Universidad de Santiago, dirigida por el profesor chileno Joaquín Fermandois, profesor titular de la Pontificia Universidad Católica de Chile.

La tesis fue evaluada por un tribunal compuesto por un inglés y tres chilenos: el doctor Ian Thomson (CEPAL); la doctora Carmen Norambuena Carrasco, directora del Instituto de Estudios Avanzados de la Universidad de Santiago; el doctor Iván Witker, director de la Mención Relaciones Internacionales del Doctorado de dicha universidad y funcionario del Ministerio del Interior del Gobierno de Chile, y el mencionado doctor Fermandois.

La tesis fue aprobada por unanimidad, y en el momento de comunicar su resultado, el decano de la Facultad de Humanidades de la Universidad de Santiago señaló que la misma “marca un hito en nuestra historia nacional”. Además, adelantó que la citada facultad se iba a ocupar de la publicación de dicha tesis, compromiso que se cumplirá tal vez hacia fines de este año 2,

La tesis demostró que el Tratado de Límites firmado por Argentina y Chile en 1881 y los tratados posteriores (incluyendo el laudo del Beagle) se ajustaron al principio de Uti Possidetis Iuris de 1810. Es decir, respetó las divisiones administrativas dispuestas por la Corona española entre el Virreinato del Río de la Plata y el Reino de Chile.

  1. Argentina poseía la Patagonia en la época colonial y Chile poseía la Araucanía, Valdivia, Chiloé, el Estrecho de Magallanes, el Beagle y el Cabo de Hornos.
  2. Por lo tanto, ni Argentina ha despojado a Chile de territorio ni viceversa.
  3. Por razones de espacio, es imposible comprimir una tesis de 400 páginas en un artículo como el presente.

Pero se pueden seleccionar los aspectos más relevantes para el público de cada publicación. El autor ha elaborado un informe para publicar en Argentina, en el cual se dé a conocer aquellos aspectos que la historiografía chilena no ha considerado, para demostrar los errores de los mapas que actualmente circulan en ese país.

  1. Y a la vez, en el presente escrito, nos proponemos dar a conocer en Chile los fundamentos que muestran las falencias de los mapas que hoy circulan en los manuales chilenos.1.
  2. LOS MAPAS ESTANDARIZADOS Y SUS FUNDAMENTOS Los mapas que actualmente se han estandarizado en los manuales de Historia de Chile, explican la evolución territorial de ese país en una serie de documentos.

Como punto de partida, los historiadores chilenos consideran las Reales Cédulas de 1554, 1555 y 1558, por las cuales la Corona española dispuso que la Gobernación de Chile se extendía del desierto de Atacama hasta el Estrecho de Magallanes, con un ancho de cien leguas desde el Pacífico hacia el este.

Ese era el territorio original. Posteriormente, la Corona española separó de Chile la Gobernación de Tucumán, mediante Real Cédula de 1563; más tarde, el rey Carlos III hizo lo mismo con Cuyo, que fue incorporado al Virreinato del Río de la Plata en 1776. Pero, de acuerdo a la tradición historiográfica chilena, la Corona nunca separó la Patagonia del Reyno de Chile.

Por ende, hacia 1810, este territorio todavía pertenecía a la Capitanía General y, por ende, fue heredado por la República de Chile. Esta es la lectura compartida por todos los historiadores chilenos de la segunda mitad del siglo XX, incluyendo Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre y Sergio Villalobos.

  • Institucionalmente, esta tesis es compartida por los colegas de la Pontificia Universidad Católica de Chile, de la Universidad de Chile y la Universidad de Santiago.
  • Del lado argentino, la tradición historiográfica considera otros documentos.
  • Los más importantes son las reales cédulas por las cuales se implantó el sistema de intendencias en el Reino de Chile (1786), que quedó dividido en dos intendencias: la de Santiago y la de Concepción.

La primera se extendía del desierto de Atacama hasta el río Maule y desde la cordillera al Pacífico. La segunda se prolongaba del Maule hasta la Araucanía, desde la cordillera al Pacífico. Estas disposiciones habrían dejado sin efecto las reales cédulas de mediados del siglo XVI.

  • Además, al no existir la res nullius (tierra de nadie), todos los territorios del Biobío hacia el sur debían pertenecer el Virreinato del Río de la Plata hacia 1810.
  • Y por lo tanto, les correspondía a su heredero histórico, es decir, la República Argentina.
  • Con estos criterios se han elaborado todos los mapas que circulan en los manuales de las escuelas argentinas en las últimas décadas.

Autores como Diego Luis Molinari, Elena Chioza, Daniel Santamaría, Randel, Enrique Tandeter y Juan Suriano han aprobado, legitimado y difundido mapas con estos contenidos, a través de numerosas obras difundidas a través de EUDEBA, el Centro Editor de América Latina y Editorial Sudamericana, por dar algunos ejemplos.

Además estos mapas circulan en numerosos manuales escolares, con el aval del Instituto Geográfico Militar y del Ministerio de Educación de la Nación.2. LOS DOCUMENTOS HISTÓRICOS QUE LOS CARTÓGRAFOS NO TUVIERON EN CUENTA Tanto los historiadores argentinos como chilenos, al diseñar los mapas señalados, omitieron la consideración de documentos fundamentales de la época colonial.

Al no conocer esta información, los colegas se vieron empujados a incurrir en inexactitudes que luego se estandarizaron en sus respectivos países. La tradición historiográfica chilena no tomó conocimiento de la Real Cédula de 1570, por la cual la Corona prolongó el límite austral de la Gobernación de Buenos Aires, del paralelo 37º al paralelo 49º.

  1. Esta Real Cédula no fue conocida por José Miguel de Amunátegui, en su monumental obra de 1880.
  2. Al no conocerla, construyó de buena fe su tesis, conforme a la cual, sobre el filo de la Revolución de 1810, se hallaban perfectamente en vigencia los derechos del Reino de Chile sobre la totalidad de la Patagonia.

Por otra parte, ni los historiadores argentinos ni los chilenos han considerado completo el Corpus Documental Intendencial, a través del cual se produjo el asentamiento del sistema de intendencias en el Reino de Chile. Como hemos señalado antes, la Corona creó las intendencias de Santiago y Concepción, mediante documentos conocidos por todos los historiadores.

Pero lo que pocos han tenido en cuenta es que además de esas dos intendencias, la Corona creó también la intendencia de Chiloé, que iba de la Araucanía hasta el Cabo de Hornos, de la cordillera al Pacífico.1. La Real Cédula que Amunátegui no conoció La Corona generó, a favor de Juan Ortiz de Zárate, uno de los documentos más importantes de la historia de las jurisdicciones del sur de América.

Este documento fue desconocido por el principal estudioso chileno de la historia de las jurisdicciones territoriales con Argentina, Miguel Luis Amunátegui, lo cual desató una serie de problemas para interpretar la voluntad del Rey en torno a este delicado tema.

La accidentada trayectoria de los protagonistas de este título guarda relación con las dificultades que hubo en el siglo XIX para considerarlo. Conviene, por lo tanto, examinar los aspectos principales de la agitada trayectoria de este conquistador y su círculo más próximo, para poder, luego, comprender las vicisitudes que se desencadenaron con sus títulos.

El beneficiario de la Real Cédula de 1570, Juan Ortiz de Zárate, nació en Vizcaya, en el seno de una familia poderosa de la España del siglo XVI. Participó en la conquista del Perú, donde tuvo una destacada actuación. Logró hacer una buena posición socioeconómica y una familia expectante, especialmente con el nacimiento de su hija, Juana Ortiz de Zárate (1553-1584), que tendría un inesperado papel en esta historia.

  1. En el Alto Perú las vidas de ambos se cruzaron con la de Juan de Garay, otro personaje clave de esta agitada historia, el cual merece una digresión.
  2. Juan de Garay (1528-1583) había nacido en España, en el seno de una familia de relativamente baja extracción social.
  3. Su suerte cambió cuando resolvió viajar a América con su tío Pedro de Zárate, miembro de la comitiva del virrey del Perú, Blasco Núñez de Vela (1544).

Garay desplegó una activa labor en ese virreinato, donde logró construir una posición destacada para una persona de sus orígenes. Consiguió una satisfactoria inserción en Santa Cruz de la Sierra. Además, adquirió amplios conocimientos geográficos de la región debido a su participación en las expediciones que se realizaron por el actual noroeste argentino (1549-1550).

En estas empresas fue cofundador de la ciudad del Barco, posteriormente llamada Santiago del Estero. Garay ya se perfilaba como un caudillo expectante. En el Alto Perú estableció estrechos lazos con su pariente Juan Ortiz de Zárate, quien ya figuraba como encomendero importante de Charcas. Después Garay viajó a Asunción del Paraguay (1568).

Allí fue nombrado alguacil mayor. El gobernador le encargó realizar varias expediciones hacia el sur, con vistas a asegurar el control de la cuenca del Plata. En uno de estos viajes, Garay fundó la ciudad de Santa Fe (1573) y comenzó los preparativos para volver a fundar Buenos Aires 3,

  • Mientras tanto, Ortiz de Zárate también realizaba una carrera ascendente.
  • Como reconocimiento a los servicios prestados, el virrey del Perú lo nombró adelantado del Río de la Plata (1567).
  • A esta altura, su situación era la inversa a la de Rasquin: este había conseguido un título más importante, pues lo había emitido el Rey.

Pero Ortiz de Zárate tenía la ventaja de hallarse ya en tierras americanas, por lo tanto, estaba más cerca de su gobernación. De todos modos, había una situación ambigua, y Ortiz de Zárate necesitaba que la Corona le confirmase el título que le había concedido el virrey del Perú.

Tras una serie de gestiones, Ortiz de Zárate dejó a su hija en el Alto Perú y viajó a España. Allí logró finalmente la capitulación de julio de 1569, por la cual el Rey lo nombraba como adelantado con prácticamente la misma jurisdicción que Pedro de Mendoza, Alvar Núñez Cabeza de Vaca y Domingo de Irala 4,

El significado de la Real Cédula del 1 de junio de 1570 fue desplazar la frontera austral de la Gobernación del Río de la Plata, del meridiano 36° 57’ al 48° 21’ 15’’ de latitud sur. Es decir, ante la vacancia del territorio otorgado originalmente a Simón de Alcazaba (1534) y Francisco de Camargo (1539), la Corona española tomaba la decisión de confiar el mismo al único polo poblacional que exhibía capacidad para consolidarse en el Atlántico Sur.

En el documento de 1570, el rey de España no entregaba a la gobernación de Buenos Aires todo el territorio que originalmente había cedido a Alcazaba y Toledo. Este había recibido todo el espacio, entre los paralelos 37° y 48°, de océano a océano. En cambio, en la Real Cédula de 1570 solo se menciona el Atlántico, pero se hace silencio con respecto al litoral Pacífico, actitud coherente con los títulos que la Corona había emitido a favor de la Gobernación de Chile en 1554, 1555 y 1558.

Al conseguir las Reales Cédulas de 1569 y 1570, Ortiz de Zárate quedaba en condiciones de asumir una gobernación de creciente importancia en las Indias. De todos modos, tenía que organizar la expedición y ello no iba a resultar muy fácil. Esta recién estuvo lista en septiembre de 1572.

El viaje al Atlántico Sur estuvo plagado de problemas, con varios naufragios y muertes. Por fin, en 1574 llegó al Río de la Plata. En la isla Martín García se encontró con su antiguo amigo, Juan de Garay, entonces enviado por el gobierno de Asunción para buscar un lugar apto para fundar una ciudad sobre el Atlántico.

De este encuentro nació un estrecho lazo entre Ortiz de Zárate y Garay. Aquel inició su marcha hacia el norte, guiado por este. En las costas del actual Uruguay, Ortiz de Zárate fundó la colonia de San Salvador (30 de mayo de 1574), asentamiento de efímera existencia.

  • Luego remontó el río Paraná, y llegó a la ciudad de Asunción, donde asumió sus funciones como Gobernador del Río de la Plata.
  • Allí procuró cumplir con sus compromisos ante el Rey.
  • Pero su quebrantada salud limitó sus posibilidades.
  • Consciente de la cercanía de su muerte, Ortiz de Zárate elaboró un testamento en el cual reivindicaba a su hija, Juana Ortiz de Zárate, y establecía que su esposo sería el heredero de sus derechos, lo cual estaba previsto en las capitulaciones del rey Felipe II, pues el privilegio fue otorgado por dos generaciones.

Por otra parte, su hombre de confianza, Juan de Garay, fue nombrado tutor de su hija 5, Tras el fallecimiento de Juan Ortiz de Zárate (1576), Juan de Garay se dirigió a Charcas para informar de los acontecimientos a la hija de aquel, Juana Ortiz de Zárate.

  • Ella se había casado ya con Juan Torres de Vera y Aragón, oidor de la Audiencia local.
  • Una vez enterado de las novedades, Vera y Aragón reclamó sus derechos como Gobernador del Río de la Plata.
  • Para legitimarse resolvió viajar a España y obtener allí una confirmación real.
  • Mientras tanto designó a Juan de Garay como Gobernador provisorio del Río de la Plata, cargo que desempeñaría en su nombre durante varios años (1578-1583) 6,

Desde el punto de vista jurídico, las capitulaciones del rey Felipe II, por las cuales había extendido la jurisdicción de la Gobernación del Río de la Plata otras 200 leguas hacia el sur, desde el paralelo 36° al 48°, tenían una duración de dos generaciones; Ortiz de Zárate había fallecido, dejando la tarea a medias.

  1. Quedaba en manos de su sucesor legal, Vera y Aragón, cumplir su parte del contrato.
  2. En caso de no hacerlo, los títulos entrarían en una zona gris y se debilitarían jurídicamente.
  3. De allí entonces la importancia de su gestión.
  4. Vera y Aragón era consciente de su carrera contra el tiempo.
  5. Pero se hallaba ante enormes dificultades que retrasaban su misión 7,

Mientras tanto, Juan de Garay tenía que gobernar en su nombre la amplia región del Río de la Plata. La situación de Juan de Garay en la Gobernación del Río de la Plata, con sede en Asunción, era bastante precaria debido al carácter provisorio de su título, la prolongada ausencia del titular Vera y Aragón y las intrigas del virrey Toledo.

  • Además, Juan de Garay se encontró con un rival inesperado en el territorio.
  • Gerónimo de Cabrera venía de fundar Córdoba y de allí dirigió su mirada hacia el este, para asentarse en el Atlántico.
  • Cuando Juan de Garay procuró refundar una ciudad en el río de la Plata, se encontró con la expedición de Cabrera, que apuntaba al mismo objetivo.

Para evitar una confrontación directa, se resolvió trasladar el pleito a la Corona. A pesar de un panorama tan desalentador, Juan de Garay se abrió paso entre las dificultades. Organizó una expedición de grandes dimensiones para la época. Llevaba 1.000 caballos, 500 cabezas de ganado y 74 jefes de familia para fundar la ciudad de Buenos Aires por segunda vez (1580) 8,

En el acta fundacional, Garay señaló explícitamente que actuaba en el marco de los derechos que el Rey le había dado a Ortiz de Zárate. El documento dice textualmente que el acto se realizó: “conforme i al tenor de sus reales provisiones i capitulacion dadas i hechas con el mui ilustre adelantado Juan Ortiz de Zárate, difunto, su antecesor, i por virtud de la cláusula de su testamento i disposición por lo cual le sostituyó i eligió por sucesor, según que todo mas largamente por las dichas escrituras consta, a que me refiero, digo que, en cumplimiento de lo capitulado i asentado con su Majestad por el dicho señor adelantado Juan Ortiz de Zárate, i en lugar del dicho adelantado Juan de Torres de Vera i Aragon, nuestro señor”.9 Más adelante, el documento agrega que Juan de Garay: “en lugar del señor adelantado, el licenciado Juan de Torres de Vera i Aragon, en cumplimiento de lo capitulado con su antecesor, tomaba e tomó posesión de la dicha ciudad, e de todas estas provincias, leste oeste, norte i sur, en vis i en nombre de todas las tierras le fueron concedidas por Su Majestad en su adelantamiento a su antecesor” 10,

Nótese que Juan de Garay mencionó en varias oportunidades que actuaba de acuerdo a los derechos otorgados por el Rey a Ortiz de Zárate. En otras palabras, Garay estaba tomando posesión de las tierras que el Rey concedió a la Gobernación del Río de la Plata en la Real Cédula de 1570.

Posteriormente se verificaron otros actos en esta misma dirección. En 1581 el mismo Juan de Garay realizó una expedición para reconocer las costas desde allí hacia el sur, hasta llegar al sitio donde actualmente se encuentra Mar del Plata. Con este emprendimiento, Juan de Garay lograba coronar una fecunda gestión, pues participó en la fundación de tres ciudades argentinas (Santiago del Estero, Santa Fe y Buenos Aires).

Su espíritu lo llevó a nuevos viajes y exploraciones, hasta que en una de ellas resultó herido de muerte por los indígenas (1583). Se cerraba de esta manera una trayectoria plena de sobresaltos, propia de aquellos conquistadores. Mientras tanto, Vera y Aragón seguía con dificultades y muy tardíamente llegó a asumir sus funciones de Gobernador del Río de la Plata 11,

Con estos acontecimientos se cerró el ciclo de las dos generaciones de beneficiarios de las reales cédulas de 1569 y 1570. Desde la firma de estos documentos, los derechos de la Gobernación del Río de la Plata habían correspondido a Juan Ortiz de Zárate (1569-1576) y a Juan Torres Vera y Aragón (1576-1591).

En total fue una etapa de veintidós años, de los cuales los titulares apenas estuvieron cuatro años al frente de la Gobernación. Ninguno de los dos pudo afirmarse en el cargo. En su lugar hubo varias figuras, con distintos niveles de legalidad y legitimidad.

En algunos casos se llegó a cuestionar los títulos de estos adelantados. Esto llevaría a algunos historiadores del siglo XIX a considerar que las capitulaciones de Ortiz de Zárate fueron nulas, igual que las de Rasquin. Los hechos históricos muestran que hubo una acción legítima en el contexto jurídico de las reales cédulas de 1569 y 1570.

Ante la débil presencia de Ortiz de Zárate y su sucesor legal, Vera y Aragón, hubo una tercera figura que asumió el liderazgo en nombre de ellos. Juan de Garay se desempeñó en la Gobernación del Río de la Plata entre 1568 y 1583, primero como alguacil mayor y luego como gobernador provisorio.

En estos años Garay lideró una trascendente labor al ocupar los espacios y fundar ciudades. Con las realizaciones de Garay, Ortiz de Zárate y Vera y Aragón, entre 1569 y 1591 la Gobernación del Río de la Plata experimentó un sensible avance en cuanto a la ocupación real y efectiva del territorio. En esos años se fundaron las ciudades de Santa Fe (1573), San Salvador (1574, luego desaparecida), Buenos Aires (1580) y Corrientes (1588), tres de las cuales lograron consolidarse y generaron polos de desarrollo sociopolítico en la zona.

Además, se instaló ya una nueva dinámica en el área, con vistas a continuar la marcha hacia el sur. Ello se reflejaría poco después, durante la gestión del gobernador Hernando Arias de Saavedra, quien hacia 1605 organizó una expedición hasta el río Negro.

Los hechos mencionados muestran cómo las capitulaciones de 1569 y 1570, a diferencia de las Rasquin, no fueron documentos nominales, que perdieran su vigencia por incumplimiento por parte de los beneficiarios. Por el contrario, a partir de ellas hubo una significativa movilización de recursos humanos y materiales con la fundación de nuevas ciudades y un notable desplazamiento de la zona ocupada en forma real y efectiva, desde el punto donde se hallaba en 1569 (Asunción), hacia el sur (Corrientes, Santa Fe y Buenos Aires).

Como resultado de esta expansión, en 1617 fue preciso subdividir la extensa unidad política en dos nuevas gobernaciones, con sedes en Asunción y Buenos Aires respectivamente.2. La Patagonia y su nueva jurisdicción La Real Cédula de 1570 redefinió solo parcialmente la jurisdicción de la Gobernación del Río de la Plata o de Buenos Aires.

  1. Entre los paralelos 25 y 37, la jurisdicción se prolongaba teóricamente hasta el océano Pacífico; pero en este territorio se encontraban las ciudades chilenas, que se desenvolvían con total independencia de la Gobernación del Río de la Plata.
  2. A ello hay que añadir que, entre los paralelos 37 y 48, ningún documento de la Corona había establecido hasta entonces el límite occidental.

La definición de la frontera jurídica occidental de la Gobernación del Río de la Plata se realizó en el siglo XVII. La Corona dio el primer paso en 1617 con motivo de la división de la extensa jurisdicción rioplatense en las gobernaciones de Asunción y Buenos Aires.

  1. A propósito de esta medida, la Corona estableció en el oeste una frontera jurídica más acorde con la frontera imaginaria y la frontera real y efectiva.
  2. En efecto, la Real Cédula de 1617 desprendió de la Gobernación del Río de la Plata los territorios que hasta entonces había tenido sobre el Pacífico, entre los paralelos 25° y 37°.

En su lugar, estableció un nuevo límite occidental, en la Gobernación del Tucumán 12, Esta delimitación fue un avance, pero solo parcial. La Real Cédula de 1617 no ofreció mayores aportes para resolver el problema en la zona austral (entre los paralelos 37° y 48°).

Este silencio era comprensible, porque la Corona no tenía necesidad de preocuparse por especificaciones tan minuciosas. Pero cuando ello fue necesario, fue la misma autoridad metropolitana quien se encargó de resolver la cuestión. La oportunidad se presentó un siglo después, con motivo de un conjunto de medidas tendientes a regular las relaciones con los indígenas.

La Real Cédula de 1669 ordenaba al gobernador de Buenos Aires tomar medidas con respecto a los indígenas, atendiendo “que en los términos de aquella jurisdicción por la parte del sud, i confines de la cordillera e Chile, iprovincia de Tucumán, habían sido siempre habitados de un numeroso jentío de indios serranos ipampas bárbaros en el modo de vivir” 13,

Este documento brinda un avance importante, pues señala los dos límites occidentales de la Gobernación de Buenos Aires: del paralelo 37° hacia el norte, la Gobernación de Tucumán; del paralelo 37° hacia el sur, la cordillera de los Andes. Esta Real Cédula completa los datos de las capitulaciones de Ortiz de Zárate (1570), en cuanto al límite austral, y confirma el enfoque de Hernando de Montalvo (1587), sobre el límite occidental de la gobernación.

Entre las Reales Cédulas de 1570 y de 1669, la Corona española terminó de definir la frontera jurisdiccional de la Gobernación del Río de la Plata en la región austral: esta limitaba al este con el océano Atlántico, al sur con el paralelo 48° y al oeste con la cordillera de Chile.

  1. Este límite jurídico entre la Gobernación del Río de la Plata y el Reino de Chile en la zona austral se consolidó con un tercer documento, cuando la Corona emitió la Real Cédula del 21 de mayo de 1684.
  2. Igual que en el caso anterior, esta norma tenía como objetivo avanzar en la regulación de las políticas indígenas.

Por tratarse de un tema tan delicado, la Corona se vio en la necesidad de definir con toda claridad los límites de las jurisdicciones territoriales. El texto estaba concebido en los siguientes términos: “Desde esa ciudad de Buenos Aires, i costas del Río de la Plata, que miran al sur, hasta el estrecho de Magallanes, hai algunos centenares de leguas, pobladas con naciones de infieles” 14,

En esta primera parte del documento, el Rey ordenaba al gobernador del Río de la Plata que se ocupara de un problema que se estaba gestando en el territorio austral. Naturalmente, esta era una forma de ratificar la jurisdicción de Buenos Aires sobre estos territorios, tal como había establecido la Real Cédula de 1570.

Más adelante, el texto explicaba el problema de los indígenas y la insuficiencia de las políticas de asimilación efectuadas hasta el momento. El Rey señaló que los indios de la Patagonia eran “unos enemigos declarados de los españoles, por las hostilidades que en varias ocasiones se han hecho, otros no sujetos a mi obediencia, por no haber tenido quien les instruya en la vida cristiana, no obstante que por los años de 1673, Nicolás Mascardi, de la misma Compañía, corriendo las serranías de Chile i costas del mar del Sur, para atraer al conocimiento de la fe a los muchos infieles que las pueblan, dio vuelta a la cordillera nevada, que divide aquel reino de esas provincias, i la de Tucuman i en llanos que corren hacia el dicho rio hallo naciones que con veras pedian el bautismo, que les hubiera concedido si antes de instruirlos, no le hubieran los poyas, otra nación más barbara, dado muerte violenta”.

  • Este texto reforzó el contenido de la Real Cédula de 1669.
  • El rey volvió a señalar que la cordillera de los Andes separaba el Reino de Chile de la Gobernación de Tucumán en el norte, y de la Gobernación del Río de la Plata en el Sur.
  • Además, el monarca demostraba tener conocimientos de los viajes del padre Mascardi y destacaba la importancia de su acción misionera y exploratoria en la cordillerana y costas del Pacífico.

Luego señaló que el citado misionero cruzó la cordillera nevada “que divide aquel reino de estas provincias”. Es decir, el Rey consideraba que en su viaje a la Patagonia oriental, Mascardi había atravesado los límites de la jurisdicción de Chile e ingresado en la jurisdicción del Río de la Plata.

  • El monarca evitó censurar esta actitud pero le indicó al gobernador de Buenos Aires que tomase medidas para promover la evangelización de los naturales en el área indicada, o sea, en la Patagonia.
  • Con las capitulaciones de Pedro de Mendoza (1534) y Ortiz de Zárate (1570), la Corona entregó a la Gobernación del Río de la Plata una jurisdicción sobre el Atlántico de 400 leguas, que abarcaban del paralelo 25º al 48° 21’.
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Desde este lugar hasta el Estrecho de Magallanes (52°) el rey de España nunca entregó explícitamente jurisdicción a Buenos Aires. Por lo tanto, quedaba un territorio de 350 kilómetros, desde el confín austral de la jurisdicción rioplatense hasta el Estrecho, que no estaba formalmente bajo la jurisdicción de Buenos Aires.

Este criterio fue coherente con la decisión de la Corona de crear una gobernación autónoma en el Estrecho de Magallanes, objetivo fijado a la expedición de Sarmiento de Gamboa (1581-1586). El fracaso de la Gobernación del Estrecho de Magallanes generó una situación de abandono jurídico en el área. La expedición de Gamboa había anulado la jurisdicción de Chile sobre el área; además, la Gobernación del Río de la Plata tampoco llegaba a este lugar.

No había, por lo tanto, una definición clara de esta jurisdicción. Esta situación se mantuvo así durante varias décadas. Hasta que por fin la Corona resolvió reincorporar la zona del Estrecho a la jurisdicción del Reino de Chile. Así lo manifestó a propósito de la Audiencia de Chile.

En la erección de la misma (1609) no se mencionaron explícitamente los límites jurisdiccionales, pero sí se verificó este dato en documentos posteriores, como la Real Cédula de 1661 y en la Recopilación de Leyes de Indias (1680); con motivo de la puesta al día de la tradición jurídica española en América, la Corona consideró oportuno señalar los límites de la Audiencia de Chile.

Tal como hemos visto anteriormente, el documento de 1680 dispuso que la misma “tenga por distrito todo el dicho reino de Chile (.) dentro y fuera del estrecho de Magallanes y la tierra adentro hasta la provincia de Cuyo inclusive” 15, La delimitación de la jurisdicción de la Audiencia de Chile, dispuesta en 1680, fue un aporte fundamental para definir sus títulos en las fronteras de la Gobernación de Chile, tanto al sur como al este.

En la zona sur, este documento devolvió a este Reino plena jurisdicción sobre el Estrecho y zonas aledañas, títulos que se habían debilitado con motivo de la expedición de Sarmiento de Gamboa en 1581-1586. Por otra parte, este documento compatibilizó las fronteras jurídicas entre el Reino de Chile y la Gobernación del Río de la Plata.

En efecto, lo primero que salta a la vista en lo referente al límite oriental de la Audiencia de Santiago, es que las disposiciones del siglo XVII no utilizaban la forma original de las capitulaciones chilenas de 1554, 1555 y 1558. No mencionaba la proyección territorial de 100 leguas desde el Pacífico hacia el este como límite oriental de la jurisdicción ni en todo ni en parte.

  1. Tampoco aludía a las costas de la Patagonia ni al territorio entre la costa y la cordillera; se referían vagamente a “la tierra adentro”.
  2. La explicación es obvia a la luz de las reales cédulas de 1570, 1669 y 1684.
  3. Entre 1558, fecha del nombramiento de Villagra, y 1661, año de la delimitación oficial de la Audiencia chilena, la frontera jurídica en la zona austral había variado sensiblemente.

Tras estudiar el conjunto de los documentos emitidos por la Corona para gobernar América, los expertos de la Corte tuvieron que dar una nueva redacción a los límites jurisdiccionales de la Audiencia de Chile. Hubo que modificar la fórmula. No era posible conservar la tradicional mención de las 100 leguas.

  • Era necesario disponer de una expresión nueva, que dejara a salvo los títulos de Chile en el Estrecho y alguna forma de continuidad continental desde allí hasta la Araucanía y el Valle Central.
  • Pero sin atribuirle a Chile jurisdicción sobre la Patagonia, pues entre 1570, 1669 y 1684 esta había pasado, por decisión de la Corona, a depender de la gobernación del Río de la Plata.

A través de este proceso se consolidó la cordillera de los Andes como límite natural entre la Gobernación del Río de la Plata y la Capitanía General de Chile. En el siglo XVII, esta era una idea que se estaba abriendo camino también en Europa. Basta recordar cómo en aquellos años la Corona de Francia sostuvo la tesis del Rin como su frontera natural y realizó numerosas guerras para alcanzar este objetivo.

  1. De la misma manera, en América Meridional se aplicó un criterio parecido con la cordillera de los Andes.
  2. De todos modos, todavía quedaba un amplio margen de indecisión.
  3. Porque esta cordillera tenía un ancho que podía superar los 200 kilómetros.
  4. ¿En qué parte de la cordillera estaba el límite? Las montañas se transformaban automáticamente en zona litigiosa, jurisdicción territorial indefinida.

Allí donde hubiera montañas, más bajas o más altas, el límite no estaba claro. En cambio, donde no hubiera montañas, es decir, en las llanuras, la parte occidental era del Reino de Chile y la oriental de la Gobernación de Buenos Aires. Este criterio amplio solucionaba el problema de las misiones de Nahuel Huapi.

Al encontrarse entre las montañas, podían perfectamente estar sujetas al Reino de Chile, sin entrar en contradicción con las jurisdicciones territoriales dispuestas por la Corona. Así lo entendía el rey de España: cuando tuvo que expresar el valor jurídico de las misiones establecidas por Mascardi en el lago citado, la Real Cédula de 1684 engloba esta actividad junto a otras más.

El texto ubica a Mascardi “corriendo las serranías de Chile i costas del mar del Sur para atraer al conocimiento de la fe a muchos infieles que las pueblan”. Es decir, para el rey Carlos II, las misiones de Nahuel Huapi estaban todavía dentro de las serranías de Chile.

  • La Corona había avanzado bastante en el esclarecimiento de la frontera jurisdiccional entre el Reino de Chile y la Gobernación del Río de la Plata.
  • Estaba claro que la frontera se encontraba en la cordillera.
  • Pero no se especificaba la delimitación dentro de ella.
  • La Corona española no tuvo necesidad de definirlo.

El litigio iba a quedar para los siglos XIX y XX.3. La implantación de las intendencias en Chile y las fronteras jurídicas de este Reino La Capitanía General de Chile experimentó cambios institucionales profundos y simultáneos. En 1784 se inauguró el sistema de intendencias con una experiencia en Chiloé.

  • Dos años después, Carlos III dispuso otorgarle mayor autonomía al Reino de Chile con relación al Virreinato del Perú.
  • A partir de entonces se redujo el control de Lima sobre el Reino de Chile, que pasó a depender directamente de la metrópoli.
  • A la vez, la Corona generalizó el régimen de intendencias en Chile, encuadrado en el reglamento de la Real Ordenanza de Intendentes, dictada en 1782 para el Virreinato del Río de la Plata.

La creación de la Intendencia de Chiloé marcó un hito importante en el proceso jurídico regional. La Corona designó a don Francisco Hurtado como gobernador-intendente de Chiloé por Real Título del 19 de mayo de 1784. Las instrucciones para el desempeño de este cargo fueron establecidas en un documento complementario, firmado un día después por Carlos III, en el cual se entregaban precisiones sobre el encuadre institucional de la flamante intendencia.

Este dependía en lo religioso del obispado de Concepción, mientras que en lo militar debía consensuar sus decisiones con el Comandante de Fronteras de Chile; en lo administrativo y en lo referente a la seguridad naval dependía directamente del virrey del Perú 16, El ministro Gálvez informó de esta novedad a la Capitanía de Chile remitiendo la Real Orden fechada en Aranjuez el 31 de mayo de 1784.

Este documento no establecía explícitamente los límites de la Intendencia de Chiloé. Pero el gobernador Hurtado, a propósito del padrón general de la isla de Chiloé, tuvo oportunidad de llenar este vacío. En mapa adjunto al citado documento, el gobernador de Chiloé establecía cuáles eran los límites de su jurisdicción: “al Norte es el Río Bueno, al sur el Cabo de Hornos, al Este la Cordillera de los Andes y toda la Tierra Firme e islas comprendidas entre estos tres rumbos, contiguas a la costa” 17,

  • La creación de la Intendencia de Chiloé en 1784, generó las condiciones para desajustes institucionales.
  • Se abrió entonces un lustro de agitación, en el cual los misioneros franciscanos tuvieron un papel relevante.
  • De acuerdo a Urbina Burgos, la administración de Hurtado como gobernador-intendente de Chiloé (1784-1789) fue “uno de los períodos más agitados y conflictivos de la historia insular, como fue precisamente el funcionamiento del nuevo sistema político administrativo de intendencias” 18,

La reforma político-administrativa se completó en 1787 con la creación de la Intendencia de Santiago y la Intendencia de Concepción. ¿Cuáles eran sus fronteras jurídicas? La Intendencia de Santiago se extendía desde el desierto de Atacama hasta el río Maule.

Por su parte, la Intendencia de Concepción tenía los mismos límites que el obispado homónimo. Este llegaba hasta el Biobío con algunos territorios cercanos al mismo, tal como muestra el mapa titulado Descripción del Obispado de la Concepción 19, Barros Arana lo explica en los siguientes términos: ” El presidente Benavides i el regente Alvarez de Acevedo opinaron que la capitanía jeneral de Chile se dividiese en solo dos intendencias, la de Santiago que se estenderia desde los confines australes del virreinato del Perú hasta las orillas del río Maule; i la de Concepción que comenzaría en este río para terminar en los últimos fuertes de la frontera araucana.

Conformándose a este dictamen, el nuevo virrei del Perú don Teodoro de Croix i el visitador Escobedo, por auto de 14 de enero de 1786 confirmaron esta division, i nombraron al brigadier don Ambrosio de Benavides intendente de Santiago con la superintendencia de toda la capitanía jeneral, i a don Ambrosio O’Higgins intendente de Concepción” 20,

  • La nueva estructuración administrativa del Reino de Chile fue el resultado de un proceso relativamente largo y consensuado entre las partes afectadas.
  • Fue propuesta por el presidente de la Capitanía General de Chile y adoptada por el virrey del Perú 21,
  • Remitida a España, fue convalidada por Real Orden de 6 de febrero de 1787 22,

Como se puede observar, esta disposición era solo parcial. Nada decía de los territorios australes, entre el Biobío y el río Bueno, lugar donde comenzaba la jurisdicción de la Intendencia de Chiloé según el primer gobernador-intendente, Francisco Hurtado.

Este tema ha sido deficientemente tratado por la historiografía chilena, porque, al parecer, Barros Arana no estaba informado de la creación de la Intendencia de Chiloé, tres años antes. Posiblemente el prestigioso historiador no conoció los documentos firmados por Carlos III y el ministro Gálvez en Aranjuez los días 19, 20 y 31 de mayo de 1784, a través de los cuales se creó la Intendencia de Chiloé, se nombró a Francisco Hurtado como gobernador-intendente, se le impartieron las instrucciones para cumplir su misión y se dio cuenta de ello a la Audiencia de Chile.

Entendemos que Barros Arana desconoció estos antecedentes, porque así se desprende de todo su enfoque sobre la cuestión de la implantación de las Intendencias en Chile 23, La interpretación de Barros Arana fue compartida por otros historiadores chilenos, entre los cuales cabe destacar a Francisco Encina 24,

  1. Este autor reprodujo casi textualmente partes enteras de la obra de Barros Arana, sin citarlo.
  2. Encina glosó sus palabras y muchas veces repitió sus mismos errores.
  3. Este enfoque se reiteró en otros autores que lo estandarizaron definitivamente en la tradición historiográfica chilena.
  4. Ello se reflejó en la obra de la especialista en la implementación de las intendencias en Chile, María Teresa Cobos Noriega (1978, 1980, 1986, 1989).

La autora coincidió con Barros Arana y Encina en cuanto al tema de los límites de estas intendencias 25, Las fronteras internas de la Gobernación de Chile, dispuestas con motivo de la organización de las intendencias de 1784-1787, fueron modificadas en los años posteriores.

En 1789 la Corona transformó la Intendencia de Chiloé en Gobernación. Sus límites se modificaron en la década siguiente, con motivo de la tercera fundación de Osorno (1796). La ciudad de Osorno había sido abandonada en 1604 como resultado del levantamiento general de las naciones indígenas. Durante casi 200 años este territorio quedó dentro del espacio controlado efectivamente por los mapuches, hasta que hacia fines del siglo XVIII los españoles volvieron a interesarse por esta tierra.

La iniciativa surgió desde el Reino de Chile. Allí estaban los recursos humanos y materiales, la energía y la decisión de recuperar esta espacio para afirmar las posiciones hispánicas en la Araucanía y facilitar el transporte y las comunicaciones entre Valdivia y Chiloé.

  1. La idea era relevante para mejorar los estándares de seguridad regional y promover la integración de los polos de desarrollo.
  2. Desde el punto de vista jurisdiccional, las autoridades sabían que Osorno se hallaba dentro de la Intendencia o Gobernación de Chiloé, lo cual despertó los recelos de Valdivia.

Terció en el debate Ambrosio Higgins, quien trató de eludir conflictos por jurisdicciones internas y propuso un plan de acción a la Corona. Esta aceptó la propuesta y autorizó a Higgins a avanzar en el proyecto de refundación de Osorno por Real Orden del 7 de diciembre de 1793.

  • En este documento “se le manifestaba que el Rey esperaba que tomara principalmente a su cargo la repoblación de Osorno, y que confiaba en su prudencia para prevenir los embarazos que pudieran surgir de la diversidad de opiniones e intereses de los gobernadores de Valdivia y Chiloé” 26,
  • Con gran sagacidad y delicadeza, el Capitán General de Chile persuadió a los demás gobernantes de la conveniencia general de contar con esta ciudad.

Higgins articuló los distintos intereses, consiguió el apoyo de Valdivia y Chiloé, de Santiago y Lima, y finalmente puso en marcha la tarea. La tercera fundación de Osorno se llevó a cabo con el aporte de colonos de distintas ciudades de la Intendencia de Santiago, la Intendencia de Concepción y de la Gobernación de Chiloé.

  1. De esta manera se reunieron los 427 cofundadores de la legendaria ciudad.
  2. El acto se formalizó por decreto de don Ambrosio, en el cual dejó establecido que esta ciudad dejaba de depender de la Gobernación de Chiloé y quedaba bajo “la sola subordinación y dependencias en sus casos al señor Gobernador Intendente de la provincia de Concepción, Tribunal de la Real Audiencia y Gobierno Superior y Capitanía General del Reino” 27,

Por otra parte, Higgins estableció que los límites de la ciudad de Osorno eran: “por el sur el río Maypue, en que termina la provincia de Chiloé, por el norte el río de Pilmaiquén, por el oeste la costa entre Río Bueno y Maypué, y por el este la gran cordillera” 28,

Como se ha examinado, la Intendencia-Provincia de Chiloé tenía como límites originales el río Bueno (40º 10’ latitud sur), el Cabo de Hornos (56º), la cordillera de los Andes y el océano Pacífico. Con este decreto, Higgins desprendió la sección norte de la Gobernación de Chiloé, pero esta mantuvo intacta su jurisdicción del río Maypué al Cabo de Hornos entre mar y cordillera.

En resumidas cuentas, la refundación de Osorno significó un cambio en la jurisdicciones internas del Reino de Chile, pues se redujo parcialmente la Gobernación de Chiloé en beneficio de Valdivia. Pero se mantuvieron intactos sus límites externos. La Capitanía General de Chile se extendía todavía del desierto de Atacama al Cabo de Hornos, entre el Pacífico y los Andes.

Estos eran los límites jurídicos establecidos por la Corona a través de sus autoridades competentes. El interés personal de don Ambrosio Higgins por el progreso de Osorno contribuyó indirectamente a generar nuevos títulos jurídicos en el área. Cuando Higgins fue promovido al Virreinato del Perú, Osorno todavía era una aldea débil y dependiente.

Muchos temían que si el nuevo Gobernador de Chile no exhibía el mismo celo que don Ambrosio por mantener esta ciudad, la misma correría el riesgo de desaparecer. Por este motivo, la Corona resolvió mantener la ciudad de Osorno bajo la jurisdicción directa del flamante virrey del Perú.

Esta medida se tomó con la expresa salvedad que solo tendría vigencia durante la gestión de Higgins como virrey. Una vez superada esta circunstancia, Osorno debía reintegrarse a la jurisdicción del Reino de Chile de acuerdo a la Real Orden del 1 de junio de 1798 29, Después de la caída y muerte de Ambrosio Higgins, la situación jurídica de Osorno volvió a la normalidad.

Por Real Orden del 28 de octubre de 1802 quedó en firme el retorno de esta ciudad a la jurisdicción plena de la Gobernación de Chile. En estas condiciones se produjeron la crisis revolucionaria de 1810 primero y la llamada “guerra a muerte” después. Superados estos conflictos, las bases que había echado don Ambrosio permitieron comenzar tempranamente el proceso de colonización de la región, especialmente con el asentamiento de los colonos alemanes en los alrededores del lago Llanquihue 30,

  • El significado de la refundación de Osorno fue completar definitivamente las fronteras jurídicas de Capitanía General de Chile y darles la forma que iban a mantener en 1810.
  • En efecto, entre 1796 y 1810 no se registraron nuevas alteraciones.
  • Por lo tanto, en el momento de producirse la emancipación, la Capitanía General de Chile estaba compuesta por la Intendencia de Santiago, de Atacama hasta el Maule; la Intendencia de Concepción, del Maule hasta el rio Maypué, y la gobernación de Chiloé (dependiente parcialmente del Perú), desde el Maypué hasta el Cabo de Hornos.

En todos los casos, el límite oriental era la cordillera de los Andes. El corpus documental intendencial de fines del siglo XVIII estaba olvidado en los debates diplomáticos de 1880. No lo tuvo en cuenta ni Amunátegui ni los polemistas de su época. Pero la situación era muy diferente a principios del siglo XIX.

  • En efecto, los patriotas y primeros gobernantes de Chile conocían perfectamente el citado corpus documental.
  • Por eso, en las constituciones de las décadas de 1820 y 1830, la clase dirigente chilena por unanimidad dispuso que Chile tenía exactamente los mismos límites que los acordados por las autoridades españolas con motivo de la implantación del sistema de intendencias: Chile se extendía del desierto de Atacama al Cabo de Hornos y de la cordillera de los Andes hasta el océano Pacífico.

Por otra parte, el corpus documental intendencial, junto con los documentos anteriores, determina con toda claridad que tanto el Estrecho de Magallanes como el Cabo de Hornos estaban dentro del Reino de Chile. No existe ningún documento colonial de semejante envergadura que atribuyera esos territorios al Virreinato del Río de la Plata.

  • Por lo tanto, el Tratado de 1881 se ajustó a derecho al reconocer para Chile el Estrecho de Magallanes y las islas al sur del Beagle hasta el Cabo de Hornos.3.
  • PRESENCIA REAL Y EFECTIVA EN LOS TERRITORIOS AUSTRALES Los mapas y croquis que representan la división territorial vigente en la época colonial, que actualmente circulan en las escuelas argentinas, aseguran que todos los territorios al sur del Biobío pertenecían, hacia 1810, al Virreinato del Río de la Plata.

En nuestra tesis hemos dedicado un amplio espacio a destacar todos los títulos que la Corona española emitió a favor del Reino de Chile, en los cuales incluyó todos los territorios australes hasta el Cabo de Horno, incluyendo el Estrecho. También hemos dedicado un estudio detallado para documentar la presencia chilena en Chiloé, Valdivia y Osorno, desde el siglo XVI hasta 1810.

  • Mediante abundante información, hemos enviado un mensaje a los historiadores y cartógrafos argentinos, para dejar en claro que es absurda y carente de fundamento la tesis que atribuye estos territorios al Virreinato del Río de la Plata.
  • En el presente artículo, dirigido al público chileno, nos proponemos demostrar la tesis complementaria, es decir, que así como el actual sur chileno jamás perteneció al Virreinato, la actual Patagonia argentina sí estuvo sujeta al gobierno de Buenos Aires, al menos desde 1570.1.

Buenos Aires y la posesión de las costas patagónicas En el litoral rioplatense-atlántico, el proceso de expansión hacia el sur experimentó un notable paralelismo cronológico con el centro y oeste de la actual Argentina. La ciudad de Buenos Aires no fue capaz de poner en marcha un proceso rápido y sostenido de ocupación de las tierras del sur, a pesar de los compromisos asumidos por sus autoridades ante la Corona.

  1. Basta recordar que la Real Cédula de 1570 sujetaba a Buenos Aires todos los territorios hasta el paralelo 48º.
  2. Sin embargo, las tierras australes no despertaron un interés permanente en las autoridades rioplatenses.
  3. En los siglos XVI y XVII las costas patagónicas se percibían como territorios desolados, carentes de riqueza (el menos para la tecnología disponible en la época) y poco adecuados para el asentamiento de los europeos.

Los navegantes que se aventuraron por esas latitudes elaboraron informes altamente insatisfactorios sobre las condiciones naturales de estas tierras. Los relatos enfatizaban el frío y el viento, el hambre y la sed que debían padecer los que recorrían las gélidas tierras patagónicas en busca de calor, refugio y alimento.

  • A ello se sumaba el mito de los indios presuntamente antropófagos y demás maldiciones.
  • El trágico viaje de Hernando de Magallanes y el triste fin de la expedición de Sarmiento de Gamboa fueron pilares fundamentales para la leyenda negra de la Patagonia.
  • Viajar a estas tierras se consideraba una aventura temeraria con riesgo de muerte o de sufrir padecimientos inenarrables.

Como resultado, las costas del sur permanecieron despobladas de europeos durante largo tiempo. El tradicional abandono de las costas patagónicas comenzó a revertirse a mediados del siglo XVIII, con la realización de algunas expediciones importantes para el reconocimiento de la región.

  1. El marco legal de ellas estuvo dado por las reales cédulas por las cuales se encargó al gobernador de Buenos Aires, Domingo Ortiz de Rozas, la realización de viajes exploratorios a la zona, a cargo de los padres Quiroga, Cardiel y Ströbel a la costa patagónica 31,
  2. Poco después tuvo lugar la expedición del piloto Jorge Barne, quien, con licencia del gobernador de Buenos Aires, exploró el puerto de San Julián (1752).

Elaboró un detallado diario de su viaje que luego presentó a las autoridades de Buenos Aires 32, Tras la llegada de Carlos III al trono español (1765-1788), los temas geoestratégicos se vieron jerarquizados dentro de la agenda imperial. En el escenario internacional, en estos años, “España abandona la política pacifista de Fernando VI y pretende retomar la iniciativa, inaugurando la política de emulación que le costaría la más grave decadencia de su historia” 33,

En este contexto, la Corona destinó crecientes sumas para financiar objetivos militares y políticos con la idea de hacer frente al expansionismo británico. Este criterio se hizo notar en distintas regiones de América, potencialmente vulnerables a un ataque inglés, como las costas patagónicas. Durante la gestión de Carlos III se reforzaron las medidas de seguridad y vigilancia en territorios que durante largo tiempo habían sido desatendidos por la Corona.

“Solamente en el año 1767 hemos identificado seis reales órdenes, y once en total, entre 1766 y 1770, dirigidas por el secretario de Estado, Julián Arriaga al gobernador de Buenos Aires, Francisco Bucarelli, sobre el tema de ingleses y franceses en el sur” 34,

  • La toma de conciencia sobre la importancia geoestratégica de las costas patagónicas tuvo dos disparadores principales: la Descripción del Reyno de Chile de Ambrosio Higgins (1767) y la Descripción de la Patagonia del jesuita Thomas Falkner (1774).
  • El primero de estos documentos ha sido mencionado varias veces en el presente estudio.

Tras una experiencia en la Araucanía, el autor viajó a Madrid y elevó al Rey una propuesta para promover el desarrollo y la seguridad en la región, dentro y fuera de los límites de la Capitanía General de Chile. Ya hemos explicado que para Higgins lo importante era abordar los problemas regionales en forma integrada.

Esta visión regional llevó al Marqués de Osorno a mirar más allá de las fronteras del Reino de Chile, con vistas a promover políticas más articuladas territorialmente. De allí su interés en la construcción de caminos y puertos para promover el comercio y la seguridad del imperio. Los circuitos comerciales de Chile con Asunción y Buenos Aires no escapaban a su mirada, lo mismo que los amagos británicos en las costas patagónicas.

Para prevenir esta amenaza, Higgins propuso tomar medidas concretas: “Para evitar a tiempo las malas consecuencias que pueden traer tales proyectos, me parece muy necesario que los españoles piensen sin perder tiempo en buscar dos puertos en la misma costa entre los 38 grados y 45, procurando fortificarse en ellos, y traer gentes para su población de donde se pudiere.

  1. La misma diligencia convendría se hiciese en la Bahía de San Julián, por los 49 grados, sin perder de vista al mismo tiempo la máxima de reducir a pueblos o poblaciones los indios de dicha costa, y interior de aquel vasto territorio”.
  2. Con una visión geoestratégica muy adelantada para la época, el futuro gobernador de Chile y virrey del Perú llamaba la atención sobre la importancia de las costas patagónicas.

A la vez, anticipaba que desde estos puntos se podían generar las condiciones para colonizar el interior de la Patagonia. Higgins propuso articular los asentamientos patagónicos con la línea de fortines que debía comenzar 150 km al sur de Buenos Aires y avanzar en dirección sudoeste, hasta llegar al volcán Villarrica, proyecto que ya hemos comentado.

Según Higgins, entre estos seis fortines y los tres puertos patagónicos se pondría en marcha un circuito comercial de singular potencial. El intercambio comercial con los indios les facilitaría progresar hasta convertirse en ciudades. Además, “sería fácil abrir entre ellos caminos y correspondencias”.

Desde el punto de vista religioso, “los misioneros tendrán por ambos lados protección y facilidad de extender la doctrina cristiana y los indios con estas disposiciones se hallarán por todos aquellos contornos con la precisión de reducirse a pueblos”.

  1. Las costas y tierras patagónicas quedarían, según Higgins, dentro de la jurisdicción de la Gobernación de Buenos Aires.
  2. En efecto, al especificar quién sería el responsable político de este proyecto, Higgins destacó “el conocido celo y eficacia del Excmo.
  3. Señor Gobernador de las Provincias del Río de la Plata, a cuya jurisdicción pertenecerá la costa patagónica y la Línea Fronteriza que se propone establecer” 35 : La propuesta de Higgins no fue aplicada inmediatamente por la Corona.

Pero fue un aporte al despertar de la conciencia territorial de la clase dirigente con relación a las costas patagónicas y su importancia geoestratégica. De esta manera Higgins contribuyó crear el clima propicio para que más adelante se tomaran medidas en esa dirección.

El interés por la Patagonia creció con la publicación de la citada obra de Tomás Falkner (1774). Esta tenía como objetivo demostrar que las costas patagónicas eran más adecuadas para un asentamiento estratégico que las Islas Malvinas. El texto llamaba la atención sobre el potencial de la región, su interés geoestratégico y su vulnerabilidad.

El autor alentaba a los ingleses a establecerse en la desembocadura del río Negro. De esta manera consideraba que se obtendría una ventaja decisiva en el Atlántico Sur, y a la vez, se echarían las bases para la captura de Valdivia, Valparaíso y, finalmente, el Reino de Chile 36,

Además, el ex misionero aseguraba que sería relativamente fácil tomar las ciudades de Montevideo y Buenos Aires, con pocas fuerzas (tal como se demostró en 1806). La difusión de la obra de Falkner, con estas amenazadoras propuestas, no tardó en generar inquietud en la Corte española, que se predispuso a tomar medidas para prevenir el asentamiento de la bandera británica en las costas de la Patagonia.

La tensión anglo-española se profundizó con la guerra de la independencia de EE.UU. (1776-1783). Al estallar el conflicto, España consideró que tenía la gran oportunidad para tomarse revancha de Gran Bretaña y devolverle las humillaciones que esta le venía dando desde la Armada Invencible (1588).

España colaboró informalmente con las trece colonias, sabiendo que Gran Bretaña trataría de tomar represalias. Los ingleses podían hacer sentir su fuerza en cualquier lugar del globo donde hallaren posesiones españolas. La Corona tuvo que reforzar todo su imperio, especialmente los territorios más vulnerables.

Uno de ellos era, precisamente, el Atlántico Sur, donde a la amenaza inglesa se sumaba el tradicional expansionismo de sus aliados, los portugueses. Esta era, por lo tanto, un área de especial importancia estratégica para el imperio español. Para fortalecer sus posiciones en la región atlántico-rioplatense, la Corona tomó tres decisiones fundamentales de carácter estratégico: creó el Virreinato del Río de la Plata (1776), envió un contingente armado a la región para enfrentar a los portugueses en la Banda Oriental (1777) y promovió los asentamientos en la costa patagónica (1779-1780).

La decisión de fundar los establecimientos patagónicos tuvo su antecedente en el informe de Ambrosio Higgins, tal como se ha señalado (1767). Una década más tarde, la idea se transformó en el proyecto que el secretario de Estado, conde de Floridablanca, presentó al ministro Gálvez, en el cual se propiciaba ocupar la boca del río Negro.

En pocos meses se dio forma definitiva a la propuesta y como resultado se erigieron los cuatro asentamientos australes: el fuerte de Nuestra Señora del Carmen de Patagones, en la margen izquierda de la desembocadura del río Negro; la villa de Puerto Deseado, el fuerte de San José, en la península de Valdés y la Nueva Colonia de Floridablanca, en la bahía de San Julián 37,

De acuerdo a lo señalado por don Ambrosio Higgins, estos pueblos debían tener dos objetivos: prevenir la invasión de ultramar y abrir camino a la dominación real y efectiva de la Patagonia. La propuesta de Falkner también mencionaba a los indios como aliados potenciales de la eventual colonia patagónica.

Algunos autores argentinos apoyan esta interpretación, como Navarro Floria, para quien “la verdadera finalidad de los fuertes de la nueva Superintendencia de la Costa Patagónica era servir de cabeza de puente para la conquista del interior del territorio y el sometimiento del indio, que era lo que se creía en peligro, siguiendo las sugerencias de Falkner y su editor” 38,

  • Otros autores dicrepan con este enfoque.
  • Para María Teresa Luiz, académica de la Universidad de la Patagonia Austral, la conquista de los indios “jamás estuvo dentro del plan de los asentamientos patagónicos españoles pues la finalidad era controlarlos simbólicamente” 39,
  • Desde el punto de vista jurisdiccional, la Corona también siguió el criterio del plan de don Ambrosio Higgins: los cuatro asentamientos patagónicos estuvieron dentro de la jurisdicción de Buenos Aires.

Todo el proceso de planificación, ejecución y administración de estos poblados se realizó a través del virrey del Río de la Plata. El ministro “Gálvez encontró un obediente ejecutor en (el virrey) Juan José de Vértiz. La abundante y densa correspondencia entre ambos revela un buen entendimiento, y Vértiz se muestra puntilloso en el cumplimiento de cada uno de los encargos ministeriales con su característica eficacia ilustrada” 40,

  • Los asentamientos costeros facilitaron la exploración del interior del territorio patagónico.
  • Desde allí era fácil avanzar hacia el oeste remontando los grandes ríos de la región, como el Colorado, el Negro y el Santa Cruz.
  • Francisco de Viedma (1737-1809) exploró el río Negro en busca del lugar más apto para los fuertes.

En 1782 Antonio de Viedma remontó el río Santa Cruz hasta la cordillera y descubrió el lago que lleva su nombre 41, En 1780 Basilio Villarino recorrió el río Colorado. Posteriormente, entre 1782 y 1783, Villarino y José de Goycochea remontaron el río Negro 42,

En su informe oficial, Villarino propuso establecer un asentamiento en la isla de Choele Choel, con la idea de promover el camino de Carmen de Patagones a Valdivia 43, El mismo levantó en ese lugar “una estacada con galpón, batería, etc., que más tarde llamará ‘fortaleza Villarino” 44, De esta manera se echaban las bases para una eventual ocupación de la Patagonia.

Los asentamientos patagónicos significaban una sensible ventaja geoestratégica y científica. A partir de ellos se descorría el velo que todavía ocultaba la naturaleza de esos territorios y se abría el camino a su ocupación y aprovechamiento económico.

Pero estas poblaciones también presentaban dificultades importantes. Las condiciones de vida de los pobladores eran muy penosas. Los vecinos se quejaban del frío, el viento y las dificultades para proveerse de bienes indispensables. Además, el abastecimiento desde Buenos Aires era insuficiente. Los barcos llegaban muy esporádicamente, lo cual generaba mayor sensación de aislamiento y marginación en los fuertes patagónicos.

A estos elementos se sumó un nuevo marco internacional. Los patriotas norteamericanos fueron abriendo el camino de la independencia. Tras la rendición de Lord Cornwallis en Yorktown (19 de octubre de 1781), la Cámara de los Comunes decidió terminar la guerra.

A partir de entonces comenzaron las negociaciones de paz, que se prolongaron otros dos años. Pero la suerte de las antiguas colonias inglesas ya estaba echada. La definición de la Guerra de la Independencia de EE.UU. aflojó las tensiones internacionales en general, e hispano-británicas en particular. La amenaza británica dejó de percibirse como un problema prioritario.

Este criterio se reflejó también en la región atlántico-patagónica. Como resultado disminuyó la importancia geoestratégica de los onerosos establecimientos costeros. A partir de entonces, muchos de ellos estaban condenados a muerte. El proceso que iba a desembocar en el desmantelamiento de las bases patagónicas comenzó cuando la Corona solicitó a Buenos Aires, por nota fechada el 15 de julio de 1781, medidas con las cuales pudieran “aminorarse los gastos de los establecimientos patagónicos, atendiendo las urgencias del erario real para la guerra y sucesos del Perú, reduciéndose a conservar lo poblado y no intentando por ahora ocupar otros puntos que San Julián y río Negro”.

La respuesta del Virrey fue contundente: en su opinión, no solo era conveniente detener el proceso expansivo hacia el sur, sino también retroceder hacia el norte, porque casi todos estos asentamientos eran un costo inútil para la Corona. Para Vértiz “el Puerto Deseado es muy angosto”, lo cual se agravaba porque “no hay en aquel terreno manantial de agua dulce” 45,

También propuso abandonar la bahía San Julián que “no ofrece ventajas para nuestra navegación y comercio”. Además, en ese lugar “no hay arbustos para leña ni árboles para hacer madera”. A ello debía añadirse que “el agua es salobre” y que “las semillas de las legumbres de Europa no nacen o no crecen” 46,

  1. El Virrey señaló también que “deberá abandonarse el puerto en la bahía de San José, pues los gravísimos costos que tiene la saca y conducción de la sal, sobre su desabrigo y aridez del terreno, hace inútiles los que se impenden en sostenerlos” 47,
  2. Para Vértiz, estos asentamientos “no son de utilidad alguna”.

De los cuatro establecimientos patagónicos, solo tenía sentido que “subsistiese el establecimiento del río Negro por lo mucho que se ha gastado en él, y porque puede de allí conducirse sal; pero reducido al fuerte a la cortísima población” 48, Desde un punto de vista general, Vértiz consideraba que la relación costo-beneficio no justificaba el mantenimiento de estos enclaves.

  • Los costos se podían calcular en numerario: “lleva S.M.
  • Gastados hasta el mes de mayo del año pasado de 1782, 1.024.051 pesos y 3 reales”.
  • A cambio de ello se disponía de cuatro puertos en zonas de muy difícil navegación, asoladas por el viento y el frío, donde no se podía cultivar la tierra y no había perspectivas de desarrollo comercial.

Según el Virrey, el abandono de los puertos de las costas patagónicas no resultaba peligroso, pues descontaba que potencias extranjeras hallasen utilidad en asentarse allí: “Parece imposible que ninguna nación intente esta empresa”, aseveraba Vértiz.

Sobre todo porque la escasez de recursos naturales determinaba que para poder mantenerse, cualquier asentamiento necesitare de un aprovisionamiento constante. Y ello solo era posible realizarlo desde Buenos Aires. “En un puerto de esta naturaleza no puede subsistir mucho tiempo una colonia, a menos que esta fuese socorrida desde el Río de la Plata con todos aquellos víveres que se juzgan de primera necesidad” 49,

Había otras razones no explícitas junto a estos argumentos. Para Navarro Floria hay que tener en cuenta también la situación personal del Virrey y el escenario regional del imperio. “Vértiz, ya anciano, veía más posibilidades de concluir bien su carrera aplacando una rebelión en un área central como el Alto Perú o preparando Montevideo contra un supuesto ataque inglés, que fomentando asentamientos y exploraciones en áreas marginales del imperio” 50,

Más allá de estas especulaciones, lo cierto es que el informe del virrey Vértiz fue lapidario para los asentamientos patagónicos. El ministro Gálvez dio curso a su propuesta y, finalmente, por Real Orden del 1 de agosto de 1783, la Corona aceptó la decisión de suprimir estos asentamientos con la excepción de Carmen de Patagones.

Este puerto se mantuvo como la única presencia efectiva y permanente de población “civilizada” en las costas patagónicas en los siguientes 80 años. Sobre el filo de la Revolución de 1810, el Virreinato del Río de la Plata no poseía más que un enclave en las costas patagónicas: este era Carmen de Patagones.

  • En el resto de los 1.200 kilómetros de litoral atlántico que la Corona había confiado a la tutela de Buenos Aires, no existían asentamientos estables.
  • Después de la crisis revolucionaria, las autoridades rioplatenses demoraron bastante tiempo en ocupar el territorio.
  • Los hitos principales fueron Fortaleza Protectora Argentina, luego llamada Bahía Blanca (1828); los pequeños asentamientos de Luis Piedra Buena en la isla de Pavón, en la desembocadura del río Santa Cruz (1859) y en la isla de los Estados (1862); la colonia galesa del Chubut, luego denominada Rawson (1865), y la efímera colonia Rouquaud (1872-1874).

La acción colonizadora de Buenos Aires en las tierras australes fue notablemente tardía. La Real Cédula de 1570 autorizaba a esta gobernación a descubrir y poblar todas las costas patagónicas hasta el paralelo 48o. Durante muchos años las autoridades del Plata no se interesaron por las costas patagónicas.

  • Este territorio se comenzó a valorar a partir de los escritos de Ambrosio Higgins (1767) y Thomas Falkner (1774).
  • Además, la rivalidad con Gran Bretaña agitó la amenaza de una invasión externa.
  • Ello motivó la fundación de cuatro asentamientos en la Patagonia (1778).
  • Tal como había propuesto Ambrosio Higgins, estos se hallaban dentro de la jurisdicción de Buenos Aires y desde allí se inició la exploración y ocupación del interior de la Patagonia.

De todos modos, las circunstancias resultaron desfavorables para el desarrollo de estos establecimientos. Sus costos eran muy altos para la Corona y sus beneficios escasos. Una vez resuelto el conflicto de las colonias norteamericanas y aliviadas las tensiones con Gran Bretaña, las autoridades españolas juzgaron que había desaparecido la principal causa de su existencia.

  • Tres de los cuatro asentamientos fueron desmantelados.
  • Solo se mantuvo en su lugar el fuerte de Carmen de Patagones, en la desembocadura del río Negro.
  • Esta situación no se revirtió en las tres décadas posteriores.
  • Por lo tanto, en vísperas de la Revolución de 1810, el Virreinato del Río de la Plata no controlaba efectivamente las costas patagónicas al sur del paralelo 41º.3.

El Tratado de 1881 y las tesis fundacionales La información mostrada en este artículo ha sido posible reunirla hacia el año 2000, a partir de numerosas investigaciones realizadas por los colegas a lo largo del siglo XX. Pero muchos de los documentos aquí mencionados, no eran conocidos en el siglo XIX.

  • Por lo tanto, cuando se produjo el debate diplomático que condujo a los tratados de límites, la situación era muy diferente.
  • En 1856 Argentina y Chile firmaron un Tratado, en el cual se pusieron de acuerdo en establecer los límites territoriales en conformidad al principio Uti Possidetis Iuris de 1810.

Es decir, cada nación iba a mantener todos los espacios que poseía en el momento de la Revolución. Para ello, era preciso estudiar los antecedentes de la época colonial. Historiadores, intelectuales, abogados y diplomáticos de ambos países se lanzaron a revisar los repositorios de Santiago, Buenos Aires y Sevilla en busca de las reales cédulas y demás documentos que avalaran las pretensiones de cada país.

  • Y a partir de estos elementos surgieron las tesis fundacionales.
  • Los chilenos, liderados por Miguel Luis Amunátegui pusieron especial énfasis en las reales cédulas de 1554, 1555 y 1558, por las cuales la Corona otorgó a la Gobernación de Chile un ancho de 100 leguas desde el Pacífico hacia el este.
  • Cabe destacar que Amunátegui no conoció la Real Cédula de 1570 ni la Intendencia de Chiloé de 1784.

Por lo tanto, concluyó que toda la Patagonia pertenecía a Chile en 1810 y por ello debía conservarla en el Tratado de 1881. Los historiadores argentinos no tuvieron una obra comparable a la de Amunátegui. La defensa de los derechos nacionales estuvo mucho más fragmentada entre pequeños aportes de Pedro de Angelis, Frías, Vélez Sarsfield, Quesada, entre otros.

  • Ellos tampoco conocieron la documentación referida a la Intendencia de Chiloé.
  • En cambio sí conocieron la Real Cédula que creaba la Intendencia de Concepción, a partir de la cual levantaron la tesis que el límite sur del Reino de Chile se hallaba en el río Biobío.
  • Por lo tanto, muchos teóricos argentinos afirmaron que desde la Araucanía hacia el sur todos los territorios pertenecían al Virreinato del Río de la Plata.

Los límites vigentes hacia 1810, debatidos en el marco de las negociaciones diplomáticas entre Argentina y Chile realizadas entre 1856 y 1881, no lograron esclarecerse. No hubo acuerdo entre los historiadores de ambos países. Cada nación elaboró sus propia tesis fundacional: para los chilenos, toda la Patagonia pertenecía a Chile; para los argentinos, del Biobío hacia el sur todo el territorio era de la Argentina.

  • Al no haber acuerdo entre los historiadores, la situación se resolvió en forma política.
  • En julio de 1881 se firmó el Tratado de Límites, de acuerdo al cual la cordillera de los Andes se estableció como frontera entre ambos países.
  • De esta manera se resolvió el problema desde el punto de vista legal.
  • Pero en ambos países los historiadores se quedaron con la sensación de derrota, pues consideraban que el Tratado era legal pero ilegítimo.

Y esta percepción se volcó en los mapas y en los textos de historia.4. Resurgimiento de las tesis fundacionales En 1901, el destacado intelectual rioplatense, Estanislao Zeballos presentó un mapa sobre lo que él estimaba eran las fronteras entre Argentina y Chile en 1810.

  • En esa carta se aseveraba que el río Biobío era el límite austral del Reino de Chile, y desde allí hacia el sur todos los territorios pertenecían al Virreinato del Río de la Plata.
  • En la primera mitad del siglo XX esta interpretación fue desechada por los historiadores.
  • Así se reflejó en el mapa de Emilio Ravignani, que planteaba las fronteras reales y efectivas vigentes en 1810, y evitaba la polémica de las cuestiones de límites.

Este mapa fue publicado en la historia general de la Argentina, publicada por la Academia Nacional de la Historia. Y luego fue levantado por los autores y editores de manuales escolares. Un buen ejemplo es el célebre texto de Ricardo Levene, Lecciones de Historia Argentina, reeditado numerosas veces y ampliamente difundido en las escuelas medias argentinas en la primera mitad del siglo XX.

Esta situación cambió a comienzos de los años 60, a partir del debate entre Diego Luis Molinari y Conrado Ríos Gallardo. Del lado chileno, después de la firma del Tratado de 1881, las tesis fundacionales de Amunátegui fueron bastante olvidadas por un buen tiempo. Durante 50 años casi nadie reivindicó esos enfoques, más allá de Morla Vicuña (1903).

Los manuales escolares chilenos tuvieron una mirada benevolente de la historia de las relaciones bilaterales, con énfasis en el abrazo de San Martín y O’Higgins y la construcción del Ferrocarril Trasandino. Esta línea fue cuestionada en 1930 por Irarrázabal Larraín, en su libro “La Patagonia: errores históricos y geográficos”.

En esta obra, el autor reivindicó las tesis fundacionales de Amunátegui, a partir de los documentos que este conoció (sobre todo las reales cédulas de 1554, 1555 y 1558). Cabe destacar que Irarrázabal Larraín tampoco tuvo en cuenta la Real Cédula de 1570, y el corpus documental completa de la implantación de las Intendencias en el Reino de Chile.

Durante varios años el libro de Irarrázabal Larraín fue ignorado por la historiografía chilena. Hasta que Francisco Antonio Encina retomó su tesis y la comenzó a difundir. A Encina siguieron Jaime Eyzaguirre y muchos otros autores. Como resultado, hacia fines de la década de 1950, las tesis fundacionales, creadas por Amunategui y reivindicadas por Irarrázabal Larraín, estaban estandarizadas totalmente en la historiografía chilena.

Los textos escolares mostraban que hasta 1881 existió un “Chile Fantástico”, que abarcaba toda la Patagonia. Y ella fue cedida para comprar la neutralidad argentina en la Guerra del Pacífico.5. Encina y el florecimiento de la teoría del “Chile Fantástico” La tradición historiográfica chilena se vio alterada por la publicación de la obra de Francisco Encina.

En cierta forma, la situación hegemónica que ejerció Barros Arana con su Historia General de Chile, durante la primera mitad del siglo XX, fue parecida a la que tuvo Encina a partir de la publicación de su Historia de Chile de la prehistoria hasta 1891 51,

  1. A pesar de sus dimensiones, esta obra se transformó en un éxito editorial sin precedentes en el mercado chileno.
  2. En pocos años se agotaron numerosas ediciones, con una tirada superior a los 200.000 ejemplares.
  3. Desde el punto de vista de la tradición historiográfica de las relaciones bilaterales, Encina significó una ruptura con respecto al enfoque de Barros Arana.

Este transmitió una imagen positiva de la Argentina, mientras aquel la presentó como un vecino ambicioso y expansionista. Barros Arana suscribía al nacionalismo liberal de los estadistas del siglo XIX. En cambio, Encina se desplazó hacia un nacionalismo chovinista, xenófobo y racista.

Este enfoque se hizo sentir en su forma de presentar a los países vecinos en general y a la Argentina en particular. Para avanzar en esta dirección, Encina encontró sus mejores aliados en Amunátegui, Morla Vicuña e Irarrázabal Larraín. El estilo ágil y fluido de Encina ofreció un vehículo incomparable para la difusión de las tesis fundacionales del siglo XIX.

Estas se vieron liberadas del confinamiento propio de los textos para especialistas y comenzaron a difundirse masivamente. En este sentido, el significado de la obra de Encina fue el de divulgar las tesis fundacionales de Amunátegui y Morla Vicuña, con los aditamentos de Irarrázabal Larraín.

El objetivo de Encina era reivindicar la idea del “Chile Fantástico” y culpar a la Argentina y a ciertos dirigentes chilenos de su frustración. A diferencia de los estadistas chilenos del siglo XIX y de los historiadores del XX, Encina adhirió ciegamente a las tesis de Amunátegui. Lo consideraba “el descubridor de los títulos de Chile en la Patagonia”.

A partir de allí, su discurso -en lenguaje ágil, fluido y seductor- se desenvolvía siguiendo las ideas de los tres autores mencionados: Chile tenía títulos incuestionables sobre la totalidad de la Patagonia; pero debido a las erradas descalificaciones de Barros Arana y Vicuña Mackenna, perdió interés por mantenerla; finalmente, la Argentina, mediante maniobras astutas, logró quedarse injustamente con este territorio.

  1. La obra de Encina fue decisiva en cuanto a la construcción de la imagen del país vecino a través de la Historia.
  2. No solo por el inmediato éxito editorial que obtuvo, sino porque de allí surgieron diversos subproductos, que consolidaron este enfoque.
  3. En primer lugar, tenemos que citar el Resumen de Historia de Chile, en el cual los 20 tomos se sintetizaban en tres volúmenes totalmente ilustrados (1954).

Esta obra resultó todavía más clara y de fácil acceso para el gran público. Poco después, cuando el incidente del islote Snipe puso en foco las tensiones bilaterales, el autor extrajo de su obra general los capítulos dedicados a las relaciones con Argentina y con ellos preparó un libro especial, titulado La cuestión de límites entre Chile y la Argentina desde la Independencia hasta el tratado de 1881,

  1. Una vez más reivindicó la idea de “Chile Fantástico” y las tesis fundacionales del siglo XIX.
  2. También reiteró la tesis de Irarrázabal Larraín sobre el abandono o entrega de la Patagonia debido a la falta de visión de Barros Arana y Vicuña Mackenna 52,6.
  3. Jaime Eyzaguirre y las tesis fundacionales Si Encina retomó las tesis fundacionales y las puso en foco, Jaime Eyzaguirre fue el encargado de promover su aceptación dentro de la comunidad académica e intelectual de Chile.

Encina llegaba al gran público, pero era cuestionado entre los historiadores por su falta de rigor y de metodología. En cambio Eyzaguirre era un historiador reputado, una autoridad indiscutida en el medio. Precisamente a través de su obra, las tesis fundacionales del siglo XIX recibieron pleno reconocimiento de los historiadores chilenos de la segunda mitad del siglo XX, que terminaron por asumirlas como verdades irrefutables.

Miembro de una tradicional familia de la elite chilena, Jaime Eyzaguirre (1908-1968) contaba con ricas conexiones en el medio social, cultural y diplomático chileno. Todo ello le ayudaría a contar con las posibilidades de realizar una labor de gran influencia en sus temas. Fue una figura destacada dentro del departamento de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, lugar desde donde fundó y dirigió la revista Historia (1961-1967).

El pensamiento de Eyzaguirre sobre las relaciones entre Chile y Argentina se volcó fundamentalmente en tres obras: La soberanía de Chile en las tierras australes (1958), La frontera histórica chileno-argentina (1962) y Breve Historia de las Fronteras de Chile (1967).

  • La primera reivindicaba los derechos de Chile en la zona del Canal de Beagle.
  • La segunda era respuesta al ensayo de Diego Luis Molinari (1961), que examinaremos más adelante.
  • Y el tercera fue una obra de síntesis, que se convirtió en un verdadero éxito editorial.
  • En 1983 se publicó la decimotercera edición y volvió a agotarse, con lo cual se efectuaron varias ediciones más.
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Pero más allá de lo cuantitativo, lo importante de esta obra es que ha sido sistemáticamente citada por casi la totalidad de los historiadores chilenos dedicados al tema. En relativamente poco tiempo, Eyzaguirre se transformó en un referente sobre asuntos de frontera.

  1. Escribió, entre otros, los prólogos de la segunda edición de la obra de Irarrázabal Larraín 53, la primera del libro de Errázuriz Guilisasti y Carrasco Domínguez 54, y la primera del Manual de Historia Diplomática de Mario Barros van Buren (1970).
  2. Sus colegas lo reconocerían como una autoridad en el tema durante décadas.

Al menos así se lo consideraba en el Instituto de Estudios del Patrimonio Territorial de Chile de la Universidad de Santiago, institución especializada en el estudio de las relaciones bilaterales con Argentina. El prestigio de Eyzaguirre en los temas fronterizos no descansaba en obras monumentales, sino en trabajos breves, claros y contundentes.

  1. El autor se afirmaba en tres pilares: Amunátegui, Morla Vicuña e Irarrázabal Larraín.
  2. Su intuición fue sintetizar en pequeños libros unas decenas de páginas, lo esencial de la obra de Amunátegui y las también voluminosos obras de sus sucesores.
  3. Y lo importante se resumía a las siguientes preposiciones: 1- A mediados del siglo XVI, la Corona otorgó a los gobernadores de Chile una jurisdicción de 100 leguas de ancho, lo cual abarcaba la totalidad de la Patagonia, Cuyo y el entonces extendido territorio del Tucumán.2- En 1563 la Corona separó el Tucumán de Chile y en 1776 desprendió Cuyo para incorporarlo al Virreinato del Río de la Plata; pero nunca desprendió del río Diamante hacia el sur.3- Chile retuvo todos los territorios del Diamante hacia el sur.

Ello queda corroborado plenamente por el mapa de Cano y Olmedilla.4- En el siglo XIX la clase dirigente de Chile desconocía el valor económico de la Patagonia, debido fundamentalmente a Barros Arana y Vicuña Mackenna. Además, el ejército argentino realizó una ofensiva sobre la Patagonia aprovechando la contingencia de Chile en la guerra del Pacífico.

En este contexto, su país accedió a ceder gratuitamente la Patagonia a la Argentina por el Tratado de 1881. Inspirado en Irarrázabal Larraín, Eyzaguirre consideraba que el Tratado de 1881 había sido intrínsecamente injusto e ilegítimo, resultado de una maniobra artera por parte del Estado argentino. Este no habría correspondido a la lealtad de Chile en momentos homólogos: “Lo que un arbitraje de derecho le habría seguramente negado a la nación del Plata, ella lo iba a obtener ahora íntegro y sin disparar un tiro.

Cuando las costas argentinas habían estado bloqueadas por la escuadra unida anglo-francesa o cuando se hallaba ese país distraído en la guerra con el Paraguay, Chile no hizo ninguna presión para arrancar un convenio favorable. Pero ahora, encontrándose el ejército chileno en una difícil tarea en distantes territorios, la Argentina supo usar el momento y urdió el arreglo” 55,

El enfoque de Eyzaguirre era notablemente simple. No incluía la complejidad de los títulos coloniales, contradicciones y ambivalencias. Consideraba las reales cédulas favorables a la gobernación de Chile (mediados del siglo XVI), pero no tenía en cuenta los documentos homólogos emitidos a favor de la gobernación de Buenos Aires (fundamentalmente la Real Cédula de 1570).

Tampoco daba cuenta de la cantidad de documentos coloniales conforme a los cuales el límite oriental de Chile se hallaba en la cordillera de los Andes. Sobre todo el corpus documental intendencial (1784-1796) de acuerdo al cual la Corona había establecido que la jurisdicción de Chile se extendía de Atacama al Cabo de Hornos, y de la cordillera al Pacífico.

  • En el plano cartográfico, solo tenía en cuenta el plano de Cano y Olmedilla, excluyendo sus complicaciones internas y así también las demás corrientes cartográficas que tuvieron tan rico desarrollo antes y después de 1810.
  • Eyzaguirre evitaba estas complicaciones.
  • Prefería apoyarse en la autoridad de Amunátegui, Morla Vicuña e Irarrázabal Larraín.

Él aportaría una propuesta sintética de lo que aquellos habían demostrado. De esta manera quedaron académicamente consagradas las tesis fundacionales en la historiografía chilena.7. Las tesis fundacionales y su estandarización en la historiografia chilena El respaldo de Encina y Eyzaguirre abrió la puerta para la amplia difusión de las tesis fundacionales en la historiografía chilena.

  1. En relativamente poco tiempo, la idea del “Chile Fantástico”, apoyada en los argumentos de Amunátegui y Morla Vicuña, junto con la tesis de la entrega de la Patagonia planteada por Irarrázabal Larraín, se transformaron en la versión oficial de la historia de Chile.
  2. La inmensa mayoría de los autores que escribieron sobre estos temas en la segunda mitad del siglo XX, se ajustaron a esos criterios.

Los estudios de Amunátegui y Morla Vicuña, poco considerados por los historiadores chilenos en la primera mitad del siglo XX, se transformaron en bibliografía obligatoria a partir de 1950. Casi la totalidad de los historiadores que trabajaron sobre la frontera con Argentina los citaron recurrentemente.

  • En efecto, las obras de Amunátegui y Morla Vicuña fueron citadas por el coronel Marín Madrid (1966), Eyzaguirre (1967), Lagos Carmona (1966, 1980), Barros van Buren (1970, 1991), Vázquez de Acuña y Cabrera (1984), Bazán Dávila (1986), González Abuter (1988).
  • Además, la obra de Amunátegui fue considerada también por Hormazábal González (1969), González Madariaga (1970), y la de Morla Vicuña fue mencionada en Errázuriz Guilisasti (1968).

Estos autores no se limitaban a nombrar las tesis fundacionales del siglo XIX -cuestión de rigor académico-, sino que asimilaban el enfoque de esos autores, sin detenerse a criticarlos. En cierta forma, se hizo una tradición en la historiografía chilena que, cuando se citaba a Amunátegui y Morla Vicuña, el análisis se daba por terminado en lugar de comenzar.

También fue notable la influencia que ejerció Irarrázabal Larraín en los historiadores especializados en las cuestiones de límites entre Argentina y Chile. Su libro de 1930 pasó desapercibido en su momento. Ante el interés que despertó a partir de la década del 50, el texto fue reeditado (1966) con prólogo de Jaime Eyzaguirre.

A partir de entonces, la obra de Irarrázabal Larraín fue citada por casi todos los autores chilenos dedicados a cuestiones de límites con Argentina, entre ellos Mateo Martinic (1963), Lagos Carmona (1966, 1980), Eyzaguirre (1958, 1967, reeditado más de diez veces), Errázuriz Guilisasti (1968), Espinoza Moraga (1969), Barros van Buren (1970 y 1991), Vázquez de Acuña y Cabrera (1984) y González Abuter (1988).

La figura de Encina también ejerció una fascinación especial en varios historiadores chilenos de esos años. Espinoza Moraga, el ensayista de posiciones más nacionalistas y antiargentinas, se jactaba de ser discípulo de Encina (1961, 1969). González Madariaga, en su obra Nuestras relaciones con Argentina: una historia deprimente, demostró un notable apego a los escritos de Encina 56,

También lo citan Lagos Carmona (1966 y 1980), Eyzaguirre (1967 y ediciones posteriores), Barros van Buren (1970 y 1991), Santis Arenas (1984), entre otros. Para los objetivos del presente capítulo, lo importante es advertir la influencia que tuvieron las tesis fundacionales de Amunátegui y Morla Vicuña en Irarrázabal Larraín y luego en Encina.

  • Entre estos cuatro autores echaron las bases de la matriz conceptual de lo que sería la percepción de la historiografía chilena en materia de relaciones con Argentina.
  • Sus ideas estuvieron presentes en la gran producción historiográfica de la etapa 1952-1984.
  • En estos años, como el tema de los conflictos limítrofes entre Argentina y Chile cobró actualidad y se convirtió en asunto de interés publico, se generaron las condiciones para una creciente producción periodística, ensayística e historiográfica.

Precisamente, esas obras, que tendrían alta repercusión pública, se construyeron sobre la matriz que habían creado los cuatro autores mencionados. El Cuadro I muestra esta trama de una forma más precisa. CUADRO I MATRIZ TEÓRICA DE LA TRADICIÓN HISTORIOGRÁFICA CHILENA EN MATERIA DE RELACIONES CON ARGENTINA (1879-1986), SEGÚN LA SUCESIÓN DE CITAS

¿Qué parte de la Patagonia es más bonita?

10. Parque Nacional Torres del Paine – Bienvenidos al parque nacional más hermoso de la Patagonia, Torres del Paine! Esta vasta zona (101,414 hectáreas) comprende montañas, glaciares, bosques, ríos, praderas y lagos en la región de Magallanes en Chile. Aquí, verás decenas de senderos espectaculares.

  • Algunos son perfectos para caminatas de medio día y de día completo (como el mirador Base Torres y el Valle Frances), mientras otros son parte de caminatas increíbles de varios días, como el circuito W y el circuito O, los mejores circuitos en la Patagonia chilena.
  • Aquí, también tendrás los mejores encuentros con fauna que te puedas imaginar, con la densidad más alta de pumas en la región ( a quien le tinca una experiencia de rastreo de pumas? ).

También encontrarás alojamientos hermoso, como EcoCamp Patagonia, el primer hotel geodésico del mundo, ubicado cerca de las tres torres de granito que dieron su nombre al parque. Explorar Torres del Paine es un imperdible si vienes a la Patagonia pero acuérdate de eso : necesitarás tiempo, así que mejor considera al menos 4 días para explorar la “octava maravilla del mundo”!

¿Qué ciudades pertenecen a la Patagonia?

Generalidades – Bahía Toro Barrio de Neuquén (Patagonia-Argentina) en pleno otoño Cartografía de América del autor español Diego Gutiérrez (1562). Representando en el extremo sur a los habitantes originarios de la “Tierra de Patagones”. La región patagónica argentina se subdivide según dos criterios:

Patagonia Norte: región del Comahue : incluyendo las provincias de Río Negro y de Neuquén y según algunos autores el partido de Patagones y parte de la provincia de La Pampa pertenece a la patagonia norte y Patagonia Sur que incluye a las provincias de Chubut, Santa Cruz y la Tierra del Fuego, Antártida e Islas del Atlántico Sur,

La Patagonia argentina en sus tierras emergidas en el sector continental sudamericano, se extiende por más de 800 000 km². Sin embargo, al incorporarse el sector de la Antártida Argentina -que forma un departamento de la provincia de Tierra del Fuego, Antártida Argentina e Islas del Atlántico Sur- el área emergida se incrementa a los 1 700 000 km².

¿Quién es el dueño de la Patagonia Argentina?

¿Por qué el Estado y la Gendarmería defienden a Benetton? – Hace ya algunos años Carlos Marx terminaba con el mito de que el Estado defiende los “intereses comunes” de toda la población. Decía en el Manifiesto Comunista que el gobierno moderno era un comité que administraba los negocios de la clase burguesa, y no se equivocaba.

  • El Estado es el guardián del orden y de la propiedad privada, pero no de cualquier tipo de propiedad privada sino la de los capitalistas que viven a costa del trabajo de una mayoría trabajadora.
  • Ese “derecho que tenemos todos” de acceder a la tierra es una pantalla que esconde la concentración de la riqueza en pocas manos.

Y para lograrlo intentan buscar algún tipo de consenso con la población o utilizan a las fuerzas armadas para garantizar que esas relaciones de desigualdad se sostengan y reproduzcan. El caso de la defensa de los intereses de Benetton por parte del Estado argentino es apenas un ejemplo de una relación histórica que es propia del sistema capitalista.

La actuación de la gendarmería, en las tierras que el italiano reivindica para sí, reprimiendo desde hace meses a la comunidad Pu Lof (entre ellos mujeres y niños) y desapareciendo a Santiago Maldonado con la directa responsabilidad de la ministra de Seguridad Patricia Bullrich, su jefe de gabinete Pablo Noceti y del Estado, son la muestra más clara del carácter de clase que ejercieron las fuerzas armadas desde su creación.

El gobernador de Chubut del PJ Mario Dan Neves también es cómplice del accionar represivo avalando el ingreso de la gendarmería al predio y demonizando a los mapuches a través de una campaña mediática que comenzó el año pasado mientras apretada al Juez Otranto para que encarcele a los dirigentes considerados sin ninguna prueba como “terroristas”.

  • Queda claro que todos los gobiernos legalizaron y legitimaron el avance latifundista a costa de la sangre de los pueblos originarios.
  • Incluso el kirchnerismo que en 2011 impulsó la Ley de Tierras que limitaba la posesión extranjera de tierras a 1.000 hectáreas por propietario no era retroactiva, por lo tanto todos los magnates extranjeros que en los 90 se apropiaron de gran parte del territorio nacional podían quedarse tranquilos.

Macri flexibilizó la ley dejando en claro cuáles son los intereses que defiende a ultranza el gobierno de los Ceo, pero en uno y otro gobierno la naturaleza del Estado es la misma. Seguramente en una de las cuatro visitas al año que hace Luciano Benetton al país vendrá a agradecerle en persona al presidente y los suyos por la efectividad en los servicios brindados.

  • Si bancás lo que hacemos, súmate a la Comunidad Nos proponemos, y te proponemos, el objetivo de llegar en los próximos meses a 10.000 colaboradoras y colaboradores que estemos conectados.
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: LOS VERDADEROS USURPADORES. La historia del imperio Benetton, el dueño de la Patagonia

¿Qué es más barato Chile o Argentina para viajar?

Argentina es 15% más barato que Chile.

¿Quién es dueño de la Patagonia Argentina?

Quién es Joe Lewis, el magnáte dueño de tierras patagónicas argentinas. Joseph C. Lewis nació en Londres el 5 de febrero de 1937, por lo que ayer cumplió 86 años.

¿Cuándo es el mejor momento para ir a la Patagonia?

4.1 ¿En qué mes es mejor viajar a la Patagonia? – Los meses de verano (diciembre-febrero) es la mejor época para conocer Patagonia y hacer excursiones. Has de saber que el sur de Argentina es la zona más fría (con diferencia), de hecho el día más caluroso la temperatura es de 15 ºC.

¿Cómo se les llama a los habitantes de la Patagonia?

Pueblos Originarios de la Patagonia – Hace varios miles de años, los primeros grupos indígenas vagaron por la tierra patagónica. Sobrevivieron y prosperaron, a pesar de las feroces condiciones climáticas y la falta de tecnología moderna. Los principales grupos que pueden documentarse son Tehuelche, Selk’nam, Yaghan y Kaweskar, cada uno con sus propias tradiciones, antecedentes y forma de vida. Los tehuelches llegaron a la Patagonia durante la segunda mitad del primer milenio. Eran cazadores-recolectores nómadas, que a menudo sobrevivían de guanacos y ñandus. En un momento el Tehuelche se movió hacia el norte en la Patagonia y notó la silueta de una increíble formación rocosa en la distancia.

  • Hoy, conocemos esta formación como el famoso macizo de Paine.
  • Paine significa “azul” en idioma tehuelche, que era el color primario que notaron en la distancia.
  • Mientras tanto, en el fondo de la Patagonia en Tierra del Fuego, residía el Selk’nam.
  • Este grupo remoto fue uno de los últimos en ser descubierto por los colonos europeos y, lamentablemente, como muchos grupos en la región, ahora están prácticamente extintos.

Desde su atrevida vestimenta tradicional hasta su increíble fuerza y ​​capacidad para sobrevivir en una isla aislada, la cultura Selk’nam todavía capta el interés de muchas personas hoy en día. No lejos del territorio de Selk’nam, se encontraba el pueblo Yaghan. Eran nómadas del mar, usaban canoas para navegar a las heladas islas patagónicas y recolectar comida. El Yaghan acamparía a lo largo de la costa mientras viajaban, a menudo durmiendo en estructuras temporales hechas de madera, hierba, pieles y musgo.

  1. Por último, estaba el grupo Kaweskar, una de las mayores inspiraciones para el hotel de domo geodésico EcoCamp Patagonia.
  2. Al igual que EcoCamp, estos individuos eran conocidos por respetar su entorno y “no dejar rastro”.
  3. Sus casas eran estructuras en forma de cúpula hechas de materiales simples y podían desmontarse fácilmente, dejando poco impacto en el medio ambiente.

Los fundadores de EcoCamp tomaron de este concepto y diseño especial, creando el primer hotel de domo geodésico del mundo.

¿Cómo se llega a Patagonia?

VÍA TERRESTRE – El principal acceso por vía terrestre se realiza utilizando la Ruta 9 norte, Punta Arenas -Puerto Natales. Las otras alternativas de ingreso vía terrestre son por intermedio de los pasos fronterizos (con Argentina) Casas Viejas, Dorotea y Río Don Guillermo en Cerro Castillo a 54 Km de Puerto Natales. Estos pasos funcionan todo el año.

¿Que le quitó Argentina a Chile?

El resultado de esta presión fue la firma del Tratado de límites (23 de julio de 1881), gracias al cual Chile ‘cedió’ la Patagonia, parte de la Tierra del Fuego y parte del estrecho de Magallanes (ver mapa 1).

¿Quién vendió la Patagonia?

La familia Benetton compró 900.000 hectáreas en las que crían casi 100.000 ovejas – La Patagonia siempre fue una tierra de excesos y forajidos. A pocos kilómetros de la estancia de Benetton, en Cholila, se refugiaron en 1901 Butch Cassidy y Sundance Kid, míticos bandidos de EEUU.

Casi todo aquí se ha hecho siempre por las bravas. Y esta vez no parece diferente. En Leleque, la estancia principal de Benetton, muestran que son una compañía productiva, y no una finca de recreo para millonarios. Tienen todo en regla, aunque nunca aclaran por cuánto compró la familia estas tierras inmensas.

La justicia está de su lado. De momento, los mapuches solo tienen un pequeño poblado con tiendas y 20 personas de forma permanente. Pero están muy organizados y dispuestos a resistir como sea. Llevan casi dos años, y el último intento de desalojo acabó con 14 heridos, uno de ellos de una bala disparada por la policía. Ronald McDonald, administrador general de las estancias de Benetton

¿Que le quitó Argentina a Bolivia?

Artículo original El enclaustramiento de Bolivia y el factor Argentina * The enclosement of Bolivia and the Argentina factor Pablo Lacoste**, Diego Jiménez Cabrera*** **Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago, Santiago, Chile. Correo electrónico: [email protected] ***Instituto de Estudios Avanzados, Universidad de Santiago, Santiago, Chile.

Correo electrónico: [email protected] Resumen Este artículo examina el papel que cupo a Argentina en el enclaustramiento de Bolivia. Se considera tanto su acción durante la Guerra del Pacífico, cuando Bolivia perdió su litoral, como frente a las propuestas chilenas de devolverle salida al mar, tanto en 1895 como en 1975.

Se demuestra que Bolivia se acercó a Argentina, esperando obtener ventajas en sus conflictos contra Chile. A su vez, Argentina atrajo a Bolivia a su esfera de influencia para presionar a Chile, pero sin asumir compromisos fuertes con el país altiplánico.

Posteriormente, Chile cedió frente a Argentina. Una vez alcanzados sus objetivos, Buenos Aires soltó la mano a Bolivia, que perdió las oportunidades de recuperar su salida al mar. El texto resulta de interés actual debido a la controversia en la Corte Internacional de Justicia (CIJ), organismo ante el cual Bolivia ha demandado a Chile por frustrar las expectativas generadas con las propuestas de salida al mar de 1895 y 1975.

Palabras claves: enclaustramiento de Bolivia, conflicto Bolivia-Chile, política exterior argentina. Abstract The paper examines the role that Argentina had in the enclosure of Bolivia. It considers both its action during the Pacific War, when Bolivia lost its coastline, as during Chilean proposals back out to sea, both in 1895 and 1975.

It shows that Bolivia went to Argentina, hoping to gain advantage in their conflicts against Chile. In turn, Argentina drew Bolivia into his influence sphere to pressure Chile, but without assuming strong commitments with that. Subsequently, Chile gave way to Argentina. Once achieved its objectives, Buenos Aires released the hand of Bolivia, which lost the opportunity to recover its access to the sea.

The text is of current interest because of the controversy submitted in the International Court of Justice (ICJ), between Bolivia and Chile. Keywords: enclosement of Bolivia, Chile-Bolivia conflict, Argentinian foreign policy. Introducción Es un error muy esparcido y que se repite diariamente en la prensa y en la calle, al opinar que Bolivia tiene derecho de exigir un puerto en compensación de su litoral.

  • No hay tal cosa, Chile ha ocupado el litoral y se ha apoderado de él con el mismo título con que Alemania anexó al Imperio la Alsacia y la Lorena, con el mismo título con que los EE.UU.
  • De América han tomado a Puerto Rico.
  • Nuestros derechos nacen de la victoria, la ley suprema de las naciones.
  • Abraham König, 13 de agosto de 1900 En 2011, el presidente de Bolivia, Evo Morales, anunció que su país demandaría a Chile ante la CIJ para exigir una salida al mar.

El fundamento se basaba en que, según Bolivia, después de la guerra del Pacífico, varias veces Chile propuso compensar al país altiplánico con ofertas concretas de salida soberana al mar, que luego se frustraron, como las de 1895 (Arica o caleta Vítor) y 1975-1978 (Charaña) (Inarra, 2011, p.56; S.

Fernández, 2014, p.182; Estado Plurinacional de Bolivia, 2014, pp.25-30). Desde la perspectiva de los abogados bolivianos, esas propuestas chilenas fueron actos jurídicos unilaterales que modificaron los tratados. Con estos fundamentos, el Gobierno de Bolivia inició una estrategia política tendiente a presionar a Chile y solucionar su trauma nacional.

La idea era exigir la reparación, a partir de la impugnación moral de la anexión dispuesta por Chile con el “Memorándum König” de 1900 y el Tratado de 1904. Desde una perspectiva crítica, se percibe que tanto Bolivia como Chile han abordado el conflicto con enfoques nacionalistas, que tienden a demonizar o minimizar al otro, sin capacidad de diálogo ni de construir alternativas de consenso.

Se ha creado así una suerte de enfrentamiento discursivo entre ambas naciones, sin mayores perspectivas de solución política (Molina, 2014a, 2014b). Se hace urgente, entonces, aportar un nuevo enfoque, capaz de superar las miradas nacionalistas. Para avanzar en esta dirección, el presente artículo propone ensanchar el campus político regional mediante la incorporación de un actor central en esta trama que ha sido invisibilizado en los debates: Argentina.

Incluir el factor Argentina en el problema implica visibilizar el papel que cupo al Estado del Plata en este proceso ¿En qué medida el Estado argentino contribuyó a generar y sostener el enclaustramiento boliviano? ¿Cuál fue su papel en la frustración de las propuestas chilenas de 1895 y 1975? Resulta importante despejar esta incógnita para poder comprender mejor el conflicto, pues estos temas constituyen las bases mismas del reclamo boliviano.

Planteamiento del problema El enclaustramiento boliviano es un problema grave, tanto para Bolivia como para Chile y la región. Para el país altiplánico es un trauma nacional de profundo significado psicológico, cultural y social. “El mar para Bolivia se ha convertido en la causa y cura de todos sus pesares y un requisito sine qua non para su desarrollo” (S.

Fernández, 2014, p.72). “El enclaustramiento marítimo produjo una transformación profunda que aún hoy afecta la idiosincrasia de los bolivianos” (Molina, 2014b, p.17). Este tema es “una causa nacional” (G. Fernández, 2014, p.65). “Bolivia cree profundamente que es pobre porque le han quitado el mar” (Brockmann, 2014, p.79).

  • Para Chile, este problema genera una tensión permanente que, a pesar de algunos intentos por ignorarlo, termina apareciendo una y otra vez en la superficie.
  • Así lo ha reconocido, en su momento, el actual canciller de Chile para quien este país tiene que admitir que el problema del enclaustramiento de Bolivia no es sólo un problema de éste, sino también de Chile (Muñoz, 1989).

La persistencia de este problema frustra las expectativas de Chile de afianzar su liderazgo en el Cono Sur y afecta su proyección internacional. Finalmente, para la región, este asunto es una suerte de pozo sin fondo, un manantial inagotable de aguas contaminadas.

  1. Como un problema regional y bilateral, el enclaustramiento boliviano ha carecido de miradas integrales.
  2. Han predominado los enfoques nacionalistas, tanto en Chile como en Bolivia; también se han generado iniciativas de buena voluntad, tendientes a buscar una solución que permita superar el obstáculo (Forteza y Devés, 2006), pero sin examinar crítica ni autocríticamente la causa del conflicto.

El enclaustramiento de Bolivia tiende a perpetuarse por el avanzado proceso de construcción de una actitud hostil entre los países involucrados, particularmente de Bolivia hacia Chile. La literatura especializada elaborada por los intelectuales bolivianos ha conformado, lenta y sostenidamente, un relato que tiende a demonizar a Chile; este país se caracteriza, según esos enfoques, por su tendencia agresiva, expansionista, cínica e imperialista.

Un autor califica a Chile de nación “astuta, ambiciosa y poco escrupulosa” (Querejazu, 2010, p.9). Otro intelectual boliviano tilda el accionar de Chile en términos de “cinismo inaudito”, capaz de actuar con “móvil inmoral” (Escobari, 2013, p.94). Su accionar se evalúa como “monstruoso e impune delito de despojo” (Becerra de la Roca, 2005, p.16), capaz de “un comportamiento desleal y traidor”; Chile fue “paladín de la agresión” (Becerra de la Roca, 2005, pp.64 y 66).

Por otra parte, Bolivia “sigue siendo una opinión pública criada, desde la escuela y por un buen siglo ya, en la hostilidad hacia Chile y para la cual Chile es el enemigo y codicioso usurpador” (Brockmann, 2014, p.84). “En Bolivia el tiempo se ha detenido y vivimos aún el momento de una guerra de hace más de un siglo.

El imaginario colectivo boliviano tiene la noción de que Chile es el enemigo” (Salazar, 2006, p.74). En líneas generales, los analistas bolivianos señalan que Chile es “una nación enemiga que encarna el mal” y “actuar en contra de este enemigo es el camino a la gloria y a alturas legendarias de existencia”.

Estas palabras se encuadran dentro de lo que los teóricos de la guerra explican acerca de situaciones similares, en las que “cualquiera que no esté de acuerdo con tales verdades es un traidor” (LeShan, 1992, pp.45-46.) En la vereda opuesta, Chile exhibe un discurso negatorio de los derechos originales de Bolivia al litoral.

Guiados por la idea de justificar la anexión del desierto de Atacama por parte de las fuerzas chilenas en la Guerra del Pacífico, los intelectuales de este país han tendido a sostener que Bolivia carecía de derechos sobre esas tierras y, por lo tanto, Chile nunca la despojó de nada. Para la historiografía chilena, Chile poseía el litoral desde Atacama hasta el límite con Perú; en cambio Bolivia no poseía litoral (Amunátegui, 1863, pp.71-75; Benavides, 1972, pp.3-4; Villalobos, 2002, p.84).

La construcción de este discurso nacionalista desde el siglo XIX, tanto en Chile como en Bolivia, en lugar de abrir espacios de diálogo constructivos ha levantado barreras ideológicas infranqueables entre ambos países, dejando únicamente sensaciones de frustración.

  • En Bolivia, la actitud chilena de negar los derechos originales de los bolivianos al litoral es considerada un agravio: “cuando escuchan tal aserto, los bolivianos lo toman a provocación y con vehemencia sacan a relucir argumentos y mapas” (Brockmann, 2014, p.80).
  • En Chile ocurre lo mismo: causa mala impresión la constante demonización del vecino realizada por historiadores, intelectuales y gobernantes (Salazar, 2006, p.97; Molina, 2014b, p.28; Brockmann, 2014, p.86).

El resultado de estas acciones ha sido crear una profunda antipatía popular. Ello se ha visibilizado en las encuestas de opinión (Salazar, 2006, p.89). En los últimos años, esta tendencia negativa se ha agravado considerablemente. Si en 2006 el 13% de la población chilena estaba de acuerdo con ceder una salida soberana al mar para Bolivia, en 2014 ésta cayó al 9%.

De manera inversa, la actitud de no ceder absolutamente nada a Bolivia subió del 33% en 2006 al 43% en 2008 y al 58% en 2014 (El Mercurio, 2014). Éste ha sido el resultado de la estrategia confrontacionista del presidente Evo Morales. Paradójicamente, el gobierno de Bolivia exige al gobierno de Chile que le ceda una salida soberana al mar.

Al parecer, la élite boliviana ha olvidado las palabras de sus más reconocidos prohombres como Rafael Bustillo: “La enajenación del territorio es cosa tan grave que () está fuera de las facultades ordinarias del gobierno” (Becerra de la Roca, 2005, p.164).

  • Ceder territorio nacional es una acción compleja para un gobierno; y mucho más si tiene la oposición del 92% del pueblo.
  • El rechazo casi unánime del pueblo chileno a la idea de ceder una salida al mar soberana a Bolivia es un problema político serio, pues limita y restringe el margen de maniobra del gobierno de Chile.

Aunque los gobernantes de Chile lo deseen, y el Estado boliviano insista, las autoridades chilenas no pueden conducir la política exterior en una dirección repudiada por su pueblo. Este drama lo vive el actual gobierno de Chile, cuyo canciller, Heraldo Muñoz, en su momento se manifestó en favor de solucionar el problema del enclaustramiento de Bolivia (Muñoz, 1989).

  1. Pero no puede aplicar esta política desde el poder, debido a la falta de consenso en las bases sociales.
  2. Por este motivo, desde el siglo XX se ha consolidado en Chile un enfoque negador: “la mejor relación con Bolivia es no tener relaciones” (Molina, 2014b, p.31).
  3. El rechazo del pueblo chileno a darle mar a Bolivia es resultado directo de la constante hostilidad del gobierno boliviano contra Chile.

En los últimos años, durante los gobiernos de Carlos Mesa y Evo Morales, la política del país altiplánico ha sido guiada por enfoques radicales, lo cual, en lugar de mejorar el ambiente de cordialidad con los vecinos, ha tendido a generar crispación y tensiones.

Así lo han admitido expertos bolivianos, como el ex canciller Armando Loayza (Durán, 2014). Desde el plano académico, también se comparte esta autocrítica: “tampoco ayuda la beligerancia de las declaraciones del presidente Morales sobre Chile” (Molina, 2014b, p.28). Se ha creado entonces una situación de bloqueo: cada país se ha enroscado en su propia visión nacionalista.

Al sostenerse estas posiciones en el tiempo, se ha terminado por construir lo que Clausewitz llama “sentimiento hostil” (Von Clausewitz, 1997, p.127). Los sucesivos gobiernos de Bolivia han construido una imagen demonizada de Chile, la cual, a través de la escuela, se ha terminado por imponer como ideología dominante en el pueblo boliviano, situación que el diplomático boliviano Armando Loayza ha calificado como la imposición del “irredentismo boliviano”.

Con este discurso, es posible que Bolivia esté incubando una peligrosa reactivación de las ideologías reivindicacionistas de los geopolíticos europeos de las décadas de 1930 y 1940. La decisión del Estado Boliviano de demonizar Chile a través de la escuela se ha profundizado últimamente con la decisión del presidente Morales de imponer la lectura de El libro del mar como texto obligatorio en las escuelas (el 23 de marzo de 2015).

En Chile, la sociedad ha respondido con una posición nacionalista intransigente. En este contexto, el enclaustramiento de Bolivia parece un problema sin solución, una suerte de oxímoron, o bien, un intento de “cuadrar el círculo” (Molina, 2014b). Para agravar aún más el bloqueo del conflicto, cada país ha levantado dos principios más que resultan antagónicos entre sí.

Por un lado, Chile se ha inclinado varias veces a ceder una salida al mar a Bolivia a cambio de una compensación territorial equivalente. Así se manifestó expresamente, v. gr,, en la propuesta de Charaña. Empero, la posibilidad de ceder territorio a Chile es considerada inaceptable en Bolivia. Frente a este bloqueo, resulta oportuno abordarlo desde otra perspectiva.

El objetivo es examinar el conflicto del enclaustramiento boliviano más allá de la relación bilateral, incorporando el papel que cupo a la Argentina, desde una mirada crítica. Así, el objetivo final es entregar una nueva perspectiva que estimule el análisis autocrítico en ambos países y a la vez abra el camino para encontrar otras soluciones.

  1. Argentina y la “Cuestión del Pacífico” (1873-1881) En 1873, Bolivia y Perú firmaron el tratado secreto de alianza militar, con expresa voluntad de sumar a Argentina.
  2. Este proyecto se consideraba probable, dado que esta tercera nación tenía pendiente con Chile la definición de la soberanía sobre la Patagonia (1.000.000 de km2).

En 1856, Argentina y Chile habían firmado un tratado por el cual se comprometieron a resolver sus fronteras a partir del uti possidetis iuris de 1810. Empero, la Patagonia (igual que el desierto de Atacama) no fue colonizada por los españoles en el período colonial.

Por este motivo, las delimitaciones administrativas del imperio eran poco conocidas y había incertidumbre sobre el contenido de los documentos de prueba. Ante las dificultades de resolver el pleito por medio de los títulos jurídicos, no se descartaba la solución mediante la guerra. Por este motivo, Bolivia y Perú consideraban que Argentina podía interesarse por suscribir el Tratado Secreto de 1873.

Con este objetivo mandaron al peruano Manuel de Yrigoyen a Buenos Aires a obtener el apoyo argentino. Argentina negoció su incorporación al Tratado Secreto de 1873 durante tres años. En setiembre de 1873 el poder ejecutivo resolvió adherir al tratado (Yrigoyen, 1921 p.93).

El presidente Sarmiento lo remitió al Congreso y en sesión secreta de septiembre de ese año la Cámara de Diputados lo aprobó por 48 votos a favor y 18 en contra. Se abrió, entonces, una nueva negociación para obtener el consenso del Senado. Diversos puntos menores dilataron su tratamiento, pero la media sanción dada en la Cámara de Diputados mantuvo la tensión en los años siguientes (Gutiérrez, 2012, pp.270-296; Villalobos, 2002, pp.104-105).

En 1878, los blindados chilenos se desplegaron en el Atlántico Sur y reivindicaron los derechos chilenos sobre la Patagonia oriental, apoyados jurídicamente en las Reales Cédulas del siglo XVI y el principio del uti possidetis iuris, La firma del tratado Fierro-Sarratea, en diciembre de 1878, determinó el sometimiento de la totalidad de la Patagonia al arbitraje, el cual sería ganado por Chile.1 Dos meses después estalló la Guerra del Pacífico, y Argentina hizo una prueba elocuente de realismo político, al aprovechar la circunstancia para soltar definitivamente la mano a Bolivia y negociar con Chile el Tratado de Límites de 1881, por el cual anexó gran parte de la Patagonia: 1.000.000 de km2.

  1. Mientras tanto, Bolivia, abandonado a su suerte, se enfrentó a la tragedia: “Bolivia perdió más que territorio (126.000 km2) y riquezas mineras.
  2. Quedó encerrada detrás de la cordillera de los Andes, sin cualidad marítima y dependiente para su desarrollo de los puertos de Chile” (G.
  3. Fernández, 2014, p.49).

De Estanislao Zeballos al “Memorándum König” El segundo episodio se produjo en 1895, en oportunidad de la entrega de la propuesta chilena a Bolivia que concedía una salida al mar después del plebiscito con Perú. Por el tratado Barros-Gutiérrez, Chile formuló a Bolivia una propuesta por la cual le aseguraba salir del enclaustramiento, sea cual fuere el resultado del plebiscito establecido en el Tratado de Ancón (1883), por el cual los pueblos de Tacna y Arica debían expresarse para definir si volvían a incorporarse a Perú o si se mantendrían dentro de Chile.

Conforme al tratado del 18 de mayo de 1895, si Chile ganaba el plebiscito, cedería Tacna y Arica a Bolivia. En caso contrario, Chile cedería a Bolivia el territorio inmediatamente al sur, desde la Caleta Vítor hasta la de Camarones. El acuerdo fue firmado por los cancilleres Heriberto Gutiérrez (Bolivia) y Luis Barros Borgoño (Chile) (Lagos, 1981, p.84; S.

Fernández, 2014, pp.58-59). Posteriormente fue perfeccionado por el Protocolo del 9 de diciembre de 1895, en el cual se emplazaba a Chile a ceder la salida al mar a Bolivia en un plazo máximo de dos años. Además, se estableció que el territorio cedido por Chile debía satisfacer las necesidades presentes y futuras de Bolivia, dejando su ponderación a criterio de este último (Carrasco, 1990, p.112).

Estos acuerdos de 1895 son claves para el actual pleito de ambas naciones ante la Corte Internacional de Justicia (CIJ), pues se trata de uno de los antecedentes invocados por Bolivia para sostener su posición de reivindicar los “derechos expectaticios” generados por Chile con sus ofertas de salida al mar (Estado Plurinacional de Bolivia, 2014, p.25).

Con estos acuerdos, Bolivia tenía en sus manos la solución concreta para salir de su enclaustramiento. Pretendía de este modo iniciar un camino que debía conducir al retorno del país altiplánico al Pacífico, por lo que se crearon grandes expectativas de solucionar el conflicto.

  • Finalmente, el proyecto se frustró.
  • El libro del mar se limita a sostener que Chile no cumplió con este compromiso asumido en mayo de 1895, sin explicar lo que ocurrió (Estado Plurinacional de Bolivia, 2014, p.25).
  • Y eso es lo que conviene examinar ahora.
  • En las negociaciones de 1895, Bolivia lograba una salida al mar, a la vez que reconocía a Chile la soberanía sobre los territorios de Atacama, conquistados en la Guerra del Pacífico.

Ello incluía la Puna de Atacama, tal como se había estipulado en el tratado Reyes-Matta, suscrito en La Paz el 19 de mayo de 1891 (Corbacho, Corigliano, Machinandiarena de Devoto, González de Oleaga y Tedesco, 1999, p.36). Ése era el quid pro quo de los acuerdos diplomáticos entre estos dos países.

  1. Sin embargo, simultáneamente, y sin informar a Chile, Bolivia utilizó parte de esos mismos territorios para negociar con Argentina.
  2. Éste fue el sentido de los tratados Quirno Costa-Vaca Guzmán (Buenos Aires, 10 de mayo 1889) y Cano-Rocha (Sucre, 12 de diciembre de 1895), a través de los cuales Bolivia cedió a Argentina los derechos sobre la Puna de Atacama a cambio de la soberanía definitiva sobre Tarija.

En otras palabras, Bolivia ofreció simultáneamente el mismo espacio a dos países distintos, tratando de obtener ventajas de cada uno. Al parecer, los diplomáticos bolivianos no advirtieron a tiempo que sería imposible cumplir a la vez con las dos contrapartes.

La historiografía argentina ha explicado este fenómeno en los siguientes términos: La actitud de la diplomacia boliviana respecto la cuestión de la Puna de Atacama fue la de ofrecerla simultáneamente a los gobiernos de la Argentina y Chile, procurando con este doble juego extraer las máximas ventajas posibles de sus dos poderosos vecinos -ventajas tales como, por ejemplo, obtener el territorio de Tarija de la Argentina y la salida al Pacífico de Chile.

(Corbacho et al., 1999, p.146). El documento decisivo de este proceso fue el protocolo firmado en Sucre, el 12 de diciembre de 1895, entre el embajador Dardo Rocha y el canciller boliviano Emeterio Cano. Era evidente que Bolivia no tenía posesión real de la Puna, pues ese territorio fue conquistado por Chile durante la Guerra del Pacífico, ocupado desde 1887 y gobernado a partir de entonces (Espinosa, 1958, p.108).

De todos modos, esos títulos podían ser de utilidad para Buenos Aires si se acompañaban de poder militar y diplomacia activa. Además, dentro del bloque de poder rioplatense, este acuerdo servía a los intereses de los halcones, liderados por Estanislao Zeballos.2 En los hechos, este tratado representaba una reactualización del Tratado Secreto de 1873, y brindó grandes esperanzas a los altos mandos de las fuerzas armadas de Bolivia.

La seductora misión Rocha en Bolivia fue acompañada por un conjunto de medidas concretas a través de las cuales Buenos Aires se inclinaba a asumir un papel activo en los conflictos del Pacífico. El antecedente más relevante se había registrado durante la segunda gestión de Estanislao Zeballos como canciller (1891-1892).

En el marco del incidente del Baltimore, que estuvo a punto de generar un conflicto militar entre Chile y EE.UU., Zeballos expresó su respaldo a este último, al que ofreció información de inteligencia y suministros en caso de eventual invasión al norte de Chile (Barros, 1963; Corbacho et al., 1999, pp.20-21).

Paralelamente, Zeballos impulsó la mayor carrera armamentista de la historia argentina. Un hito clave fue la incorporación del acorazado 25 de mayo (1891), al cual siguió el 9 de julio (1892). Así, la flota de guerra argentina se transformaba, de reserva defensiva fluvial, en poder marítimo.

Esta tendencia se profundizó con la firma del tratado Cano-Rocha, el que abrió el camino al crecimiento del poder marítimo argentino. Pocos días después de aquel tratado, los días 8 y 11 de enero de 1896, la Cámara de Diputados argentina aprobó la autorización de 14 millones de pesos oro para la compra de acorazados en la casa Ansaldo de Italia (Espinosa, 1958, p.129).

La flota de guerra de Argentina incrementó sus capacidades con la incorporación de los acorazados Buenos Aires y Garibaldi (1896), San Martín (1897), Belgrano y Pueyrredón (1898). A ello se sumaron los destructores Santa Fe y Misiones (1896), Entre Ríos y Corrientes (1897).

  • Además, por la ley 3.450 del 30 de noviembre de 1896, el Congreso aprobó nuevos fondos para la construcción de un puerto militar.
  • Entre 1895 y 1898 las capacidades navales de Argentina subieron de 24.946 a 43.078 toneladas métricas (Corbacho et al., 1999, p.44-45).
  • De esta manera se fue creando un clima de hostilidad en el Cono Sur.

Dentro de este proceso de carrera armamentista, el Protocolo Cano-Rocha fue un complemento diplomático de singular importancia. Así lo ha señalado un historiador boliviano, para quien el acuerdo mencionado “casi lleva a la guerra a ambos países. Bolivia contaba con este hecho y su posible alianza con Argentina” (S.

Fernández, 2014, p.65). La firma del Protocolo Cano-Rocha y el ambiente de sintonía entre Argentina y Bolivia generaron un nuevo clima en las relaciones entre Bolivia y Chile. El negociador boliviano se sintió empoderado por la eventual alianza con Argentina, por lo que endureció su posición contra Chile.

Ello se reflejó en el Protocolo Aclaratorio firmado en Santiago el 30 de abril de 1896 por el canciller chileno, Adolfo Guerrero Vergara, y el ministro plenipotenciario de Bolivia, Heriberto Gutiérrez. Este documento abordaba diversas materias y establecía nuevas condiciones para viabilizar los acuerdos alcanzados en 1895.

El punto saliente fue la decisión por la cual se establecía que “la falta de aprobación de uno de los congresos del protocolo del 9 de diciembre o su aclaración hecha importaría un desacuerdo sobre la base fundamental de los pactos de mayo (de 1895) que los haría ineficaces en su totalidad” (Carrasco, 1990, p.113).

Posteriormente, la gradual incorporación de buques de guerra a la marina argentina tendió a incrementar la actitud optimista de la élite boliviana y a endurecer sus posturas frente a Chile. Ello se reflejó en diciembre de 1896, cuando el parlamento de Bolivia declaró la necesidad de revisión de la caleta (Caleta Vítor) que Chile le cedería, pues ésta no reunía las condiciones económicas adecuadas.

Esto era, lisa y llanamente, volver a fojas cero” (Barros, 1963, p.535). La diplomacia chilena se vio en una situación de asedio con dos frentes abiertos. Al endurecimiento de las actitudes de Bolivia, se sumó la nueva exigencia de la diplomacia argentina. La firma del Protocolo Cano-Rocha había dado a Buenos Aires el sustento que necesitaba para llevar adelante la ofensiva diplomática contra Chile.

El gobierno argentino exigió a Chile el reconocimiento de los derechos sobre la Puna de Atacama. Esta vez, la posición de Buenos Aires podía exhibir títulos jurídicos y fuerzas militares renovadas. De todos modos, las expectativas de los sectores belicistas de Bolivia y de Argentina se vieron frustradas.

  1. El conflicto trasandino se decantó hacia la solución negociada: no hubo guerra entre Argentina y Chile, sino una solución pacífica.
  2. El 24 de marzo de 1899, el Laudo Buchanan cedió 64.000 km2 a Argentina (85%) y 11.000 a Chile (15%).
  3. De esta manera se cerró el proceso formalizado con el Protocolo Cano-Rocha de 1895.

Argentina terminó por incorporar un amplio territorio a su soberanía. Cumplida su misión, la diplomacia argentina se replegó nuevamente hacia el Plata, renunciando a la lucha del poder en el Pacífico. Así se estableció en los Pactos de Mayo (1902). El significado de este tratado fue que Argentina soltó la mano de Bolivia nuevamente.

  • Lo que para Argentina fue una diversión táctica para ensanchar su territorio soberano, para Bolivia fue muy diferente.
  • En efecto, la decisión de firmar el Protocolo Cano-Rocha tuvo un efecto negativo en las relaciones entre Bolivia y Chile.
  • La historiografía chilena ha señalado con claridad el impacto que produjo en Santiago la noticia del acuerdo Cano-Rocha, una vez publicada por la prensa argentina: “El canciller Guerrero llamó al ministro boliviano Gutiérrez y le explicó que, ante las actuales circunstancias, los tres protocolos quedaban en la nada” (Barros, 1963, p.535).

Por su parte, la historiografía argentina también ha registrado esta tensión: “La cancillería chilena reaccionó contra el Protocolo Cano-Rocha y elevó su protesta al ministro boliviano en Santiago, sosteniendo que Bolivia había concedido a la Argentina un territorio del cual Chile era el legítimo propietario” (Corbacho et al., 1999, p.38).

El territorio perdido por Chile equivalía a la suma de las actuales regiones de Valparaíso, Maule y Bío Bío. Al aceptar ese acuerdo, Bolivia agravió a Chile y lo colocó en una posición bochornosa. Chile evitó la guerra contra Argentina, pero a un alto costo. Chile sufrió como una humillación la pérdida de la Puna, y la soportó en silencio frente a los diplomáticos argentinos.

Pero esa frustración se canalizaría en las negociaciones con Bolivia. El Protocolo Cano-Rocha significó para Chile la pérdida de la mayor parte de la Puna, pero al mismo tiempo provocó la frustración de la propuesta de salida al mar para Bolivia, firmada en mayo de 1895.

Así lo ha reconocido la intelectualidad boliviana, al admitir que el Protocolo Cano-Rocha “enfadó y perjudicó las negociaciones bilaterales” (S. Fernández, 2014, p.62), perdiéndose de este modo la confianza entre Chile y Bolivia (Jeffs, 2014, p.99). “Chile cierra la posibilidad de negociar un puerto para Bolivia; ya no estaba dispuesto a ceder territorio y, por ello, acredita en La Paz como ministro plenipotenciario a Abraham König” (S.

Fernández, 2014, p.65). La visión es compartida también en Chile: “la actitud boliviana en el problema de la Puna de Atacama y sus exigencias posteriores fueron determinantes en el fracaso de las negociaciones chileno-bolivianas” (Carrasco, 1990, p.114).

  • La figura de König ingresó en el centro del escenario de las relaciones entre Chile y Bolivia como resultado de este proceso.
  • En cierta forma, el “Memorándum König”, por el cual Chile anunció su decisión de cancelar los proyectos de conceder una salida al mar a Bolivia, se comenzó a redactar en el despacho del canciller argentino Estanislao Zeballos.

La firma de los Pactos de Mayo (1902) abrió el camino al Tratado de Límites entre Chile y Bolivia (1904). Entre Charaña y el canal Beagle La firma de los Pactos de Mayo inauguró un largo período de paz entre Argentina y Chile. Muchos buques de guerra se revendieron a grandes potencias y sirvieron en conflictos del hemisferio norte, como la guerra ruso-japonesa (1905) y la Primera Guerra Mundial.

Argentina se dio por satisfecha con los territorios ganados y durante un largo período de tiempo no volvieron a surgir conflictos. Esta situación cambió con motivo del laudo arbitral de las islas del canal de Beagle (1977), proceso que reactivó la tradición nacionalista argentina y la escuela de Estanislao Zeballos, liderada en ese entonces por geopolíticos como Osiris Villegas, los historiadores de la Academia Nacional de la Historia y los halcones del gobierno militar (almirante Emilio Massera, general Luciano Benjamín Menéndez, entre otros).

Se desencadenó entonces un nuevo proceso de hostilidad trasandina, el cual coincidió cronológicamente con la propuesta de Charaña entre Chile y Bolivia. Nuevamente, la política exterior argentina se iba a cruzar con el problema del enclaustramiento boliviano.

  • La oferta de una salida al mar propuesta por Augusto Pinochet a Bolivia en 1975 es otro de los antecedentes invocados por Evo Morales en la demanda contra Chile en la CIJ por “derechos expectaticios” (Estado Plurinacional de Bolivia, 2014, pp.29-30).
  • Igual que en 1895, Argentina tuvo un papel relevante en estas negociaciones; esta vez lo que estaba en juego no era la Puna de Atacama, sino las islas del canal Beagle y los mares australes.

La nueva propuesta de salida al mar para Bolivia se formalizó el 8 de febrero de 1975, en la estación ferroviaria de Charaña, en el marco del encuentro entre los presidentes Pinochet y Banzer. Allí se firmó la declaración conjunta para la cual se iniciaban las negociaciones tendientes a ceder una salida al mar para Bolivia.

  • A partir de entonces se realizaron una serie de reuniones, encuentros e intercambios de notas entre las autoridades de ambos países y de Perú, que era parte involucrada de acuerdo con el Tratado de 1929.
  • Como era de esperar, las tratativas no fueron fáciles; por un lado, Bolivia se oponía a ceder territorios compensatorios a Chile; por otra, Perú cuestionó la idea original y formuló su propia propuesta.

El debate se prolongó durante tres años, y tuvo la participación de intelectuales y especialistas, juntamente con la opinión pública a través de los medios de comunicación. Perú demoró 11 meses en contestar la consulta y entregar su contrapropuesta. El 23 de noviembre de 1977, el presidente Pinochet escribió a su par de Bolivia para renovar la decisión de encontrar una solución al enclaustramiento de Bolivia.

El presidente Banzer respondió el 21 de diciembre, para avanzar en esa dirección. El 18 de enero de 1978, Pinochet contestó con una nueva carta, que mantenía viva la negociación. El 10 de marzo, el enviado confidencial del presidente Banzer, Wily Vargas Vacaflor, sostuvo dos entrevistas con el canciller chileno, Patricio Carvajal.

El tema ha sido examinado por la bibliografía especializada (Carrasco, 1990, pp.279-299; S. Fernández, 2014, pp.107- 129). Empero, el 17 de marzo de 1978, Bolivia anunció que cancelaba las negociaciones y rompía relaciones diplomáticas con Chile. En el relato oficial de Bolivia, la propuesta de Charaña se frustró exclusivamente por decisión de Chile (Estado Plurinacional de Bolivia, 2014, pp.29-30).

  1. Sin embargo, un análisis más profundo de los hechos muestra algo diferente.
  2. El motivo de la decisión de Bolivia estaba, una vez más, en Argentina.
  3. El conflicto del Beagle, iniciado en 1915, culminó con el Laudo Arbitral Internacional del 1 de mayo de 1977, en plenas negociaciones entre Chile y Bolivia por la salida al mar.

El laudo había otorgado a Chile las tres islas en disputa y la soberanía sobre el mar, desde el canal de Beagle hacia el sur. Acorde con los compromisos contraídos, el fallo era inapelable y obligatorio para las partes. El laudo fue inmediatamente aceptado por el gobierno chileno, no así por el argentino.

En vez de acatarlo, el gobierno militar de Buenos Aires inició un movimiento de acercamiento hacia sus pares de Bolivia y Perú, con vistas a tantear un posible entendimiento. Se realizaron consultas y encuentros al más alto nivel entre autoridades de los tres países, a la vez que se enfriaban las relaciones con Chile.

Finalmente, el 25 de enero de 1978 el gobierno militar argentino anunció que declaraba nulo el laudo arbitral. Luego, el 17 de marzo de 1978, el gobierno boliviano rompió relaciones diplomáticas con Chile, en solidaridad con la posición argentina. Para comprender el estado de las relaciones entre Argentina y Bolivia, resulta esencial revisar el estado del vínculo argentino-boliviano en el período 1975-1978 a nivel político.

  1. En primer lugar, cabe señalar que las relaciones entre ambos países adquirieron un considerable nivel de desarrollo en paralelo al Acuerdo de Charaña.
  2. Por ejemplo, ambos países suscribieron el 2 de abril de 1975 un convenio administrativo de cooperación entre las respectivas fuerzas aéreas, el que contempló la cooperación en mantenimiento de cazas bombarderos Sabre F-86-F y el proceso de asistencia técnica e instrucción de cuadros de la fuerza aérea argentina a la boliviana (Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 2 de abril de 1975, p.1).

Esta alianza se desarrolló dentro de una robusta agenda conjunta que contemplaba acuerdos en materia energética, integración física, protección conjunta de parques fronterizos, entre otros. Los acuerdos señalados se vieron sistemáticamente reforzados y actualizados por cinco declaraciones conjuntas de carácter vinculante en el período 1976-1978.

Un tema presente en todas ellas fue la mediterraneidad boliviana, sobre la cual Argentina y Bolivia se pronunciaron inicialmente en los siguientes términos: Coinciden en reafirmar, tal como se expresara en la declaración presidencial conjunta suscrita en Buenos Aires el 15 de noviembre de 1973, que la situación de mediterraneidad que afecta a Bolivia constituye un factor limitante para su desarrollo que disminuye la efi del proceso de integración de América Latina.

Con respecto a esta materia el Canciller argentino manifiesta una vez más la complacencia de su Gobierno por los avances logrados y expresa su confianza en que las negociaciones en curso permitirán alcanzar un arreglo satisfactorio para todas las partes involucradas, resultando una solución efectiva para el actual enclaustramiento de Bolivia.

(Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 16 de marzo de 1976, p.4) La referencia anterior se señaló en dos declaraciones presidenciales conjuntas de Argentina y Bolivia entre 1975 y 1978 (Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 30 de octubre de 1976, p.3; Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 8 de julio de 1976, p.3).

Como se puede observar, el apoyo argentino a Bolivia fue expresado en términos relativos, por no pronunciarse Argentina sobre el contenido ni el alcance de la solución, más allá de que ésta resultase satisfactoria para todas las partes en controversia.

No obstante, el gobierno argentino, una vez publicado el rechazo al laudo arbitral y fracasado el Acuerdo de Charaña, comenzó a movilizar sus fuerzas armadas hacia las fronteras con Chile, a la vez que incrementaba su producción de armamento. Para satisfacer la creciente demanda de sus fuerzas armadas nacionales, el director de Fabricaciones Militares, general Diego Ernesto Urricarit, anunció que la institución estaba incrementando su esfuerzo en la producción de material bélico (Los Andes, 1978, 29 de julio).

La flota naval argentina realizó preparativos para demostrar su poder en el Atlántico Sur. El buque insignia era el portaviones 25 de mayo, el cual realizó intensos ejercicios de entrenamiento diurno y nocturno. Los buques de guerra, desde sus bases de Puerto Belgrano, y los submarinos, desde sus apostaderos en Mar del Plata, realizaron maniobras para familiarizar a sus oficiales y tripulantes con el teatro de operaciones del Atlántico Sur.

El 17 de diciembre, un avión espía chileno avistó al portaviones 25 de mayo, el crucero General Belgrano y otros nuevos destructores de la flota de mar rioplatense en posiciones amenazantes (Arancibia y Bulnes, 2014, pp.204 y 138). En Chile, el gobierno trabajaba con la Hipótesis Vecinal 3 (HV3), es decir, una guerra a tres frentes.

Por tercera vez se planteaba la probabilidad de la alianza de los tres países juntos contra Chile, tal como se había intentado en el Tratado Secreto de 1873. El gobierno nacional llamó a la reinscripción a los reservistas nacidos entre 1947 y 1956: 100.000 hombres debieron actualizar sus datos para ser convocados en caso de movilización (Los Andes, 1978, 5 de abril, p.2).

La flota de guerra de Chile se preparó durante todo 1978 para entrar en combate. Se realizaron varios viajes de entrenamiento al teatro de operaciones sur, con el personal en puestos de combate; se practicaron evoluciones y maniobras. El crucero Latorre fue reparado a marchas forzadas en los astilleros de Talcahuano, para integrar la sección misilística de la flota chilena, junto con los destructores Williams y Riveros y las fragatas misilísticas Lynch y Condell,

Paralelamente, se movilizaron también los buques artillados: el crucero Prat (buque insignia) y los destructores Cochrane, Blanco, Zenteno y Portales, También se movilizaron hacia el sur los submarinos Simpson, O’Brien y Hyatt, el petrolero Araucano, y otros 18 buques anfibios y auxiliares.

  • Tras realizar sus maniobras en el sur, la flota de guerra chilena regresaba al puerto de Valparaíso, donde permaneció en estado de alerta (Arancibia y Bulnes, 2014, p.105).
  • El ambiente estaba cargado de agresividad en la región.
  • El clima de guerra crecía, y la participación de Bolivia se hacía cada vez más evidente.

Los primeros días de abril se registraron incidentes en la frontera entre Chile y Bolivia (Los Andes, 1978, 7 de abril, p.4). Para coordinar la futura acción entre Argentina y Bolivia, el canciller del Plata visitó La Paz a fines de ese mes (Los Andes, 1978, 20 de abril, p.1).

Como resultado de ese encuentro, el gobierno de Bolivia dio a conocer una declaración de respaldo a la posición argentina en “defensa de la integridad territorial”. Así lo expresó su canciller, el general de aviación Óscar Adriazola. Para fortalecer la imagen de sintonía entre Argentina y Bolivia, se firmaron varios convenios (Los Andes, 1978, 21 de abril, p.2; 1978, 22 de abril, p.2).

Dentro de este juego de emitir señales de alianza, Bolivia reivindicó su salida al mar, y el gobierno argentino expresó su respaldo a esa proclama en dos declaraciones conjuntas (Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 8 de julio de 1978, pp.2-3; Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 25 de octubre de 1978, p.3), de las cuales la primera se emitió un mes después del fracaso de las negociaciones de Charaña.

  1. Posteriormente, el escenario de la sintonía entre Bolivia y Argentina se trasladó a Mendoza, con la visita del comandante en jefe del ejército boliviano.
  2. En los actos oficiales se volvió a reivindicar la salida al mar para Bolivia (Los Andes, 1978, 18 de mayo, p.7).
  3. Para enardecer aún más el ambiente, durante su visita a la Argentina, el comandante del ejército de Bolivia, general Alfonso Villalpando, acusó a Chile de usurpar su litoral Pacífico.

Chile respondió que Bolivia recuperaría su salida al mar con diálogo y “no con una campaña antichilena” (Los Andes, 1978, 21 de mayo, p.5). Tres meses después, el gobierno de Bolivia llamó a la unidad nacional porque “sobre el Cono Sur del continente, el espectro de la guerra otra vez proyecta su fatídica sombra”.

Luego añadió que Bolivia podía verse involucrada en ese conflicto debido a su “situación geopolítica” (Los Andes, 1978, 24 de agosto, p.4). Poco después, el 27 de agosto de 1978, el matutino El Diario de La Paz, publicó un artículo de guerra-ficción en el que se narraba el comienzo del conflicto con la invasión de tanques chilenos a la Patagonia argentina; luego, los aliados reaccionaban: los blindados argentinos cortaban las líneas de comunicaciones de las fuerzas chilenas; el ejército boliviano invadía el norte de Chile; la aviación peruana bombardeaba Santiago, Pinochet se suicidaba y Chile se rendía.

Este artículo se publicó posteriormente en la prensa de Chile y Argentina: en El Mercurio, en su edición del 10 de septiembre de 1978, y en Los Andes, en su edición del 14 de septiembre de 1978 (pp.1 y 3). El gobierno argentino llegó efectivamente a poner en marcha los mecanismos para iniciar la guerra contra Chile.

  • Se realizaron desplazamientos de tropas y material bélico hacia las fronteras y la zona austral, tanto del Ejército como de la Marina y la Fuerza Aérea.
  • De la base naval de Usuahia entraban y salían buques de guerra, registrándose una constante actividad (Tapia, 1997, p.71).
  • Entre septiembre y diciembre de 1978, la mayor parte de la población civil de Usuahia fue evacuada hacia Buenos Aires (Tapia, 1997, p.80).

En Río Gallegos se concentraron 15.000 tropas y 200 tanques, vehículos blindados y piezas antiaéreas (Arancibia y Bulnes, 2014, p.198). Los medios de prensa argentinos coincidieron en fomentar un ambiente prebélico, propio de las vísperas de una guerra (Lacoste, 2001, pp.101-107).

El gobierno contribuía a este clima con medidas de alto impacto, como el apagón de Buenos Aires, ocurrido el 24 de octubre de 1978 (Arancibia y Bulnes, 2014, p.137) y la suscripción en la ciudad boliviana de Yacuiba, el 25 de octubre de 1978, de una declaración conjunta con Bolivia que se pronunciaba sobre el enclaustramiento de esta última en los términos expresados a continuación: 3.

El Presidente de Bolivia agradeció el permanente apoyo del Gobierno y pueblo argentinos para superar el enclaustramiento geográfico que retarda desde hace casi un siglo el desarrollo económico y social de su país. Por su parte, el presidente de la Argentina ratificó, una vez más, el firme y decidido apoyo de su país a la justa aspiración boliviana de obtener un acceso soberano al Pacífico.

El presidente de la Argentina reiteró la decisión de su Gobierno de otorgar a Bolivia facilidades para su vinculación natural con el Atlántico, a través de territorio argentino; vinculación que, además de aliviar en parte la mediterraneidad que afecta a Bolivia, significa el reconocimiento del papel que a ésta le corresponde en el sistema de la Cuenca del Plata.4.

El Presidente argentino ratificó ante el Presidente de Bolivia la indiscutible jurisdicción que la República Argentina ejerce en el Atlántico suroccidental. Asimismo, reafirmó el derecho de su país a ejercer soberanía sobre las Islas Malvinas, conforme a los principios jurídicos y derechos históricos que la sustentan El Presidente de Bolivia, reiterando los principios que sostiene su país relativos al respeto a la integridad territorial y a la preservación del patrimonio geográfico de las Naciones Americanas, expresó el reconocimiento y respaldo de su Gobierno a las reivindicaciones que, en un plano de entendimiento, defiende la República Argentina.

  1. Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 25 de octubre de 1978, pp.3-4).
  2. De este modo, ambos países sustentaban sus respectivas proclamas territoriales.
  3. Por una parte, Argentina brindó un apoyo acérrimo a la aspiración soberana al Pacífico de Bolivia y comprometió las medidas necesarias para la integración boliviana a la Cuenca del Plata.

Al mismo tiempo, Bolivia respaldó la demanda argentina sobre las islas Picton, Nueva y Lennox, al referirse el gobierno argentino al “Atlántico suroccidental”. Esto último, sumado a la suscripción de un acuerdo sobre el estudio conjunto de los usos pacíficos de la energía nuclear, el 21 de abril de 1978 en La Paz, cuyos estudios por comisión mixta quedaron comprometidos para marzo de 1979 (Biblioteca Digital de Tratado del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina, 25 de octubre de 1978, pp.9-10), llevó a un nivel de interacción tal entre ambos países que amenazó con dejar vulnerable a Chile. Fuente: elaboración propia a partir de la base de datos de la Biblioteca Digital de Tratados del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto de Argentina. Nota: M = Media. Por otra parte, del lado chileno, las medidas preventivas también llamaban la atención del público, sobre todo cuando se acondicionó el Metro de Santiago como refugio antiaéreo.

El 14 de diciembre, Pinochet ordenó la movilización de las fuerzas armadas. Para entonces, el Ejército llegó a tener 125.000 efectivos (Arancibia y Bulnes, 2014, pp.196-197). La mayor parte de la documentación oficial referida a la decisión de iniciar la guerra se ha mantenido en secreto por razones de seguridad nacional.

Pero algunos documentos se han filtrado por otros medios. Por ejemplo, el entonces embajador argentino en Brasil, Óscar Camilión, lo ha señalado en sus memorias: Yo recibí en el transcurso de mi estada en Brasil el fatídico telegrama del 20 de diciembre de 1978 que me daba instrucciones en 24 horas para cumplir 48 horas después, informándole a Itamaraty que en ese momento se estaba produciendo el ataque de las Fuerzas Armadas argentinas a Chile.

  1. Camilión, 2000, p.219).
  2. Así, el 21 de diciembre, el embajador argentino ante la ONU presentó una nota ante el Consejo de Seguridad, en la que acusaba a Chile de haber ocupado militarmente las islas en conflicto (Tapia, 1997, p.162).
  3. En diciembre de 1978, las islas y canales australes presentaban el panorama propio de la víspera de la guerra.

Las autoridades chilenas habían ocupado las islas en disputa con personal militar. Las flotas de guerra de ambos países y sus submarinos estaban desplegados en la zona, entre el estrecho de Magallanes y el mar de Drake, con sus cañones cargados y sus tripulaciones listas para entrar en acción.

Empero, una vez más, las expectativas de guerra entre Argentina y Chile se frustraron. Argentina estiró al máximo la tensión, hasta que finalmente alcanzó un nuevo acuerdo con Chile, que aceptó apartarse del laudo arbitral de Isabel II y abrir una nueva negociación. Este acuerdo propuesto por la mediación del papa Juan Pablo II, y aprobado por el plebiscito de 1984 en Argentina, significó una nueva victoria territorial para ésta, que ganó 40 km2 de tierra y 32.500 km2 de mar.

Esta nueva ganancia territorial de Argentina tuvo su contracara en Bolivia. En efecto, al romper relaciones diplomáticas con Chile, el 18 de marzo de 1978, Bolivia dejó caer nuevamentelaofertachilenadesalidaalmar. Esedíaseclausurólaúltimapropuestaformal presentada por Chile para solucionar el enclaustramiento de Bolivia.

  1. Nunca Bolivia estuvo tan cerca del mar y nunca quedó tan lejos, como resultado de su incomprensible política exterior que destruyó una posibilidad que Chile le ofreció considerar”.
  2. Lagos, 1981, p.132).
  3. Conclusiones La solución del enclaustramiento de Bolivia requiere, como requisito preliminar, un mejoramiento de las confianzas entre los pueblos y elites de Bolivia y Chile.

Es indispensable superar el antagonismo que actualmente enfrenta a ambos países. El discurso nacionalista de historiadores y gobernantes ha terminado por demonizar al otro y crear un sentimiento hostil en los pueblos (Molina, 2014a). Para permitir un reencuentro, es indispensable deponer esas actitudes mediante un análisis crítico de esos discursos.

La incorporación del factor Argentina resulta adecuada para examinar críticamente los discursos nacionalistas que se han cristalizado en las relaciones entre Bolivia y Chile. La mirada, teniendo en consideración a un tercer país, permite tomar distancia de las tradiciones historiográficas de ambas naciones, sin riesgos de ser estigmatizados por traición.

A la vez, ese enfoque requiere del análisis autocrítico de la acción del Estado argentino. La percepción del otro, en el caso de Bolivia y Chile, se puede mejorar considerablemente con la incorporación del factor Argentina. Sobre todo porque ello permite comprender que el actual enclaustramiento de Bolivia no es resultado únicamente del conflicto con Chile, sino de la sumatoria de muchos otros factores, entre los cuales, la participación de Argentina no fue menor.

  • Argentina tuvo una participación recurrente en el conflicto entre Bolivia y Chile por el litoral Pacífico, con un patrón constante: la nación rioplatense se acercaba a Bolivia lo suficiente para alarmar a Chile, pero no tanto como para asumir compromisos fuertes.
  • Esta aproximación animaba al país altiplánico a asumir actitudes más audaces frente a Chile.

A la vez, ante la amenaza de dos frentes simultáneos, Chile terminaba negociando con Argentina y cediendo territorio. Alcanzado este objetivo, Argentina soltaba la mano a Bolivia, que, una vez abandonado, quedaba en inferioridad de condiciones frente a Chile, el que compensaba con la nación altiplánica las pérdidas sufridas con Argentina.

  1. Este patrón surge de tres circunstancias relativamente homólogas y paralelas.
  2. La primera transcurrió entre 1873 y 1881.
  3. Como resultado, Argentina anexó la Patagonia (1.000.000 de km2) y Bolivia perdió Atacama (126.000 km2).
  4. Argentina incorporó más de 1.000 km de costas sobre el Atlántico, en tanto que Bolivia perdió cerca de 300 km2 de costas sobre el Pacífico.

La segunda oportunidad se verificó entre 1895 y 1904. El resultado fue parecido: Argentina anexó 64.000 km2 de la Puna de Atacama, y Bolivia perdió la salida al mar que le ofreció Chile en mayo de 1895, a cambio del reconocimiento de los territorios ocupados durante la guerra, que incluían el litoral y la Puna de Atacama.

Bolivia desperdició esta oportunidad, al ceder, simultáneamente, la Puna de Atacama a Argentina a cambio de Tarija (Protocolo Cano-Rocha). Este doble juego de la diplomacia boliviana generó tensiones en el Cono Sur, desencadenándose una carrera armamentista sin precedentes en la región. Finalmente, Chile evitó la guerra, cediendo el territorio en disputa a un vecino más poderoso, situación que representó una humillación para la cancillería chilena, la que, a su vez, resolvió terminar la negociación con Bolivia e imponer sus razones con la misma razón de la fuerza.

El doble juego de los diplomáticos bolivianos de 1895 fue la materia prima de la redacción del “Memorándum König”, que condujo al Tratado de 1904 y al enclaustramiento boliviano. La tercera y última opción se jugó entre 1975 y 1978. Chile volvió a poner frente a Bolivia una salida soberana al mar a través de Charaña.

  • Y una vez más, Argentina entró en el juego: se acercó a Bolivia, lo atrajo a su influencia y lo alentó a desechar la oferta chilena, en función de una eventual aventura bélica.
  • En este contexto, Bolivia dejó caer la propuesta de Chile, al romper relaciones diplomáticas el 18 de marzo de 1978, apostando por un juego mayor que nunca ocurrió.

El estudio de varios casos particulares ha permitido conocer, por inducción, las tendencias generales dentro de las cuales se ha desenvuelto la dinámica de las relaciones internacionales en la región. Por lo tanto, no se trata de un hecho aislado, sino de un patrón.

Bolivia ha tendido a involucrar a terceros en sus conflictos, en lugar de crear un ambiente de confianza y diálogo constructivo con Chile. Bolivia parece no comprender que esos terceros (en este caso, Argentina, pero también Perú) se acercan a este país y le ofrecen su amistad en función de sus propios intereses. Por ende, cuando el interés de esas naciones implica abandonar a Bolivia a su suerte, lo hacen, una y otra vez. El recurrente discurso de los intelectuales bolivianos, en el sentido de presentar a su país como un actor ingenuo, pacífico y cándido frente a un Chile agresivo y expansionista, es una falacia. En reiteradas oportunidades, Bolivia también asumió una actitud agresiva y llevó adelante políticas activas, tendientes a construir alianzas regionales contra Chile. El Tratado Secreto de 1873 no fue el único caso. Su espíritu volvió a emerger en 1895 con el Protocolo Cano-Rocha y en 1978, en la crisis del Beagle. En estas tres oportunidades, los generales bolivianos calcularon que Argentina entraría en guerra contra Chile. Argentina fue el principal beneficiado de estas maniobras diplomáticas. Sus acercamientos a Bolivia fueron juegos tácticos, tendientes a negociar con Chile desde una posición de fuerza. Como resultado, Argentina logró una importante expansión territorial, que le permitió anexar la Patagonia (1881), buena parte de la Puna (1899) y de los mares australes (1984). El avance territorial argentino fue inversamente proporcional a las pérdidas territoriales de Bolivia. En consecuencia, para revertir la situación del enclaustramiento boliviano sería lógico involucrar también a Argentina; y si Chile tiene que ceder un corredor a Bolivia, y éste no puede retribuir con territorios propios como canje, es posible que se pueda requerir que ese aporte sea realizado por Argentina. El discurso dominante elaborado en Bolivia, en el sentido de presentarse como una nación víctima de un único y poderoso victimario (Chile), no se ajusta a la realidad histórica. Bolivia es también responsable de su enclaustramiento. No sólo por la guerra del Pacífico, sino también por rechazar de facto las dos ofertas concretas de salida al mar que le ofreció Chile (1895 y 1975), a raíz de las esperanzas despertadas por su eventual alianza con Argentina. Los abogados bolivianos, al fundamentar el caso presentado ante la Corte de La Haya, sostienen que, con sus reiteradas ofertas de ceder una salida soberana al mar, Chile realizó actos jurídicos que modificaron los tratados. Al parecer, ese enfoque no ha examinado con suficiente profundidad las causas por las cuales esas propuestas no se concretaron. La solución del enclaustramiento de Bolivia requiere modificar el Tratado de 1904. No existe autoridad en el mundo (ni el Consejo de Seguridad de la ONU ni la OEA ni otros) con facultades para imponer la modificación de un tratado de límites surgido de una guerra del siglo XIX (Salazar, 2006, p.110). Tal como sostiene este autor, sólo hay un camino para modificar un tratado de límites: el consenso entre las partes. Para alcanzar este objetivo, la única estrategia posible es la construcción de confianza y cordialidad entre los pueblos. Ello implica comenzar con la superación del relato nacionalista y la actitud hostil que se ha construido durante más de 100 años.

Notas * Una versión anterior de este artículo fue presentada en el XIV Encuentro Boliviano-Chileno de Historiadores, Intelectuales y Cientistas Sociales, Santiago de Chile, 12 al 14 de agosto de 2015. Este trabajo es parte del proyecto ANEPE 201516 “La geopolítica en el cambio de los criterios de delimitación de fronteras marítimas de la Corte Internacional de Justicia: el caso del Cono Sur de América” (2015-2016), financiado por la Academia Nacional de Estudios Políticos y Estratégicos.1 En 1878 no se había descubierto todavía la Real Cedula de 1570 por la cual la Corona había extendido la jurisdicción de la gobernación de Buenos Aires hasta cerca del Estrecho de Magallanes.

  1. En cambio, sí se conocían las reales cédulas del siglo XVI que otorgaban a Chile títulos sobre la Patagonia.
  2. Por este motivo, en caso de realizarse el arbitraje, a la luz del principio de uti possidetis iuris de 1810, Chile hubiera ganado la totalidad de la Patagonia (Lacoste, 2003).2 “La culpa de que la cuestión de la Puna asuma un carácter agrio la tiene el señor Estanislao Zeballos, que, sabiendo que Chile estaba en posesión de ella y la tenía incorporada por ley dentro de su provincia de Antofagasta, prefirió tratar a solas con Bolivia y convenir en su transferencia a la República Argentina, a espaldas de Chile y en ignorancia de éste.

Si el derecho de Bolivia a la Puna es tan claro e incuestionable ¿por qué no se invitó a Chile a concurrir a aquellas negociaciones? ¿Acaso el asunto estaría hoy amistosamente solucionado” (Oficio de Morla Vicuña a Juan José Latorre, 23 de septiembre de 1898).

(Citado en Espinosa, 1958, p.108). Referencias Amunátegui, M.L. (1863). La cuestión de límites entre Chile i Bolivia, Santiago, Chile: Imprenta Nacional. Arancibia, P. y Bulnes, F. (2014). La escuadra en acción.1987: el conflicto Chile-Argentina visto a través de sus protagonistas, Santiago, Chile: Catalonia.

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¿Qué ropa usar para ir a la Patagonia?

Qué empacar para viajar a la Patagonia Ya casi estás listo para tu gran viaje a la Patagonia. Se compran los boletos de avión, el pasaporte está listo y usted tiene una agenda llena de actividades emocionantes y llenas de aventuras. Lo último que debe hacer es empacar, y puede ser difícil reducir exactamente lo que necesita.

Botas de trekking: invierta en un par de botas de trekking adecuadas. Usar zapatillas deportivas para caminar es peligroso y lo más probable es que arruine tus zapatos. Las botas que están diseñadas para el senderismo son duraderas para diversas condiciones climáticas y tienen un buen agarre para ayudarlo a evitar caídas en terrenos resbaladizos. Elija una bota que le sea cómoda. Los botines altos generalmente brindan soporte adicional para los tobillos y pueden evitar que el barro, las piedras o los palos ingresen. Recomendamos comprar media o una talla más grande de lo habitual, ya que usará calcetines gruesos para caminar. Además, pruebe los zapatos antes de venir para evitar ampollas o dolor durante el trekking. Bastones de senderismo: junto con un buen par de botas, los bastones de senderismo pueden ayudar a mantener el equilibrio para que no se caiga ni se lastime. Elija sus bastones colocándose derecho y doblando el brazo en un ángulo de 90 grados. Tus palos deben estar al nivel de tu muñeca. Equipo de campamento – Muchos viajeros que vienen a la Patagonia, participan en la famosa caminata “W” u “O” en el parque nacional Torres del Paine. Estas caminatas duran varios días y requieren que venga preparado con equipo para acampar. No olvide una carpa, un saco de dormir térmico, una mochila de senderismo y una estufa portátil.

2. Ropa de abrigo La Patagonia se encuentra en el fin del mundo, no lejos de la Antártida. ¡Eso significa que hace frío! En los meses de verano de Chile, es posible que pueda usar ropa más ligera durante el día. Sin embargo, deberá traer ropa más abrigada para la noche. Si está allí durante los meses más fríos, prepárese para la nieve y las temperaturas heladas durante el día y la noche.

Muchas capas : como la temperatura puede variar, varias capas te ayudarán a mantenerte cómodo. También es una buena forma de vestirse para los deportes al aire libre y las actividades de aventura. Recomendamos traer ropa variada. Esto incluye: camisetas térmicas de manga larga, pantalones térmicos ajustados, pantalones de trekking, cortavientos, calcetines gruesos, forro polar y una chaqueta soft shell. ¡La ropa impermeable es ideal! Un sombrero, guantes y bufanda : para prepararse para el frío, considere llevar un par de guantes gruesos impermeables, un gorro y una bufanda. Además, es útil una gorra o sombrero para el sol para temperaturas más cálidas. Un buen abrigo : traiga un abrigo cómodo en su viaje. Elija algo cálido, impermeable y fácil de mover.

3.Cosas esenciales de viaje Hay algunos elementos esenciales para cualquier viajero. Esto hará que su viaje sea más cómodo y agradable.

Una mochila de un día : lo más probable es que realices diferentes excursiones y aventuras cuando vengas a la Patagonia. Una mochila de día es útil para estos viajes, ya que te ayuda a guardar bocadillos, agua, tu billetera y cualquier otra cosa que puedas necesitar. Una botella de agua resistente : por supuesto, siempre puede comprar agua embotellada cuando llegue a Chile. Pero aquí en EcoChile, nos gusta ser amables con nuestra tierra. El agua es segura para beber en Chile, así que traiga su propia botella de agua cuando viaje. Es útil para actividades de aventura y es ecológico. Cámara : ¡ esta es importante! Después de todo, estás llegando a uno de los lugares más hermosos del mundo. No olvide una cámara para capturar todos sus increíbles recuerdos. Artículos de tocador y u n botiquín de primeros auxilios : venga preparado con su loción, pasta de dientes, jabón, medicamentos personales, etc. Tampoco es una mala idea llevar un primer botiquín personal pequeño en caso de emergencias. Convertidores – Los enchufes eléctricos en Chile usan voltaje 220. Si su país usa un tipo de toma diferente, asegúrese de traer un convertidor. Dinero: no olvide cambiar su moneda a pesos chilenos. Muchas tiendas también aceptan las siguientes tarjetas de crédito: American Express, Visa, MasterCard y Diners Club. Artículos varios – Algunos otros artículos que pueden ser útiles incluyen: equipo impermeable para mochilas, protector solar o protección para los labios y bolsas de plástico para mantener la ropa seca. Mente y cuerpo fuertes: este último no es algo que deba empacar, pero es algo importante a tener en cuenta. Todos los viajeros que vienen a la Patagonia deben estar preparados tanto mental como físicamente. Prepárese para vientos fuertes, lluvias y caminatas y actividades potencialmente extenuantes. Si no está acostumbrado a hacer senderismo, le recomendamos que haga cardio dos veces por semana durante aproximadamente un mes antes de su viaje.

¡Ahora están listos para un viaje emocionante a la hermosa Patagonia! Si tiene alguna pregunta o desea información más detallada, no dude en enviarnos un mensaje por correo electrónico o por nuestro servicio de mensajería en línea. Siempre estamos felices de ayudar en todo lo que podamos. : Qué empacar para viajar a la Patagonia

¿Qué tiene de especial la Patagonia?

2. Variedad climática para todos los gustos – Aunque de norte a sur el clima pasa de templado a frío, la Patagonia sorprende por sus días de sol y lluvia, con panoramas que tienen como protagonistas a los lagos, vegetación milenaria, especies animales únicas e imponentes cumbres y volcanes.

¿Cuál es la ciudad más importante de la Patagonia?

Bariloche : la gran ciudad de la Patagonia Todo el año es perfecto para visitar Bariloche, dependiendo de lo que busques en tu viaje.

¿Que hay después de la Patagonia?

Después de su último vértice no hay nada. Más allá sólo queda la Antártida.

¿Qué terreno le quitó Argentina a Chile?

163 Tanto en la Argentina como en Chile, existe desde hace largo tiempo la pregunta de a quién corresponde realmente la Patagonia, ubicada al sur del territorio argentino. La pregunta retrotrae a tratados históricos, guerras y negociaciones de fronteras.

  1. Las confusiones y los mitos confusos llevaron a que en la década del 1990 los gobiernos de ambos países encargaran una investigación a un conjunto de historiadores de los dos lados de la Cordillera de Los Andes.
  2. Liderados por Luis Alberto Romero, Hilda Sábato y José Antonio Garretón, los académicos tuvieron la difícil misión de desentrañar las enmarañadas versiones.

Las conclusiones fueron finalmente publicadas en 2002, El documento llega a un claro resultado: la Argentina no le “robó” la Patagonia a Chile, fundamentalmente por dos motivos. En primer lugar, porque el territorio nunca perteneció a Chile. La segunda razón obedece a que los chilenos acordaron con los argentinos los límites en forma voluntaria.

  1. Sin embargo, las circunstancias en que se firmó el Tratado de Límites Chile-Argentina de 1881 “pueden ser cuestionables”, asegura el medio BioBioChile,
  2. LEA MÁS: La polémica publicidad chilena que tiene a Evo Morales como protagonista LEA MÁS: Michelle Bachelet quiere una reforma laboral con ‘relaciones modernas’ “Ni la Argentina ha despojado a Chile de territorio ni viceversa”, explica el historiador Pablo Lacoste en un artículo que recoge los resultados de las investigaciones de Romero, Sábato y Garretón.

Ocurre que el Tratado respetó las divisiones administrativas de ambos países dispuestas por la Corona de España desde los tiempos de la Conquista y la Colonia, cuando ambos eran el Virreinato del Río de la Plata y el Reino de Chile. “La Argentina poseía la Patagonia (Oriental) en la época colonial, y Chile poseía la Araucanía, Valdivia, Chiloé, el Estrecho de Magallanes, el Beagle y el Cabo de Hornos”, límites que fueron ratificados en 1881, agrega.

La Patagonia está dividida en dos grandes áreas: la Oriental, en posesión de la Argentina, que va desde la Cordillera de Los Andes hasta el océano Atlántico, y la Occidental, que es parte del territorio chileno y va desde la cadena montañosa hasta el Pacífico. El sector Oriental es rico en recursos naturales, ya que hay gas y petróleo.

No obstante, esto se descubrió recién hacia 1907, varios años después de la firma del acuerdo. 163 Confusiones Si la respuesta es tan clara, ¿por qué algunos creen en el mito de que hubo un “robo” de territorios? En particular, ¿por qué se cree que la Patagonia Oriental es originariamente chilena? Algunos historiadores –de ambos lados de la Cordillera- parece que desconocían los límites establecidos por la Corona española, que fijaba claramente las fronteras.

  1. Por lo tanto, difundieron una serie de ideas y tesis erradas.
  2. Tanto los historiadores argentinos como chilenos, al diseñar los mapas, omitieron la consideración de documentos fundamentales de la época colonial.
  3. Al no conocer esta información, los colegas se vieron empujados a incurrir en inexactitudes que luego se estandarizaron en sus respectivos países “, dice el documento académico.

“Ni Argentina ha despojado a Chile de territorio ni viceversa” El texto explica: “Como punto de partida, los historiadores chilenos consideran las Reales Cédulas de 1554, 1555 y 1558, por las cuales la Corona española dispuso que la Gobernación de Chile se extendía del desierto de Atacama hasta el Estrecho de Magallanes, con un ancho de cien leguas desde el Pacífico hacia el Este.

Ése era el territorio original. Posteriormente, la Corona española separó de Chile la Gobernación de Tucumán, mediante Real Cédula de 1563; más tarde, el rey Carlos III hizo lo mismo con Cuyo, que fue incorporado al Virreinato del Río de la Plata en 1776″. No obstante, de acuerdo con la tradición historiográfica chilena, “la Corona nunca separó la Patagonia del Reino de Chile.

Por ende, hacia 1810, este territorio todavía pertenecía a la Capitanía General y, por ende, fue heredado por la República de Chile. Ésta es la lectura compartida por todos los historiadores chilenos de la segunda mitad del siglo XX, incluyendo Francisco Antonio Encina, Jaime Eyzaguirre y Sergio Villalobos. 163 Tratado de 1881 El Tratado firmado entre las partes en 1881 fijó las fronteras: la Patagonia Oriental para la Argentina y la Occidental, el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos, para Chile. El límite sería la Cordillera de Los Andes, “Previo a ese acuerdo, Chile tenía aspiraciones de lograr quedarse con la Patagonia Oriental, sobre la cual tenía soberanía la Argentina desde el siglo XVIII, cuando la Colonia española se la otorgó al Virreinato del Río de la Plata”, añade el sitio.

  1. Sin embargo, Chile debió renunciar a sus aspiraciones, debido a la complicada situación internacional en la que se hallaba,
  2. Según los portales Memoria Chilena, del Ministerio de Educación de Chile, y Argentina Relaciones Exteriores, el gobierno argentino de entonces exigió a su par trasandino firmar el Tratado en medio de la Guerra del Pacífico, que enfrentó a Chile con Perú y Bolivia entre 1879 y 1883,

En 1907 se descubrió que las tierras actualmente en posesión argentina no eran tan inservibles ni infértiles Por lo tanto, se dice que Chile no estaba en las mejores condiciones para negociar. Y concretar sus aspiraciones sobre la Patagonia Oriental le hubiera significado un conflicto bélico simultáneo con tres países.

Un imposible, por lo que debió ceder ante la Argentina. A cambio, los chilenos se quedaron con el Estrecho de Magallanes “y otras tierras australes que eran estratégicas para el acceso al océano Atlántico y, por consiguiente, vitales para el comercio con Europa”, subraya BioBioChile, Pero hay más: de este modo, Chile obtuvo la neutralidad argentina en la guerra,

Y, finalmente, terminaron considerando inservible la Patagonia Oriental. “La transacción sería ventajosa para nosotros, porque no son sostenibles nuestros títulos a la Patagonia, y aunque lo fueran, no debemos hacernos ilusiones creyendo que aquella extensión sea otra cosa que tierras primitivas, incultivables y de todo punto ingrata a los hábitos y aspiraciones de la industria”, relató en 1865 José Victorino Lastarria, enviado chileno para negociar un nuevo tratado.

¿Qué parte de Chile se quedó Argentina?

Tratado de 1881 – Como ya se ha mencionado, el Tratado de Límites de 1881 definió las fronteras definitivas entre Chile y Argentina, donde finalmente se ratificó que la Patagonia Oriental pertenecía a la nación trasandina, mientras que la parte Occidental, el Estrecho de Magallanes y el Cabo de Hornos eran de nuestro país.

  1. En ese mismo acuerdo se estableció que el límite entre ambos sería la Cordillera de Los Andes.
  2. Previo a ese acuerdo, Chile tenía aspiraciones de lograr quedarse con la Patagonia Oriental, sobre la cual tenía soberanía Argentina desde el siglo XVIII, cuando la Colonia española se la otorgó al Virreinato del Río de la Plata.

Sin embargo, nuestro país tuvo que renunciar a sus aspiraciones debido a la complicada situación internacional en la que se hallaba. Ésta es otra razón por la cual muchos chilenos les reclaman a los argentinos la posesión de la Patagonia: la nación vecina exigió a nuestro país firmar el Tratado de Límites, que les otorgaba oficialmente los territorios orientales en medio de la Guerra del Pacífico, según relatan el portal del ministerio de Educación de Chile y, sitio web sobre historia del gobierno argentino.

  • Recordemos que la Guerra del Pacífico enfrentó a Chile con Perú y Bolivia desde 1879 hasta 1883, y permitió a nuestro país adjudicarse las actuales regiones de Arica y Parinacota, Tarapacá, y Antofagasta, donde ahora se ubican algunos de los yacimientos de cobre más importantes del mundo.
  • Durante el conflicto bélico, Argentina se había manifestado abiertamente a favor de Perú y Bolivia.

En ese entonces, si Chile quería concretar sus aspiraciones sobre la Patagonia Oriental, tendría que haber iniciado un nuevo frente armado contra Argentina, y el luchar contra tres países a la vez nos habría puesto en una posición de desventaja. De esta forma, el Gobierno chileno decidió ceder ante las presiones de Argentina, y acordó renunciar a sus aspiraciones sobre la Patagonia Oriental a cambio de que se le otorgara a nuestro país el Estrecho de Magallanes y otras tierras australes que eran estratégicas para el acceso al océano Atlántico y, por consiguiente, vitales para el comercio con Europa. Patagonia chilena | Francisco Negroni | Agencia UNO

Otra de las razones por las cuales Chile renunció a sus aspiraciones sobre la Patagonia Oriental, era porque la consideran una tierra inservible. José Victorino Lastarria fue el enviado chileno que llegó a Argentina en ese momento para negociar el nuevo tratado, y el 22 de febrero de 1865 envío a la Cancillería de nuestro país un memorándum donde explicaba por qué el renunciar a la Patagonia sería ventajoso. “La transacción sería ventajosa para nosotros porque no son sostenibles nuestros títulos a la Patagonia, y aunque lo fueran, no debemos hacernos ilusiones creyendo que aquella extensión sea otra cosa que tierras primitivas, incultivables y de todo punto ingrata a los hábitos y aspiraciones de la industria”, expresó.Ello también fue manifestado por otros académicos y políticos chilenos importantes en esa época, entre ellos Benjamín Vicuña Mackenna y Diego Barros Arana, quienes desconocían el valor de esos terrenos.

Y resultó que todos ellos estaban equivocados: en 1907, luego de que Chile renunciara a sus aspiraciones sobre la Patagonia, se descubrió que el lado Oriental no era para nada una tierra infértil como creían los intelectuales nacionales. De hecho, era todo lo contrario, los terrenos eran ricos en petróleo y otros recursos naturales.

¿Cómo se les llama a los habitantes de la Patagonia?

Pueblos Originarios de la Patagonia – Hace varios miles de años, los primeros grupos indígenas vagaron por la tierra patagónica. Sobrevivieron y prosperaron, a pesar de las feroces condiciones climáticas y la falta de tecnología moderna. Los principales grupos que pueden documentarse son Tehuelche, Selk’nam, Yaghan y Kaweskar, cada uno con sus propias tradiciones, antecedentes y forma de vida. Los tehuelches llegaron a la Patagonia durante la segunda mitad del primer milenio. Eran cazadores-recolectores nómadas, que a menudo sobrevivían de guanacos y ñandus. En un momento el Tehuelche se movió hacia el norte en la Patagonia y notó la silueta de una increíble formación rocosa en la distancia.

  • Hoy, conocemos esta formación como el famoso macizo de Paine.
  • Paine significa “azul” en idioma tehuelche, que era el color primario que notaron en la distancia.
  • Mientras tanto, en el fondo de la Patagonia en Tierra del Fuego, residía el Selk’nam.
  • Este grupo remoto fue uno de los últimos en ser descubierto por los colonos europeos y, lamentablemente, como muchos grupos en la región, ahora están prácticamente extintos.

Desde su atrevida vestimenta tradicional hasta su increíble fuerza y ​​capacidad para sobrevivir en una isla aislada, la cultura Selk’nam todavía capta el interés de muchas personas hoy en día. No lejos del territorio de Selk’nam, se encontraba el pueblo Yaghan. Eran nómadas del mar, usaban canoas para navegar a las heladas islas patagónicas y recolectar comida. El Yaghan acamparía a lo largo de la costa mientras viajaban, a menudo durmiendo en estructuras temporales hechas de madera, hierba, pieles y musgo.

  1. Por último, estaba el grupo Kaweskar, una de las mayores inspiraciones para el hotel de domo geodésico EcoCamp Patagonia.
  2. Al igual que EcoCamp, estos individuos eran conocidos por respetar su entorno y “no dejar rastro”.
  3. Sus casas eran estructuras en forma de cúpula hechas de materiales simples y podían desmontarse fácilmente, dejando poco impacto en el medio ambiente.

Los fundadores de EcoCamp tomaron de este concepto y diseño especial, creando el primer hotel de domo geodésico del mundo.

¿Cómo se llega a la Patagonia Argentina?

VÍA TERRESTRE – El principal acceso por vía terrestre se realiza utilizando la Ruta 9 norte, Punta Arenas -Puerto Natales. Las otras alternativas de ingreso vía terrestre son por intermedio de los pasos fronterizos (con Argentina) Casas Viejas, Dorotea y Río Don Guillermo en Cerro Castillo a 54 Km de Puerto Natales. Estos pasos funcionan todo el año.